sábado, 19 de septiembre de 2015

REVISTA MUJER HOY - PROTAGONISTA - DE CERCA - PORTADA - ALICIA CHICO,./ SI TIENES MINUTOS Y DESCANSO - CASADOS CON EL DERROCHE,.

TÍTULO: REVISTA MUJER HOY - PROTAGONISTA  -  DE CERCA - PORTADA - ALICIA CHICO,.

Cambio radical - Alicia Chico,. foto
Cambio radical, cuatro historias que contar: Alicia Chico

Cambio radical, cuatro historias que contar: Alicia Chico

Licenciada en Danza, de 44 años. Pasó de la hostelería a dirigir el centro de yoga MadYoga. 

"Me divorcié y pasé de tener una coctelería a ser profesora de yoga para niños"
Sus vidas dieron un giro de 180 grados y siguieron con un impulso hacia delante. Lo que creíamos eterno (pareja, trabajo, ciudad...) ahora es incierto. ¿Cómo lo han vivido ellas?
Cuando a mediados de los años 90 el sociólogo Zygmunt Bauman (Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2010) acuñó su término de sociedad líquida, señaló la imposibilidad actual de entablar relaciones en cualquier ámbito de forma duradera, sólida, firme. La metáfora era clara: lo que antes considerábamos imperecedero y estable (desde la pareja al trabajo o al hogar) era ahora mutable, inasible, se escapaba de nuestras manos... como un líquido. Pero no en el sentido de que no durara (que también) sino de que era flexible, fluido y tendía a moverse de un lado a otro.
  • Cambios estructurales
"Estamos en una sociedad de cambio continuo, a una velocidad que no parece tener comparación con ninguna otra época de la humanidad. Lo que las mujeres de hoy vivimos no tiene nada que ver con lo que vivieron nuestras madres ni con lo que vivirán nuestras hijas. En una generación se han dado cambios muy drásticos, desde la tecnología a la migración. El cambio es una de las cosas con las que tenemos que convivir: es de lo poco que tenemos asegurado en nuestra vida", establece la psicoanalista Mariela Michelena, autora de Mujeres malqueridas (La Esfera).
A estos cambios estructurales a los que nos parece tener abocado el futuro, hay que añadir también las causas coyunturales. Viviendo aún bajo un periodo de crisis económica global, cambiar de empleo (o de vida) muchas veces se convierte en necesidad. Entonces, ¿cómo enfrentarnos al efecto dominó de un cambio? ¿Cómo combatir esas sensación de angustia o incertidumbre?
"En realidad no se combate -puntualiza Michelena-. Sería horrible que habláramos de combatir lo humano, de vacunarse contra la vida: algo inútil. Estas situaciones se atraviesan o se viven. Es una experiencia que, quieras o no, te va a hacer crecer, aprender, madurar..." A lo que añade la psicoanalista: Hay cambios que son más traumáticos que otros, sobre todo los inesperados o impuestos, como el paro o las rupturas. En todos hay un duelo por lo que se pierde e incertidumbre por lo que está por venir. Pero acaba pasando.
Michelena recuerda que, en psiquiatría, se usa el término resistencia al cambio, que hoy está en boga entre los coachs y psicólogos de autoayuda que han proliferado precisamente por esto. "Ellos hablan de salir de la zona de confort, que es una descripción de este hecho".
  • Asumir lo imprevisible
¿Se enfrentan las mujeres de forma distinta al cambio? Una cuestión complicada, a la que aluden varias de las entrevistadas en este reportaje: mujeres que, por diversos motivos, se han enfrentado o están en procesos de cambio vital, relacionados con su autorrealización (muy importante para el sociólogo de la sociedad líquida), pero también con su supervivencia y sus relaciones familiares.
Y es que los cambios son esperanzadores e ilusionantes, pero sobrellevar lo imprevisible es difícil. ¿Cómo ayudar a quien pasa por este trance? "Se debe tener paciencia, acompañar y respetar. Y no animar a la gente a salir de esa situación forzosamente -explica Michelena-. No podemos tenerlo todo controlado, es una irrealidad. Eso sí resulta frustrante, y es muy difícil hacérselo ver a la gente".

