lunes, 13 de octubre de 2014

REVISTA MAX, PRADA MIUCCIA, EN PORTADA, DE CERCA, / PROTAGONISTA, VIDAS PRIVADAS, EN DIRECTO, TENDENCIAS,¿Por qué amamos las series?

TÍTULO: REVISTA MAX, PRADA MIUCCIA,  EN PORTADA, DE CERCA, .

Miuccia Prada-fotos

Miuccia Prada
Biografía
Nace 10 de mayo 1949, Milán
Nacionalidad Italiana
Trabajos
Prada desde 1988
Linea Rossa desde 1997
Miuccia Bianchi Prada (nacida Maria Bianchi1 el 10 de mayo 1949, en Milán) es una empresaria y diseñadora de moda italiana; diseña para las casas de moda Prada y Miu Miu. Tiene un doctorado en ciencias políticas. Es la nieta más joven de Mario Prada, fundador de la casa Prada. De acuerdo a al artículo Forbes.com's The World's Richest People 2001, ella y su esposo Patrizio Bertelli, tomaron el control de la empresa familiar Prada en 1978. Desde entonces, la han convertido en una peso pesado en la industria de la moda, tras adquirir las casas de Jil Sander, Helmut Lang y la zapatera Church & Co.
Tiene un hijo, Lorenzo Bertelli, que es piloto de rally y que ha competido en el Campeonato mundial de rally de producción.2,.

TITULO: PROTAGONISTA, VIDAS PRIVADAS, EN DIRECTO, TENDENCIAS, ¿Por qué amamos las series?

Master of sex  
Hay una respuesta simple a la pregunta de por qué amamos las series: por la misma razón por la que nuestros antepasados decimonónicos ...foto,.

