jueves, 5 de febrero de 2026

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TITULO: Domingo - 8 - Febrero -  LIARLA PARDO -  Luis Vidal  Arquitecto ,.

El domingo  - 8 - Febrero , a las 18:00 por La Sexta, foto,.

 

 Luis Vidal  Arquitecto,.

 

 

«En Marte pensaría en construir un aeropuerto con material local»,.

Vidal diseña el primer terminal poscovid del mundo y proyecta un puerto espacial para los vuelos del futuro,.

 El arquitecto Luis Vidal, en la sede de Vocento, en Madrid.

El arquitecto Luis Vidal, en la sede de Vocento, en Madrid.

El proyecto de modernizar el aeropuerto internacional de Pittsburgh, desarrollado por el estudio español Luis Vidal + Arquitectos, estaba en marcha cuando se declaró la pandemia del coronavirus y llegó el confinamiento, las muertes, el miedo. Y el entendimiento de que el mundo sería otro. Después de un «diálogo» con su cliente –la Autoridad Aeroportuaria del Condado de Allegheny– Vidal y su equipo comenzaron a trabajar en una «iniciativa» que consistía en adaptar «todo su diseño. Llegamos a estar 200 personas y nos reuníamos todas las semanas para poner en común lo que pensábamos que teníamos que afrontar», rememora Vidal, que participó en el foro 'Tiempo de moverse', organizado por XL Semanal. «El aeropuerto de Pittsburgh va a ser el primero poscovid, en el que se introducen muchas medidas visibles e invisibles».

Este arquitecto, que empezó su carrera proponiendo la ampliación del aeropuerto de la City de Londres en su tesis de grado y dirigió con 28 años la T4, hace un repaso por lo que será el futuro de las terminales: grandes espacios de terrazas y jardines, un sistema de seguridad que registrará desde varios ángulos al pasajero y todo su equipaje a medida que camina, sin pasar por detectores; sensores y cámaras «de todo tipo» que harán reconocimiento facial de los usuarios para saber incluso el vuelo que le corresponde. «El aeropuerto será capaz de introducir medidas flexibles para conducirle en momentos de mucha aglomeración, aumentando espacios y gestionando las colas».

–¿Qué tienen los aeropuertos para atraparle de esa manera?

–Yo estudiaba fuera de España y comencé a viajar muy joven. Siempre encontraba los aeropuertos inhóspitos, difíciles, agresivos. Y pensaba: ¿por qué no podemos hacer que el pasajero tenga una mejor experiencia y que los mismos procesos se mejoren?

–Los aeropuertos siempre han sido espacios hostiles que minimizan al individuo. ¿Cómo transformarlos?

–Creando una navegación intuitiva por el terminal, sin que el pasajero deba leer la cartelería o cambiar de dirección. También con la luz natural, con espacios más abiertos y naturales, con el uso del color y una buena acústica. Hay un montón de elementos subliminales, que facilitan que el pasajero se sienta en un lugar más confortable.

–Ya son 15 los proyectos aeroportuarios. ¿Cómo se gana un concurso de éstos?

–Como siempre: intentando ser el mejor. Suelen ser procesos muy largos y es muy importante contar con un muy buen equipo. Al final, un arquitecto es como un director de orquesta.

–¿Qué importa más? ¿El diseño visual, la funcionalidad o lo invisible?

–Lo que más importa siempre es que el edificio sea lo más funcional posible. Después que sea fácil de operar y mantener para el gestor, y cómodo para las aerolíneas y todo el que trabaja allí. Y por supuesto tiene que ser un edificio muy bello. Los aeropuertos son las catedrales de siglo XXI.

–¿Puede explicar el símil?

–Las catedrales antes eran un punto de encuentro en el centro de las ciudades; eran un hito visual; en la plaza de afuera sucedía todo el intercambio comercial y social. En el fondo, un aeropuerto es hoy lo mismo. Es la primera y última imagen de una ciudad, un punto de encuentro social, donde ocurren transacciones económicas, y son frontera. Son los iconos y catedrales de este siglo XXI.

Vuelos suborbitales

El despegue y aterrizaje de cohetes como los de SpaceX con tripulación civil necesitarán, al hacerse más frecuentes, sus propios aeropuertos. Luis Vidal trabaja en el proyecto de uno en Denver (Colorado, Estados Unidos), un «puerto espacial» para esas naves que podrían alcanzar los 100 kilómetros de altura (varias veces más que el transporte aéreo habitual). «Son naves supersónicas que van a acercarnos a puntos distantes del planeta, de un hemisferio a otro, en dos horas y media, aprovechando la altura que alcanza y la rotación de la Tierra», explica Vidal.

