sábado, 2 de mayo de 2026

España a ras de cielo - La escritora Elvira Lindo ,. - PLANETA CALLEJA - Domingo - 3 - Mayo ,. / Centenarios - Juan Luis Cebrián ,. / Aquí la tierra - Regalar a mamá empieza cerca ,. / Tramoyista - Terremoto en la Bienal de Venecia: el jurado dimite en bloque y los premios los decidirá el público ,.

 

TITULO: España a ras de cielo -  La escritora Elvira Lindo ,. - PLANETA CALLEJA -Domingo - 3 - Mayo ,.

 

España a ras de cielo  ,.

 

España a ras de cielo es un programa de televisión emitido por TVE y se estrenó el 17 de septiembre de 2013. Desde el primer programa, está presentado por Francis Lorenzo Martes a las 22h30,.
 El programa permite conocer lugar de España desconocidos y ya conocidos desde otro punto de vista., etc,.


PLANETA CALLEJA - DOMINGO -  3 - Mayo  ,.
 

   Planeta Calleja es un programa de televisión de España que se emite cada domingo a las 21:30, en Cuatro de Mediaset España,. Jesús Calleja enfrentará a rostros conocidos a vivir experiencias únicas e irrepetibles fuera de su contexto habitual y en los lugares más remotos y fascinantes ., etc.

 

 La escritora Elvira Lindo,.

Elvira Lindo: “Trump arrastra la rabia de no haber sido aceptado por la clase cultural neoyorquina, le consideraban un hortera”,.

La escritora reedita sus columnas ‘Don de gentes’, publicadas en este periódico entre 2006 y 2011, un tiempo en el que vivía entre Nueva York y Madrid y en el que se sembraban las semillas de la policrisis actual,.

 
foto - La escritora Elvira Lindo retratada en su casa de Madrid, junto a la perrita Chirli, el 29 de abril de 2026.

Macrohistoria y microhistoria: fueron años que cambiaron el mundo, donde se plantó la semilla de la policrisis contemporánea, también años muy particulares en la vida de Elvira Lindo, en los que habitó, a medio año por costa, las dos orillas del Atlántico: Nueva York y Madrid,.

TITULO: Centenarios - Juan Luis Cebrián ,.

 

Juan Luis Cebrián: “Tuve muchas dificultades para hacer la Redacción: nadie quería venir porque pensaban que EL PAÍS no iba a durar”,.

Ante el 50 aniversario del diario, el primer director recuerda sus años al frente de un singular proyecto periodístico que acompañó a España en su transición a la democracia,.

 
fotos - Juan Luis Cebrián posa el pasado viernes 24 de abril, en el hotel Intercontinental de Madrid, con un ejemplar del primer número de EL PAÍS.

“Vivíamos rodeados de periodistas y escritores”. Así recuerda su infancia Juan Luis Cebrián (Madrid, 81 años). Su padre desempeñó cargos de responsabilidad en los medios de comunicación del franquismo y su tío llegó a ser director de Abc y La Vanguardia. Joven promesa del periodismo del Madrid de los sesenta, Cebrián fue el primer director de EL PAÍS cuando solo tenía 31 años y ya acumulaba mucha mili en el oficio: Pueblo y Cuadernos para el Diálogo, Televisión Española e Informaciones. Personaje mítico del cuarto poder de la democracia, tan temido como reverenciado, fascinante y odiado, atraviesa puntual la puerta giratoria del hotel Intercontinental.

Con una timidez que irá desapareciendo a medida que avanza la conversación, deposita sobre la mesa un ejemplar de un periódico, en excelente estado pero ya amarillento, cubierto por una carpeta de la Real Academia. “Les he traído un regalo. Me quedé con 30 o 35 y aún conservo algunos”. Acaricia la primera página entre el pulgar y el índice de su mano derecha, y elogia la calidad del papel y de la tinta, como si se tratara de un artesano orgulloso de la solidez de su obra, y no del ideólogo de un artefacto que, en los primeros compases de la Transición, constituiría una auténtica declaración cívica y política sujeto bajo el brazo de un ciudadano. La primera entrega, fechada el 4 de mayo de 1976, de una aventura periodística y empresarial única en el mundo, que ahora cumple medio siglo y en la que él participó hasta 2024. Una aventura a cuya etapa inicial, la que capitaneó Cebrián hasta 1988, se circunscribe esta entrevista.

