jueves, 5 de noviembre de 2020

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   TITULO: El Objetivo La Sexta - SALVADOS LA SEXTA -  La noche encendida -  El día después ,.
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  La noche encendida,.
 
  'La noche encendida' no será solo un programa de charlas, espectáculo, música, comedia, sorpresas e invitados, presentado por Pedro Ruiz, por La 2,foto,. etc,.

 

 

El día después,.

No está claro si los 'votantes' no estadounidenses tienen conciencia de cómo sería el nuevo gobierno del país y si respondería a sus intereses.

El día después 

foto / Para Europa, la región más cercana por cultura y tradición política a Estados Unidos, el estado de ánimo del día después de la elección presidencial puede ser muy diferente del que se asume a priori según sea el veredicto. Se cree que, según los sondeos y las opiniones esporádicas vertidas en artículos de análisis y en declaraciones directas de dirigentes, el apoyo hacia el triunfo demócrata es mayoritario. Ese sentimiento es compartido también por una mayoría de las opiniones del mundo extra-europeo, llamado “liberal-democrático”.

Aunque no puede decirse que el sentimiento sea universal, también se cree que el apoyo de los regímenes autoritarios a la candidatura de Trump es escaso, con las contadas excepciones de algunos dirigentes que desde algunas potencias se han atrevido a verter juicios escandalosos. No está claro, por lo tanto, que, con la excepción de Rusia y Brasil, el autoritarismo del resto del planeta sea un respaldo al ocupante actual de la Casa Blanca.

Por lo tanto, de cumplirse aquel anhelo, que frecuentemente se alude hacia la justicia, de que los ciudadanos del resto de mundo se merecerían participar en la elección del presidente de Estados Unidos, puede decirse, sobre todo con respeto a Europa, que un triunfo de Biden y Harris sería recibido con fuegos de artificio. No está claro si esos “votantes” extraños tienen conciencia de cómo sería el nuevo gobierno norteamericano y si respondería a sus intereses.

Tampoco es fácil saber antes del plebiscito qué clase de gobierno de Estados Unidos conviene a los anhelos de Europa. La razón de esta indecisión se debe predominantemente a la persistencia del estereotipo que sobre Europa se proyecta esa realidad compleja al otro lado del Atlántico. Si ese diagnóstico es generalizado en el tiempo, más lo es hoy teniendo en cuenta los cambios sísmicos que ha sufrido la propia sociedad norteamericana. Estos han estado soterrados mucho tiempo y de golpe han surgido dramáticamente a la superficie para sorpresa de muchos ciudadanos, con la excepción del grupo de votantes que aupó a Trump a la presidencia en 2006 y que tozudamente persiste en mantenerlo en el pedestal.

Estados Unidos ya no es la nación imaginada (todas las naciones son “imaginadas”, como propuso Benedict Anderson). Ya no funciona igual la mística de Normandía y la libertad de expresión que triunfó cuando el New York Times y la prensa liberal que derribó a Nixon, domesticó a Bush. Pero al mismo tiempo se sintió impotente para frenar la locura de Irak, igual que años antes se enmudeció ante la tragedia de Vietnam. Ya nadie cree en el “fin de la historia”, efectiva imagen del entonces ya respetado “scholar”, Francis Fukuyama, cuando etiquetó el final de la Guerra Fría como el sepelio de las ideologías que habían competido el mercado con la democracia liberal. Muchos eruditos se carcajearon en silencio, pues los dejaban sin trabajo intelectual.

Pero la historia enterrada no solamente sobrevivió gracias a la supervivencia de los abusos, la pobreza y la desigualdad. Trump vendió muy bien la existencia de los males de Estados Unidos, atribuidos a los inmigrantes, el llamado “socialismo” y el liberalismo maligno. Había que “hacer América de nuevo grande”.

Ahora ha remachado su especial encuentro con un “hat trick” (marcar tres goles en un partido) mediante el nombramiento de tres magistrados conservadores en el Supremo. Antes ya había logrado la proeza de haber colocado sistemática y silenciosamente decenas de magistrados vitalicios en los niveles judiciales inmediatamente inferiores. La neutralidad del tercer poder se ha puesto en duda por una larga generación, por lo menos hasta la muerte de todos los jueces republicanos que, teniendo en cuenta la edad de la última magistrada, va para largo.

Si la victoria de Biden se produce, el sector mayoritariamente demócrata que lo habrá apoyado habrá conseguido una hazaña ante el miedo, el desasosiego, y ese surgimiento de los demonios que se suponía habían desaparecido. Pero también esa victoria se puede atribuir no solamente a su conducta autoritaria durante esos cuatro años en el poder, sino también en gran manera a sus errores en administrar una política efectiva de enfrentamiento ante la pandemia.

Irónicamente, por lo tanto, Trump habrá sido derrotado no por una oposición política demócrata sino también por una acción “divina”. El Cobid19 habrá actuado como esos virus malignos medievales enviados por el diablo, que diezman a la población, y ha castigado al tirano. No va a ser una conclusión cómoda. Esa “ayuda” de la pandemia va a cobrarse un precio en la nueva era Biden-Harris. El superviviente matrimonio compuesto por el virus y Trump tramará su venganza.

Mientras tanto, el nuevo gobierno se deberá enfrentar a unos nuevos jinetes del apocalipsis: una economía destrozada, una deuda sideral, la venganza de la ultra derecha, el resentimiento policial, la persistente frustración de los negros y las minorías, y un retorno a la resistencia a una decidida apertura económica, que fue una marca de la política demócrata. La América de Biden, presionada por la urgente reconstrucción, puede optar por una conducta de ambivalencia en cuanto a la implicación exterior. “América first” seguirá latente con Biden.