–¿Qué ha proyectado para esta estación espacial terrestre?

–Un pequeño edificio terminal para procesar a los pasajeros con dos satélites, cada una para cuatro aeronaves de este tipo. Hay dos tecnologías: la de despegue horizontal y la de despegue vertical, y diferentes fabricantes están trabajando en estos vehículos. Incluso se preparan híbridos de despegue horizontal y aterrizaje vertical. Y hay tres tipos de vuelos. Los turísticos, como los de SpaceX; los experimentales para trabajar con la gravedad cero, y los viajes de punto a punto, que se usarán primero para casos de emergencia o catástrofes. Eventualmente llegarán los pasajeros convencionales.

–¿Como haría un aeropuerto en Marte?

–Hay que tomar en consideración todos los condicionantes que existen para habitar ese planeta, no sólo para llegar. En Marte pensaría en construir con material local. Transportar impresoras en 3D y utilizar polvo, arena y roca marciana como material de construcción. Además la energía solar debería propulsar y mover toda esta maquinaria. La tecnología existe.

–¿Lo de utilizar material del propio lugar lo suele hacer en sus proyectos 'terrestres'?

–Para nosotros es muy importante ser locales, adaptarnos al entorno y a las condiciones climatológicas, geológicas y ambientales. Siempre que podemos, utilizamos materiales locales o los transformamos.

Sostenibilidad responsable

–¿Qué rol tienen las estructuras para lograr cumplir con los objetivos del Acuerdo de París?

–Nuestra responsabilidad es ir introduciendo todas las medidas para reducir las emisiones de CO2, ser energéticamente independientes, conseguir que realmente los materiales sean locales y sostenibles. No hacer ninguna barbaridad que, cuando lo ves, queda muy bien para la fotografía pero que no es sensata.

–La construcción es uno de los sectores que más contamina.

–La construcción, sí, y el transporte. Así que si escogemos materiales que están a 10.000 kilómetros de distancia hay que traerlos para la obra. Por eso hay que usar materiales locales para reducir el impacto del transporte.

–¿Y los edificios inteligentes?

–Cada vez serán más inteligentes. Por ejemplo, ya hay vidrios que se oscurecen en función de la radiación solar, miden el CO2 del interior de los espacios de oficina y tienen reconocimiento facial. Si siempre te sientas en un sitio, sabe que tú eres tú y tu preferencia de temperatura, mientras lo adapta también al que está al lado y que prefiere dos grados más o menos.

–¿En España es posible aplicar esta tecnología con las leyes de protección de datos?

–Por mucho que tengamos protección de datos para la identidad, los datos son públicos, estamos fichados por todos lados. Google ya te da el anuncio de lo similar que compraste la vez anterior. La cuestión está en conseguir que esos datos tengan un fin útil y que no haya ninguna utilización fraudulenta.

–También ha diseñado varios hospitales. ¿Qué tiene un hospital de aeropuerto y un aeropuerto de hospital?

–Tienen la misma complejidad. Los hospitales son edificios muy poco humanos, inhóspitos. A diferencia de los aeropuertos, nadie quiere ir a un hospital por propia voluntad. Nosotros pensamos: ¿por qué no hacemos hospitales que traten al paciente igual de bien que tratamos ahora al pasajero en los aeropuertos? Esa fue la primera motivación. ¿Cómo? Haciendo que los edificios sean humanos, que la orientación sea intuitiva, con el uso adecuado de la luz natural, del color y la acústica, generando volúmenes y espacios conectados con el exterior. Los mismos valores que usamos en un aeropuerto, llevados con otra escala.

–¿De todos sus proyectos cuál elegiría?

–El próximo.

TITULO: Donde viajan dos - El Bierzo: un recorrido por las mejores zonas de la comarca leonesa,.

El Bierzo: un recorrido por las mejores zonas de la comarca leonesa,.

Esta región, que siempre ha sido de tránsito y que posee su propio microclima, está ensimismada entre montañas y cuenta con una historia milenaria que garantiza un interesante viaje al pasado,.

Al oeste de León, el río Sil hace de hilo conductor para recorrer El Bierzo, una comarca, tan diferente, tan completa, entre Galicia y Castilla, que incluso ha llegado a reivindicar su independencia. Ni gallega, ni leonesa, simplemente berciana. Por estos caminos hay montes y bosques salvajes, vestigios de tiempos de los romanos, tesoros de arte sobre el Camino de Santiago. Y también hay leyendas, historias de templarios y de eremitas medievales. E incluso, oro: el que arrancaban a fuerza de “lavar” los montes, los esforzados romanos.