Pregunta. Si fuera hoy director de EL PAÍS, ¿qué consejos daría a dos periodistas que van a entrevistar a Juan Luis Cebrián?

Respuesta. He procurado no dar nunca consejos a nadie. Pero diría que la de ahora es una época muy diferente a cuando empezó el periódico. El panorama profesional no tiene nada que ver. Y diría que yo tenía 31 años y era de los más viejos de la redacción. Éramos jovencísimos.

P. ¿Por qué?

R. En el mundo periodístico nadie creía en el proyecto.

P. ¿Cómo surge la idea de crear EL PAÍS?

R. Fue hacía 1972 y fueron dos periodistas: Carlos Mendo, director de Efe con Manuel Fraga y redactor jefe de Abc, y Darío Valcárcel, que más que periodista era secretario de Torcuato Luca de Tena. Tuvieron la idea de que se debía hacer un periódico. Mendo se la vende a Fraga, y Valcárcel, a José María de Areilza. Les puso en contacto con Miguel Ortega Spottorno, que formaba parte del consejo de don Juan de Borbón (consejo que presidía Areilza) y Miguel les dijo que, de asuntos de periódicos, hablasen con su hermano José. Le enrollan y empezaron a reunir dinero: 15 o 18 millones de pesetas. Crearon la junta de fundadores, pidieron permiso y les dijeron que con ese dinero no se podía hacer un periódico. Empezaron la redada. A José Ortega se le ocurre llamar al mundo editorial. Entran todos: Salvat, Lara, Jesús Polanco, Grijalbo… Y reúnen 150 millones.

P. Su llegada a la dirección no estuvo rodeada de épica: fue usted la cuarta o quinta opción...

R. La primera opción era Miguel Delibes. Dijo que no y sugirió a Manu Leguineche. Dijeron que no. En aquel momento Carlos Mendo fue consejero delegado y director del periódico. Y el primer movimiento fue quitarlo de consejero delegado y situar a Polanco, el único que sabía qué era y cómo se hacía una empresa. Entonces empezaron a buscar un director profesional.

P. ¿Por qué no podía ser Mendo?

R. Por su significación, estaba muy vinculado a Fraga. En la propiedad nadie tenía la mayoría. Ortega tenía un 8%, Darío un 2%, Pujol tenía acciones, Mendo un 1%... El que más tenía era el grupo de Fraga y no llegaba al 16%. Todos un poquito.

P. ¿Quién fue el siguiente candidato?

R. Jesús de la Serna, uno de mis maestros y mi director. Después de irme de Televisión Española, donde estuve ocho meses en una aventura estúpida, yo era director adjunto de Informaciones. Jesús me preguntó y le dije que naturalmente debía decir que sí y que me iría con él. Dijo que no. Luego se lo ofrecieron a Vicente Gallego, que me había examinado en la facultad, y que dijo que sí, pero necesitaba que alguien le ayudase. Entonces Darío Valcárcel me invitó a comer, me sondeó. Le dije que sí. Como director, como subdirector, lo que fuera. En mayo de 1975 me invitaron a cenar Ortega, Polanco y Valcárcel. Me dijeron que Gallego sería el director y yo director adjunto. Dije inmediatamente que sí. Y luego me hicieron director.

P. Entonces empezaron las reuniones regulares con Ortega, Polanco y Valcárcel. ¿De qué se hablaba?

R. No tenían ni idea de cómo se hacía un periódico. No lo habían hecho nunca. También venía una persona por cuestiones técnicas, de las que yo tampoco tenía ni idea. En una de esas reuniones José Ortega, con Valcárcel delante, pide tener un droit de regard de la junta de fundadores sobre la línea editorial. Antes de que yo dijera nada, Polanco se puso como una fiera: “Si no nos gusta el director, lo destituimos, pero el trabajo del director tiene que hacerlo el director”. El día después llamé a Polanco para vernos.

P. ¿El pacto del Sacha?

R. Eso es. El punto fundamental es que la compañía no tenía un dueño claro, y para mí la empresa era él porque era el consejero delegado. Le dije que no quería saber nada de los accionistas. Yo me encargaría de contratar a los redactores y, como director, quería tener derecho de veto en todo lo que se publica en el periódico, incluida la publicidad. Ese pacto firmado con Jesús en aquel restaurante duró toda la vida.