Buenos guiones, personajes complejos, tramas de ayer que hablan de hoy, interpretaciones de premio... Un fenómeno global y una pregunta inevitable: “¿Vemos otro capítulo?”.
Hay una respuesta simple a la pregunta de por qué amamos las series: por la misma razón por la que nuestros antepasados decimonónicos se enganchaban a los novelones por entregas de Charles Dickens y Alejandro Dumas o por la que los hombres y mujeres del Siglo de Oro se enardecían en los teatros contra la injusticia de Fuenteovejuna. No podemos resistirnos a las buenas historias, es superior a nosotros. Nos metemos en ellas, conectamos con personajes ajenos (que en realidad tienen mucho de nosotros y de nuestros anhelos) y nos evadimos del mundo durante dos horas y media. 
En el caso de las series, los límites temporales se reducen a unos aceptables 40 minutos, que encajan a la perfección en nuestras agendas cotidianas. O se alargan hasta el infinito a voluntad. Quién no se ha encerrado en casa durante un fin de semana para ver del tirón tres temporadas de Perdidos o para ponerse al día con los 16 episodios que le faltan de The Good Wife antes de que empiecen a echarla de nuevo en la tele. Puede tratarse de cualquier otra serie, a tu libre albedrío: Breaking Bad, si te emocionan los criminales con reminiscencias shakespearianas; Mad Men, si lo que te va es el entramado existencial con dirección artística de lujo; The Big Bang Theory, si coges todos los chistes sobre el gato de Schrödinger; o True Detective, si quieres una sesión continua de asombro por la enésima reinvención del género negro. 
La edad de oro
Pero también hay una respuesta más elaborada que habla de la enorme calidad técnica y cultural de la fi cción televisiva. Muchos fijan el comienzo de esta segunda edad de oro (la primera se produjo en Estados Unidos en los años 50) en la emisión del piloto de Los Soprano el 10 de enero de 1999. Ese es el momento en el que David Chase, su creador, demostró que los límites entre el cine y la televisión ya no estaban tan claros. 
Porque sí, también tenemos que hablar del fi n de los complejos. De aquella perspectiva pasada de moda que dictaba que la televisión era material de segunda clase. Una pretensión de la que se imbuían los tótems de la cinematografía mundial, que consideraban como un desprestigio y un fracaso profesional acabar sus días dirigiendo para televisión. El director francés Jean-Luc Goddard lo explicaba así:“Cuando vas al cine miras al cielo; cuando ves la tele, miras al suelo”. 
La fórmula ya no se ajusta a la realidad. Que se lo digan a Martin Scorsese y a su Boardwalk Empire; a Walter Hill y su fenomenal Deadwood, o a David Fincher y su suprema visión de la política en House of Cards (aunque la historia es del británico Andrew Davies). Y luego está Steven Soderbergh, que se ha retirado del cine, pero que no ha podido dejar pasar la oportunidad de dirigir The Knick, la serie con la que se estrena en televisión y con la que regresa al mundo audiovisual.
Juegos narrativos 
Pero resolvamos la eterna comparación de una vez por todas: ¿por qué las series nos enamoran de una manera que al cine cada vez le cuesta más? La respuesta se la pedimos a un experto: Fernando Ángel Moreno, profesor de Teoría del Lenguaje Literario en la Universidad Complutense (Madrid), especialista en tiempo y narratología en las teleseries y editor del libro Tiempo dilatado: 40 teleseries por 40 autores, que la editorial Dauro va a publicar en breve.
En su opinión, hay múltiples factores, pero prioriza tres: “Respecto al cine comercial, los guiones de las teleseries se entienden desde la calidad y no tanto desde el éxito comercial. Una teleserie forma parte de nuestra vida cotidiana durante al menos siete u ocho meses. A menudo, durante años. Esos juegos narrativos (evoluciones psicológicas y estructurales complejas...) son inimitables en cine. Pero, además, la rápida y progresiva eliminación de tabúes permite desarrollar personajes ambiguos, más que carismáticos. Además, ser crudo y honesto con los temas se ha convertido en algo comercial. ¡Bienvenido sea! Por otra parte, la calidad técnica de las series anglosajonas ha alcanzado niveles muy altos, desde luego. Pueden no gustarte Lost o Deadwood, pero seguro que te quedas fascinado con su producción si te acercas a ellas”. 
Moreno, que confiesa ver todas las series en DVD (“porque no tengo paciencia para seguirlas en televisión”), también cuenta que disfrutó siguiendo en orden semanal las tres últimas temporadas de Perdidos. “Las vi con amigos según se iban emitiendo, con el misterio, las teorías, las elucubraciones... Nunca podré verla igual. Es una pena”. 
Pero además de facturas impecables, guiones sobresalientes, secundarios espectaculares, actuaciones de matrícula de honor y protagonistas carismáticos, la televisión ha descubierto que las heroínas ya no son angelitos. Y eso hay que celebrarlo. Porque las mujeres no son floreros, malvadas de folletín o meros retratos costumbristas y amables de la sociedad.
Ahora tienen múltiples facetas y recodos oscuros. Ya sea la obsesión que esconde la enfermedad mental de Carrie Mathison en Homeland, los deseos más inconfesables de Virginia Johnson en Masters of Sex, la aventura imposible de Olivia Pope en Scandal, el perfeccionismo de andar por casa de Claire Dunphy en Modern Family, la maternidad intrigante y trágica de Cersei en Juego de tronos o el exhibicionismo físico y emocional de Hannah en Girls. Hay que celebrarlo: las series, por fin, hablan de mujeres de verdad.
Novedades para todos los gustos 
Como ya sabemos que vas a prestar atención a la vuelta de las series que te tienen bajo su influjo, ya sean Scandal, Tue Detective, Man men, House of cards o Juego de tronos, vamos a analizar las que todavía no conoces, por si quieres darles una oportunidad a las recién llegadas.
-Conflicto internacional. Para quienes suspiran por la primera temporada de Homeland, The Honourable Woman. Con el conflicto israelí-palestino de fondo y unos Maggie Gyllenhaal y Stephen Rea memorables.
-De época. Para los que ya no soportan Downton Abbey, pero necesitan su (buena) dosis de historias de época: The Knick. Es la espectacular vuelta al mundo audiovisual de Steven Soderbergh.
-Para tecnoadictas. Una moderna My Fair Lady, que vive a través de sus cuentas de Twitter, Facebook e Instagram, y que necesita que le enseñen a desenvolverse en la vida, es la protagonista de la comedia romántica Selfie.
-Si no crees en el amor. You’re the worst es probablemente una de las aproximaciones más curiosas al juego de las parejas que en realidad no quieren serlo. Y la antítesis de How I met your mother.
-Para románticas. Outlander adapta los folletines de Diana Gabaldon sobre una enfermera del siglo XX que viaja a la Escocia del XVIII y se debate entre su marido y el amor de un apuesto highlander.
-Si disfrutas del misterio. The Leftovers es una realidad turbadora del creador de Perdidos, que parte de la idea de que el 2% de la población del planeta ha desaparecido sin dejar rastro y plantea qué pasaría.

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