Alicia Chico
  • Licenciada en Danza, de 44 años. Pasó de la hostelería a dirigir el centro de yoga MadYoga.
  • "Me divorcié y pasé de tener una coctelería a ser profesora de yoga para niños"
Que un cambio puede llevar a otro lo sabe bien Alicia Chico. Lo que en principio fue una ruptura sentimental acabó convirtiéndose en una nueva filosofía de vida. Durante años, Alicia había trabajado en la moda y en una empresa de producción de festivales y management de artistas. El trabajo que me resultaba apasionante. Vivía en una nube: muchas horas, mucha prisa y mucha noche. Una espiral de actividad, vida social y diversión constante.
Tras quedarse embarazada, ella y su chico asumieron que Alicia se dedicaría un par de años a la crianza. Yo no decidí ningún cambio, me fueron llevando las circunstancias. Comenzó con una crisis personal fuerte: "había montado con mi pareja una coctelería y una empresa de cervezas artesanales, tenía una hija de un año y medio, y me separé. No me lo esperaba. A partir de ahí, fue como si se derrumbara todo mi mundo. Y eso que mi ex pareja no ha dejado de apoyarme. Estaba emocionalmente hecha puré".
Alicia se enfrentaba a empezar otra vez desde cero, con 40 años y una hija. "Me di cuenta de que nunca me había planteado qué quería hacer, que me había dejado llevar siempre. El yoga me había salvado el embarazo y me comenzó a sonar en la cabeza como un rumor". Así que hizo un curso de yoga para niños y hoy es profesora y dirige su propia escuela, MadYoga Studio. "El yoga me ayudó a encontrarme", reconoce.

Lidia Mosquera
  • Licenciada en Comunicación y en Arte Dramático, de 46 años. Pasó de trabajar en TV a ser empresaria del taxi.
  • "Capitalicé mi paro y me lancé a comprar una licencia de taxi"
¿Cómo se convierte una productora de televisión en empresaria del taxi? Lidia fue una de las que se sumó, voluntariamente, a los despidos pactados cuando se radicalizó la crisis del sector, en 2011. "Mi canal se fusionó con otra televisión y se duplicaron los puestos. Así que opté por una baja voluntaria que mantenía las condiciones previas a la crisis", cuenta Lidia, que se reconoce una persona austera y ahorradora. Al principio trabajó como freelance para varias productoras, pero se vio financieramente al borde del abismo. "No podía mantener aquello que me daba seguridad: un colchón económico y un entorno emocional estable".
Viendo como sus ahorros iban mermando, comenzó a barajar opciones. "Sabía que si llegaba a tener que vivir de mis ahorros, cuando se me acabara el paro, difícilmente podría reponerlos, y eso me iba a volver más pobre. Y la pobreza es terrible".
Un amigo le habló de un sector desconocido para ella, que necesitaba de una inversión, pero que podría asegurarle unos ingresos. "Me lancé a comprar una licencia de taxi. Así que me mentalicé, capitalicé mi paro y lo metí ahí, con todo el riesgo". Así se hizo empresaria, contratando a un trabajador porque tenía claro que el taxi no lo iba a conducir ella. "Me metí en cuestiones administrativas y de papeleo que desconocía".
Lidia llegó a repartir tarjetas de su taxi y montó una página de promoción en Facebook, El taxi de Lidia. "Ya no la actualizo tanto, porque he vuelto a encontrar trabajo en lo mío- reconoce-. Ahora me enfrento a mi vida profesional sin la necesidad de tener un buen sueldo a largo plazo, escogiendo proyectos que me interesen, cosas con las que pueda crecer profesional y personalmente".

Asun Moriel
  • Licenciada en Diseño de Interiores, de 43 años. Es comisaria de exposiciones y gerente de una explotación agraria.
  • "Cuando mi madre enfermó, me encargué de su finca de limoneros"
Plantear varios cambios a lo largo de una vida profesional es común para muchos autónomos. Asun Moriel, licenciada en Diseño y Arquitectura de Interiores y máster en Museografía, se atrevió a fundar, junto a otro socio, una Cooperativa de Ideas.
"Pero cuando montas tu primera empresa, si no tienes los pies en el suelo, y estás muy organizado, las cosas pueden salir mal. Y eso fue lo que nos pasó. Tuvimos que disolver la sociedad". Pero ahora los cambios siguen llamando a su puerta.
"Mi familia, por herencia, posee una finca de limoneros, La Finca de las Tres Leguas, en Málaga. Mi madre lleva gestionándola los últimos 50 años. Hace unos 15, decidió dedicarla al cultivo ecológico. Paralelamente, yo tenía una parcela en una cooperativa de huerto urbano, en Morata de Tajuña (Madrid). Así que cuando mi madre cayó enferma hace unos meses, me pidió que me encargase de la finca".
Asun se ve ahora en la tesitura de abandonar Madrid y su trabajo, para ir a Málaga a la finca, aunque trata de combinar su actividad agrícola con el diseño de exposiciones que ahora realiza de manera freelance.
"Sé que la vida en el campo no es tan ideal como muchos creen. Por ahora trato de combinar el arte y los limones, y eso es sobre todo un esfuerzo de calendario. He previsto algunos cambios, como crear una coperativa en el valle del Guadalhorce con fincas dedicadas a la agricultura ecológica. Pero el campo tiene muchas obligaciones. La primera, que he de estar allí en la recogida de las cosechas, que suelen coincidir con picos de trabajo y de presentación de proyectos museísticos. Así que mi duda ahora es si he de cambiar de ciudad y cómo organizarme si no lo hago", admite, como también cierto temor al futuro.
"Estoy convencida de que los cambios son buenos y, aunque salgan mal, de todo se aprende. Pero es muy importante ser diligente y tener claros los objetivos. Hay que hacer los cambios desde el corazón, pero con la cabeza. Yo me paso el día investigando, leyendo y pidiendo ayuda a gente que tiene la experiencia porque lo ha hecho antes que yo. Asesorarse es importante, reconoce. Y también contar con apoyos". Ella, acostumbrada a proyectos cooperativos, reconoce que sentirse arropado es mejor que ir solo, pero advierte: "Conviene que todos partan de una igualdad de intereses y necesidades".