P. ¿Cómo un periódico impulsado por reformistas de dentro del régimen acabó siendo un diario, digamos, progresista?

R. Era necesaria la democracia liberal y la integración de España en Europa. Esa Europa la había construido la democracia cristiana y la socialdemocracia. Eso estaba claro en la fundación del periódico.

P. ¿Para Areilza y Fraga estaba tan claro? ¿Pudieron sentirse traicionados?

R. Si se sintieron traicionados, nunca lo dijeron. Tal vez querían mandar ellos. Pero para mí no existían. Para mí la relación con los accionistas se llamaba Polanco.

P. Llama la atención que, en una generación marcada por el gran scoop del Watergate, que tumbó a un presidente, EL PAÍS fuera concebido más como un periódico de ideas que de exclusivas.

R. Para mí EL PAÍS quiso ser el rescate de la ilustración. Fijaos en las firmas del primer número. Estaba Rafael Alberti o Ricardo de la Cierva, que era muy de derechas, pero un historiador reconocido. Lo otro era la información internacional: si se quería que España entrase en Europa, se debía explicar cómo era el mundo. Y en política interior, dar voz a la izquierda. Para hacer la democracia, pero también porque no había otro periódico que lo hiciera: también era un motivo comercial.

P. ¿A eso atribuye el éxito inmediato?

R. Creo que sí. Tuve muchas dificultades para hacer la Redacción: llamé a varios redactores jefes, nadie quería venir porque pensaban que no iba a durar. Por eso la Redacción era tan joven, con algunos recién salidos de la facultad. Los que sí vinieron muy rápido fueron Sol Gallego y Bonifacio de la Cuadra. Habían trabajado con mi padre en PYRESA y mi padre, que no me aconsejó mucho, sí me dijo que los debía contratar a los dos porque les tenía devoción y sabía que eran dos periodistas extraordinarios. Y eran, como yo, de los mayores. En alguna entrevista o cuando me preguntaban los redactores, dije que con el primer número venderíamos nunca menos de 60.000 ejemplares. Vendimos 150.000. El éxito nos sorprendió a nosotros mismos.

P. El gran scoop de la Transición, que se publica en Cuadernos, fue el borrador de la Constitución. ¿Cómo lo vivió EL PAÍS?

R. Me cabreé un poco con Sol, claro. Creo recordar que lo hablé con ella, pero no para echarle una bronca, sino en plan: oye, tú ayuda aquí [risas]. Ya había muchas filtraciones. Hablaba mucho con Gregorio Peces Barba, que era mi amigo. Gabriel Cisneros también soltaba mucho. No sé, habría que preguntarle a Sol [risas]. Lo cierto es que EL PAÍS no tenía entonces el reconocimiento definitivo que tendría a partir del 23F.

P. Son más de tres años…

R. Sí. Tened en cuenta que, después de EL PAÍS, sale Diario 16, salen varios. Todavía estaban Cuadernos o Triunfo. Pero nuestra opción por la izquierda los fue matando a todos. En EL PAÍS, al principio, era donde fundamentalmente la izquierda tenía voz. Con Santiago Carrillo conecté muy bien. Con Felipe González y el PSOE teníamos muy buena relación. Solana era compañero mío del colegio, Felipe era amigo de Cádiz de Augusto Delkáder. La primera entrevista en prensa a Felipe la publicó EL PAÍS.

P. Hay un reconocimiento inmediato como actor periodístico clave de la Transición.

R. También por la calidad de las colaboraciones. Políticas y culturales. Creé una serie de consejos con colaboradores como Enrique Fuentes Quintana, catedráticos de economía, Jorge Semprún, el duque de Alba… Nos reuníamos cada semana.

P. ¿Así se convirtió el periódico en “el intelectual colectivo”, como lo definió Aranguren?

R. Claro. Aranguren había sido profesor mío, conocía a la generación de Tovar, a Ridruejo. Y Javier Pradera, que era el jefe de Opinión, tenía una cantidad de relaciones tremenda gracias a Alianza Editorial. Así se acercó mucha gente al periódico con talento e influencia.