Por lo menos, los demócratas se podrán sentir satisfechos con el restablecimiento del internacionalismo, la recuperación del buen nombre (la esencia de Estados Unidos todavía tiene un valor en el Wall Street político), la integración regional moderada, los acuerdos para el control de armas, los acuerdos en pro de la lucha contra el cambio climático, y la lucha contra el narcotráfico y la criminalidad internacional. La comunidad internacional todavía podrá confiar en Estados Unidos.

En contraste, en el caso de una reelección de Trump, se puede recrudecer, no solamente en territorio nacional, sino en el derrame que se produce, el racismo, la violencia, la corrupción, la pobreza y la desigualdad. El “fin de la historia” puede significar el principio de otra historia, con la desaparición de Estados Unidos del mapa construido desde 1945, que paradójicamente habrá sido sustituido por un planeta insólito. Sería como ese escenario terrorífico de las películas del mejor Hollywood con las calles plagadas de automóviles destrozados, los habitantes supervivientes compitiendo por el resto de alimentos disponibles, y los simios contemplando la escena desde la cima de los rascacielos resquebrajados.

 

 

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 Quién educa a quién? - Programa 7 - RTVE.es

¿Quién educa a quién? -  Relaciones con adultos,.

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El debate de ¿Quién educa a quién?, presentado por Mamen Asencio, entra en el mundo de lo que los jóvenes callan y se callan también los padres, los centros educativos y hasta los medios de comunicación. Relaciones con adultos, abusos, agresiones sexuales, pensamientos suicidas...

Intervienen Catalina Perazzo, directora de sensibilización y políticas de infancia de Save the Children; Mariano Navarro, psicólogo especialista en salud mental infantil y responsable de los psicólogos de emergencia de la Comunidad Valenciana; Elsa López, profesora retirada, editora y escritora, casada con el que fue alumno suyo desde hace más de cuatro décadas; Itxaso Ezpeleta, estudiante de Filología y superviviente de suicidio; además de periodistas y víctimas de abusos.

Responden a una pregunta: ¿Qué se callan nuestros adolescentes? y ¿Por qué el silencio es el peor enemigo? A los invitados se unirán, como siempre, padres, docentes y especialistas en grada y se darán teléfonos y webs de ayuda.

 

TITULO:  RADIO - TELEVISION - EL TRANVÍA DEL TIEMPO - EL BOTIJO -  Umbral: histología de un dandy,.

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 Umbral: histología de un dandy,.

 

 

Umbral: histología de un dandy
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En la Seminci, Valladolid, acaba de ser presentado un documental sobre Umbral, 'Anatomía de un dandy', ensayo que el escritor dedicase a Larra. Estudiante que fui de medicina, ustedes comprenderán que, hablando de Umbral, no me pare en la anatomía, sino que avance hasta la histología, aunque sea la del microscopio óptico (la fisiología es menos literaria). Una vida me he pasado leyendo a Umbral escondiéndome por los rincones: es un chulo, un prepotente, un engreído, me decían los que se enteraban de mi pasión por su escritura. ¿Has leído algo de él? No. Ah, claro. De nada servía que les contase que Lázaro Carreter les decía a sus alumnos que la prosa más bella jamás escrita en castellano era la de Valle-Inclán, hasta que llegó Umbral. A propósito: juro por mi conciencia y honor que yo no tenía conocimiento de lo de Lázaro, cuando aquella mañana, aula del Felipe II a rebosar, veranos de El Escorial, me solté el pelo (entonces tenía) y dije exactamente lo mismo. Tanto le debió agradar lo mío que, cual Jesús con Tadeo, acabado el acto, al encontrarme entre la multitud, se acercó a mí y me llevó de paseo a su vera. «Paco nos come en la mano a los amigos», diría Berlanga. Yo no era su amigo, pero me di cuenta enseguida de que era la persona más necesitada de estimación que he conocido en mi vida. Algo parecido a lo que me dijera una sobrina de su mujer, vecina de Cáceres: «No tiene nada que ver con el de la tele. Usted no sabe lo educado, cariñoso y buena persona que es». 

 Lisboa Portugal, visitar la ciudad en el tranvía 28

 

 

Pues bien, desde hace poco, se ha acabado lo de leer a Umbral a escondidas. Y lo de pedir perdón por admirarlo, citarlo, idolatrarlo (a mí me pasa con Umbral como a él con Juan Ramón, que lo llamó dios; aunque mi dios verdadero se llama Camilo: el Max Planck de la escritura). El otro día, en el programa 'Imprescindibles« dedicado al gran Miguel Delibes, cuando le preguntaron por el escritor que más admiraba, contestó con toda la seriedad que presidía su vida: Francisco Umbral. Desde entonces, me siento a leerlo en la puerta de la calle, como hiciese de chico con la enciclopedia escolar. 

 Resultat d'imatges de EL BOTIJO

 

A cuento de qué esa denostación que suscita en la población. Muy sencillo: él siempre pensó que para triunfar, el personaje era tan importante como la obra, y se pasó de la raya. En ese afán, yo creo que se murió sin tener conciencia de que ya figuraba con letras de oro, sí, en la historia de la literatura. Y sin embargo, lo que son las cosas: luego de haber publicado libros a centenares y artículos a millares, los que nunca lo han leído, lo recuerda por esto: «Yo he venido aquí a hablar de mi libro». Que se fastidien (con jota).

Es que nadie como Umbral ha manejado el idioma como generador de belleza.


 

 

 

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