Lourdes Rodriguez Torres
  • Economista, de 48 años. Pasó de ejecutiva en una multinacional petrolera administradora de fincas.
  • "Si no quieres volver atrás, no te queda más remedio que mirar hacia delante"
Como ocurre con tantas ejecutivas de empresas españolas, la maternidad supuso un antes y un después en la carrera de esta economista que, durante 19 años, trabajó para una petrolera internacional. "Ya sabía que, con la jornada reducida, me colocarían en otro puesto inferior. Entonces no me importó, porque me facilitaba la vida, era menos presión y no conllevaba, porque así lo estipula la ley, ninguna rebaja de salario. Pero claro, mi nuevo puesto no suponía ni un reto ni un crecimiento".
Lejos de arredrarse, Lourdes decidió tomar la iniciativa. Corría el año 2007 y negoció su salida."Tenía un proyecto con ellos aún en marcha, así que firmé un finiquito pero también un contrato de consultoría por un año. Con lo que seguí un tiempo trabajando para ellos, pero más barato y desde casa. Fue un baño de agua fría. Me di cuenta de que, si has mandado antes, la gente a la que mandabas te ve en otra posición diferente y no te hace caso. Convocaba reuniones y no se presentaba nadie. Había perdido cualquier poder. Y te lo hacían notar. Eso lo viví muy mal".
Lourdes se había dado un plazo de un año, pero sabía que tenía que volver a buscar trabajo, compatibilizarlo con su hijo, y mantener en la medida de lo posible su poder adquisitivo. Muy complicado, pero el cambio llegó. "Fue todo puro azar: me llamó la administradora de mi edificio, en el que yo era presidenta. Se iba a jubilar. Le pedí que me recomendase a alguien y me dijo que no podía. Colgué el teléfono y lo primero que pensé es qué iba a hacer esta mujer con su cartera de clientes. Así que la volví a llamar y le pregunté si me veía a mí como administradora de fincas. No tardé en pensarlo ni cinco minutos".
Lourdes se colegió y recibió algunos clientes de su antigua administradora. "El trabajo es puro sentido común: gestionar un edificio tiene mucho que ver con gestionar una línea de negocio, pero también aprendí que había cosas que se podían hacer de manera más efectiva. Y me puse a ello".
Lourdes reconoce que, si alguien le hubiera dicho que iba a ser administradora de fincas hace años, se hubiera reído. "Pero iba a sufrir una crisis si no trabajaba. No me cierro a ningún cambio, casi cada semana me planteo qué puedo cambiar. Tienes que ser consciente que, si no quieres volver hacia atrás, no te queda más que mirar hacia delante".

TÍTULO: SI TIENES MINUTOS Y DESCANSO - CASADOS CON EL DERROCHE,.

Beyoncé y Jay Z, en unas vacaciones anteriores. :: r. c.Casados con el derroche

Beyoncé y Jay Z, en unas vacaciones anteriores. foto
  • Beyoncé y Jay Z están de vacaciones por el Mediterráneo, a bordo de un yate que les cuesta 800.000 euros a la semana. Es un poco más de lo que pagaron por el balancín de su hija,.