P. ¿Cuándo se descubrió como un hombre del nuevo poder democrático?

R. Nunca he pensado que yo sea un hombre de poder.

P. Por favor…

R. No, no. Yo sé que los demás lo han pensado. En todo caso he tenido influencia. Supe la influencia que tenía de verdad cuando todo el mundo se ponía al teléfono.

P. Este fragmento del dietario de un directivo de Banca Catalana de 1980: “Cebrián es una angula, muy satisfecho de sí mismo y de esos que te perdonan la vida. Explica que cada día le llaman una media de dos o tres ministros…”.

R. Vamos a ver. He hecho una opción vital: no he sido más que periodista. No he hecho otra cosa en mi vida. No he hecho más que periódicos, radios, televisiones… y acepté ser consejero delegado.

P. ¿No quiso el poder?

R. Nunca he hecho nada para tener yo más poder. Puedo haber hecho algunas cosas para que no me cortaran la cabeza. Pero no para tener más poder. Naturalmente he cometido muchos errores y he dicho muchas tonterías. O sea, no digo que lo haya hecho todo bien. A mí lo que me ha movido siempre ha sido saber que el periodismo era el cuarto poder, pero el poder de influencia. La influencia sobre el poder no es el poder. El poder es el Boletín Oficial del Estado, algo que Pedro Sánchez ha entendido a la perfección. ¿Esto quiere decir que no tengan poder los medios? Lo tienen, pero es un poder de influencia.

P. EL PAÍS bajo su dirección ha sido muy admirado y también muy detestado.

R. Con toda seguridad. Lo digo en mi primer artículo en el primer número [lo busca]. Digo: “Este es un periódico contra los excesos del poder político y el poder económico”. Es para lo que salimos.

P. Volvamos a la historia. ¿Por qué el 23F es un hito para EL PAÍS?

R. Nos sitúa internacionalmente. En un ranquin norteamericano sobre los 50 mejores periódicos del mundo, ya salimos. Era el único en español. Estamos allí por la calidad de nuestros periodistas y por lo que hicimos aquella noche.

P. La primera edición sale a la calle a las 10 de la noche...

R. Viví el golpe minuto a minuto. Todo era absolutamente incierto. Es que el golpe había ganado. No políticamente, pero sí militarmente. Estaban el Gobierno, el Senado y el Congreso rehenes de los golpistas. La junta de jefes de Estado Mayor hizo un papel ridículo diciendo que asumían el poder. El Rey parece que lo quemó. Nuestra edición fue un revulsivo para la gente. Pensad, por ejemplo, que José María García, que estaba retransmitiendo desde fuera del Congreso, leyó el editorial por la radio. Nunca se le ha agradecido. En provincias nadie sabía qué estaba ocurriendo. Fue un revulsivo. Salimos antes que el Rey, que salió cuando tuvo la información para poder salir.

P. ¿Se pactó después dejar de controlar la actividad de Juan Carlos?

R. Todo eso es pura leyenda. No recuerdo haber estado en ninguna reunión de directores de periódicos más que después del 23F. No hubo ningún acuerdo. Lo que hubo fue una coincidencia en el apoyo a Juan Carlos. Pero ni lo pacté ni lo coordiné nunca con nadie. Pensad que, al día siguiente del golpe, un sector de la progresía empezó a decir que el golpe lo había organizado el rey y que como había salido mal…

P. Poco a poco va construyendo una relación con Felipe González.

R. Me acuerdo de una comida que tuvimos Francisco Pinto Balsemão, que era primer ministro de Portugal, Felipe González y yo, hablando de esto. Y recuerdo que Pinto Balsemão decía que no es como dicen que EL PAÍS sea del PSOE, sino que el PSOE es de EL PAÍS. Cuando Felipe ganó, le fui a ver y me dijo: “bueno, qué quieres ser”. Y le dije que yo quería ser director de EL PAÍS. Después de eso estuve más de dos años sin hablarme con él. Debido a dos temas: la OTAN y el GAL.

P. La cobertura del GAL, ¿por qué fue un problema?

R. Porque denunciamos que existía. El GAL no lo montó Felipe, el GAL estaba montado. Si acaso Felipe lo que hizo fue organizarlo un poco mejor [risas]. Eso viene desde la Triple A y viene desde Adolfo Suárez.

P. ¿Y la OTAN?

R. Porque dimitió Pradera. Dimite porque él hace el manifiesto a favor. Pradera y yo tuvimos una reunión con Felipe González hasta las cuatro de la madrugada en el Palacio de la Moncloa hablando del tema de la OTAN, pensando cuál era la pregunta [del referéndum]. Pradera, Felipe, Carmen [Romero] y yo. Carmen dijo una cosa muy razonable. “¿Cuál va a ser la pregunta? Pues OTAN sí, OTAN no". Y Felipe no le hizo caso. Estuvimos muy en contra de todo el proceso que quería hacer. Tanto que, al despedirnos, yo le dije: “Tú haz lo que tú pienses que tienes que hacer como presidente del Gobierno y yo haré lo que tengo que hacer como director de EL PAÍS”. Y es lo que pasó. Pero entonces Pradera firmó el manifiesto y yo creo que no solo lo firmó, sino que lo propuso, y eso generó una crisis interna en el periódico. Ismael López Muñoz, primer defensor del lector, le dedica una columna a eso y nos pregunta a Pradera y a mí sobre la firma del manifiesto. Yo le dije que eso era una firma personal, no una firma del director de opinión del periódico. Y que además quien fija la opinión editorial del periódico es el director. Y es por eso que Pradera dimite, porque se siente desautorizado por mí.

P. ¿Cómo se crea el defensor del lector?

R. Yo puse el defensor del lector, que no lo tenía nadie, porque lo había visto en Suecia. Y Augusto Delkáder y Antonio Franco, que eran los directores adjuntos, se cabrearon conmigo, diciendo que nosotros éramos los defensores de los lectores. Y también yo puse el Estatuto de la Redacción. En la primera votación, lo rechazaron los redactores. Les parecía poco. Les parecía que la votación sobre los nombramientos, además de consultiva, debía ser vinculante. Querían nombrar ellos a los redactores jefes. Entonces dije: esto no va a pasar. Modificamos dos cosas menores y volvimos a presentarlo. Era un tiempo de transición. Teníamos muchísimas amenazas. Nos enviaban bombas.

P. ¿Cómo vivió usted el momento en que pasa de director a empresario, de Miguel Yuste [sede del diario] a Gran Vía [sede de la empresa editora, PRISA]?

R. Yo viví eso porque Jesús lo quiso. Yo estaba feliz en la dirección. Pero Jesús quería más tranquilidad y tal. Yo le dije que nombrara a Javier Baviano consejero delegado. Y me dice que no. “No nombro a nadie consejero delegado, porque entonces le vamos a estar puenteando tú y yo constantemente”. Y tenía razón. Y entonces le dije, bueno, pues lo que tú quieras. Y le puse una condición: voy a seguir escribiendo en el periódico. Lo viví como una novedad grande para mí, no era mi vocación.

P. Se produjo un evidente distanciamiento con la Redacción. En Miguel Yuste se le empezó a llamar “el señorito”.

R. Noté un distanciamiento en primer lugar porque estaba distanciado físicamente. En segundo lugar, porque he respetado con los directores el pacto de que ellos son los que deciden en la Redacción. Luego hubo un problema serio cuando hubo que hacer un ERE, que coincide con la crisis, cuando empieza todo el mundo a hacer eres. Yo lo sufrí mucho. Lo sufrí, pero yo estaba en Gran Vía.

P. ¿Cómo vivió esa drástica descapitalización de talento?

R. Primero convencido de que había que salvar el periódico, y de que los periódicos estaban en serio peligro de defunción. Pero no solo los periódicos. Estamos ante un cambio de civilización global donde la democracia está amenazada. Y yo creo que ese cambio de civilización está afectando enormemente a lo que era el cuarto poder, que es la formación de la opinión pública. [Le llaman por teléfono]. Oye, me está reclamando mi mujer, que es la única a la que debo obediencia.

P. Terminamos. ¿Cuál es hoy su relación sentimental con EL PAÍS tras su salida?

R. Muy amarga. Yo nunca quise ser presidente de honor. Porque los periodistas no tenemos honor. Somos como los policías. Estamos todo el día con delincuentes para que nos cuenten cosas. Y ellos me insistieron y yo lo acepté. La salida fue amarga, pero cuando tú te cabreas con tu hijo, le dejas de hablar y ya. La relación que yo tengo con EL PAÍS ha sido la de un hijo, o la de un nieto ahora. He cometido muchos errores. Y cuando estás en un puesto de responsabilidad, pues generas también muchas injusticias. Y hay gente que sufre por tu culpa y que no debería haber sufrido. Pero como no sé por qué razones a mí, a los 18 años, Emilio Romero me nombró redactor jefe de Pueblo, pues yo sé que un puesto de mando es eso. Y ahora no tengo ninguno y eso me hace libre. Oye, perdonad, que no quiero que seáis responsables de mi cuarto divorcio.