    Los extractos bancarios de Beyoncé y Jay Z tienen que ser un espectáculo difícil de olvidar, que alguien debería proponer sin falta para alguna de esas listas de las maravillas del mundo. Imagínense qué belleza de ingresos: hablamos de la primera pareja milmillonaria del mundo del espectáculo, a la que 'Forbes' calcula unas ganancias conjuntas de casi 110 millones de euros en el último año. Van casi a la par, aunque esta vez él ha recaudado un pelín más. Y con 'un pelín', en este contexto, nos referimos a una diferencia de algo más de un millón de euros. Pero la parte más fascinante de los extractos han de ser, sin duda, los gastos, un dispendio continuo y despreocupado de fabulosas cantidades de dinero, invertidas en caprichos que desafían la lógica. A través de esos balances bancarios, uno puede atisbar un universo desconocido.
    Ahora mismo, la pareja y su hija de 3 años, Blue Ivy, están en su ya tradicional vacación de septiembre por Europa, surcando el Mediterráneo a bordo del yate Galactica Star: 65 metros de eslora, spa, sauna, piscina de 22 metros cuadrados, helipuerto y demás clásicos de estas cansinas enumeraciones del lujo. Han visitado Capri, la Costa Amalfitana y la isla de Santa Margarita, a media milla de Cannes, y han aprovechado para colgar unas cuantas fotos en Instagram, incluida una que ha vuelto a disparar los rumores sobre un nuevo embarazo. Según han publicado las revistas estadounidenses, el alquiler del barco les cuesta 800.000 euros por semana. Esta vez no ha trascendido ningún detalle sobre otros desembolsos, pero hace un par de años, en un viaje similar, se filtró que se habían pulido 35.000 euros solo en alcohol. En cinco días.
    A falta de extractos, la prensa estadounidense brinda información generosa sobre los hábitos de despilfarro de la pareja. Tal vez los datos no sean siempre exactos, pero desde luego dejan claro que ya no es válida aquella recordada declaración de Beyoncé en 2009, cuando se declaró como una gastadora «muy frugal», que prefería invertir en propiedades que satisfacer antojos pasajeros. Dos años después, la revista 'OK' ya la clasificaba como la mayor derrochadora del mundo del espectáculo. Hay ejemplos graciosos como aquel paso por Oxford Street, la calle más comercial de Londres, en el que le calcularon un gasto de 130 euros por minuto, y eso que pasó la mitad del tiempo en una tienda tan normal como Topshop. Para Beyoncé no supone nada dejarse 30.000 euros en una joya para la uña, y es lógico: al fin y al cabo, su anillo de compromiso costaba 3,5 millones. Este mismo verano, se publicó que había pagado 270.000 euros por unos zapatos de tacón con 1.290 piedras preciosas, garantizados por mil años: su representante negó la noticia, aunque el diseñador de los 'stilettos' de marras ya la había confirmado.
    Hay dos terrenos en los que la habitual prodigalidad del matrimonio se desborda. Uno es el de los regalos. Cuando Jay cumplió los 41, Beyoncé le compró un Bugatti Veyron Grand Sport de 1,7 millones. Unas navidades, Jay se pasó por Hermes para hacer unas compras de última hora y se llevó 300.000 euros en bolsos Birkin para Beyoncé. Hace un par de años, al rapero le llegaba su primera fiesta del Día del Padre, así que la cantante le sorprendió con un avión Bombardier Challenger 850 de 35 millones. Y, luego, está la calderilla, como los 5.000 euros que dejaron en una 'sex shop' de Nueva York: «No han comprado nada demasiado extremo, todo de calidad superior, incluso artículos chapados en oro», cotilleó un testigo. Tampoco suelen quedarse cortos a la hora de agasajar a parientes y amigos, con hitos como la luna de miel de 160.000 euros que Beyoncé pagó a su hermana Solange o la trona de 10.000 euros, con cristales Swarovski, donde se sienta la hijita de Kim Kardashian y Kanye West.
    Barbie con diamantes
    Su otra obsesión es, precisamente, su propia hija. Blue Ivy ha pasado estos primeros años rodeada de objetos carísimos y rebuscados, casi inverosímiles: posee su propia trona reluciente, cómo no, pero también una cuna que parece un carruaje de cuento (17.000 euros) y el famoso caballo balancín de oro macizo fabricado en Japón (algo más de medio millón de euros). Por su primer cumpleaños, le compraron una Barbie con incrustaciones de diamantes valorada en 70.000 euros, y los niños que asistieron a la fiesta se llevaron más de 20.000 euros en detallitos. Para compensar, hay que decir que el matrimonio también destina un dineral a fines más nobles, de manera muy discreta: por ejemplo, pagaron las fianzas de muchos detenidos en las manifestaciones contra la brutalidad policial en Baltimore.
    Con su historial, resulta paradójico que la mayor bronca que se ha llevado Beyoncé fuese por un gasto en el que no había incurrido. Cuando presentó el vídeo de su canción 'Feeling Myself', a medias con Nicki Minaj, las redes sociales ardieron de indignación: en un momento del 'clip', Beyoncé vaciaba en el jacuzzi una botella de champán que supuestamente costaba 18.000 euros. ¡18.000 euros, 18.000 euros!, clamaban los fans indignados. En realidad, el precio en tienda de aquella botella de Armand de Brignac no llegaba a los trescientos euros, pero seguro que a Beyoncé le salió gratis: meses antes, Jay Z se había comprado las bodegas.

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