Se levanta, se despide y, antes de empezar a caminar, concluye: “No os voy a pedir que me tratéis bien a mí. Pero por favor tratad bien al periódico”.

TITULO: Aquí la tierra - Regalar a mamá empieza cerca ,.

 

 Regalar a mamá empieza cerca ,.

 

 

ACOMIC impulsa el valor del comercio local en su nueva campaña con motivo del Día de la Madre,.

Regalar a mamá empieza cerca

foto - La Asociación de Comerciantes y Empresarios de Miajadas y Comarca (ACOMIC) pone en marcha, con motivo del Día de la Madre, la campaña «Feliz Día, Mamá», una iniciativa que invita a mirar cerca para encontrar los mejores regalos. Porque los detalles más especiales nacen de lo cotidiano y lo cercano, esta acción busca poner en valor tanto a las madres como al comercio local.

Hay regalos que no se compran solo con dinero, sino con intención. Y es ahí donde el comercio de proximidad marca la diferencia: en la recomendación sincera, en el tiempo dedicado, en conocer a cada cliente por su nombre y en ayudar a elegir ese detalle perfecto para mamá.

Como muestra del cariño que el pequeño comercio tiene hacia las madres, los días 30 de abril y 2 de mayo, los más de 40 establecimientos adheridos a la iniciativa obsequiarán a sus clientes —hasta agotar existencias— con una planta ornamental, un regalo que simboliza el cuidado, el cariño y e lpaso del tiempo, valores que evocan tanto el amor de una madre como la sostenibilidad y el arraigo del comercio local en su entorno.

Asimismo, y como en años anteriores, la campaña contará con su espacio en redes sociales. A través de la página de Facebook ACOMIC Miajadas, se creará un álbum donde las personas participantes podrán compartir fotografías dedicadas a sus madres, enviándolas al correo acomic.asociacion@gmail.com. Este espacio digital se convertirá en un homenaje colectivo lleno de historias, emociones y recuerdos.

Entre todas las personas participantes se sortearán cinco tazas personalizadas con el mensaje «Feliz Día, Mamá». El concurso estará activo desde el 27 de abril hasta las 12:00h del 4 de mayo, y el sorteo se realizará ese mismo día a través de la plataforma sortea2. El nombre de las personas ganadoras se dará a conocer en redes sociales, contactando posteriormente con ellas. Las bases completas pueden consultarse mediante código QR en los carteles de campaña y en el propio álbum.

Desde ACOMIC se anima a vecinos, familiares y clientes a apostar por el comercio de proximidad en una fecha tan especial. Porque elegir lo local no es solo una decisión de compra, sino una forma de apoyar a quienes forman parte de nuestra vida diaria y de contribuir a un modelo más sostenible, cercano y humano.

La campaña cuenta con la colaboración del Ayuntamiento de Miajadas y la financiación de la Junta de Extremadura, el Ministerio de Hacienda y Fondos Europeos.

TITULO: Tramoyista -  Terremoto en la Bienal de Venecia: el jurado dimite en bloque y los premios los decidirá el público,.

 

 

Terremoto en la Bienal de Venecia: el jurado dimite en bloque y los premios los decidirá el público,.

Los cinco miembros del comité afean al presidente de la cita mantener la participación de Israel y Rusia,.

 
foto - Pietrangelo Buttafuoco (en el centro), en Venecia el pasado 19 de marzo.

La polémica persigue la 61ª edición de la Bienal de Arte de Venecia, que acaba de quedarse sin jurado tras la renuncia de sus cinco miembros, según un breve comunicado colgado en la página oficial de la Bienal. Según otro comunicado publicado en E-Flux, el jurado habría dimitido “en respeto a nuestra propia declaración de intenciones”, en referencia a su decisión de excluir a la Federación Rusa y a Israel de los premios que otorga la Bienal, que tenían que haberse anunciado el 9 de mayo, día de la inauguración de la muestra,.


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