El Bierzo, que siempre ha sido de tránsito y posee su propio microclima suave, está ensimismado entre montañas y cuenta con una historia milenaria que garantiza un interesante viaje al pasado.

El Sil y sus valles son la clave y en el río nos basaremos para recorrer en coche o en camper por estos caminos, entrando desde Galicia, por Balboa, para salir por Astorga y la Maragatería. Por el camino, nos desviaremos por carreteras secundarias para llegar a los mejores rincones.

Una entrada épica desde Los Ancares

Nos ponemos en marcha desde Galicia, desde los Ancares, que parecen sacados de un sueño y casi al margen de todo, aunque en los últimos años se hayan reivindicado mucho y se han puesto en el mapa. Son montes de lobos y de aldeas perdidas. El río Balboa nos deja a las puertas de El Bierzo, en Balboa, un pueblo que fue estratégico en el pasado y en el que se conserva un castillo medieval con una magnífica torre del homenaje. Es un paisaje de pallozas —construcciones tradicionales circulares de piedra con techos cónicos de paja—. Algunas de ellas se han convertido en restaurantes o centros de interpretación, y otras conservan su uso tradicional.

Es hora de entrar también en la gastronomía berciana que nos espera en el resto de la ruta: el típico cocido o el famoso botillo, que es un embutido contundente que se hace con rabo de cerdo, costilla y espinazo.

Desde Balboa, la carretera nos lleva hasta el pueblo de Cantejeira, que corona el valle de Balboa. Es el momento de bajar y caminar entre campos hasta llegar a una de las mejores cascadas de la comarca, un lugar donde reina el silencio. Solo hay que dejarse llevar por el sonido del agua para relajarnos. También son hipnóticos los saltos de agua que salpican el hayedo de Busmayor, en la vertiente sur de los Ancares leoneses, acompañados únicamente por el sonido de los arroyos que fluyen entre la vegetación.

La histórica Villafranca y enoturismo en Cacabelos

Villafranca del Bierzo se considera la capital histórica de El Bierzo antes de que el despegue industrial de Ponferrada le arrebatara el protagonismo. Recorrer esta villa de origen medieval del llamado Bierzo Bajo es una parada obligada. Su icono es la colegiata de Santa María, pero también sorprende por tamaño y monumentalidad la iglesia de San Nicolás, con una imponente fachada barroca, o la iglesia de San Juan. También destaca el convento de San Francisco. En lo alto, el castillo-palacio de los Marqueses de Villafranca y la iglesia de Santiago, que a semejanza de la de Compostela, tiene su propia Puerta del Perdón que solo abre en Año Santo.

En Villafranca solo hay que dejarse llevar y seguir a la gente para recorrer su centro urbano: la calle del Agua (Ribadeo), larga y estrecha, rodeada de conventos, iglesias y casonas burguesas con blasones esculpidos.

Muy cerca, hacia el sur por una carretera local, los campos de cerezos de Corullón son el ejemplo del paisaje agrario de todos los tiempos. Si se llega en primavera, cuando están cubiertos de flores blancas, puede resultar inolvidable. Carretera adelante, en Cacabelos, hay viñedos, que cubren las colinas e invitan a una degustación de un vino cuya historia se remonta a los romanos. Existe una ruta del Vino para hacer enoturismo por el Bierzo con bodegas, alojamientos, centros visitables en algunas viñas, restaurantes asociados y todo tipo de facilidades para organizarse un viaje entre los vinos y viñedos bercianos.

Las Médulas: un paisaje de oro

Hay que salir de la autovía desde Ponferrada hacia el sur para acercarse a Las Médulas, uno de los rincones más originales de toda la península. Este paisaje es una construcción humana, concretamente de los romanos, que excavaron aquí unas minas hasta tallar, derrumbe a derrumbe, un paisaje dorado que parece de una película de ciencia-ficción. Los romanos extraían el oro por el método “ruina montium”, algo así como lo que se hace ahora con dinamita, pero con agua, inundando galerías dentro de la montaña con agua a gran presión. El resultado era el desmenuzamiento del monte, después, el arrastre de los sedimentos, con el oro incluido, que era filtrado. Durante doscientos años, los romanos estuvieron sacando oro. Se calcula que cuando cerraron las minas en el siglo II, se habían removido unos 650 millones de toneladas de tierra.

Las minas de oro de Las Médulas son Patrimonio de la Humanidad desde 1997, y hoy se pueden visitar tanto desde abajo, explorando sus galerías, como desde arriba, desde los miradores, como el de Orellán, y plataformas de observación que permiten entender cómo se configuró el paisaje. El paisaje es increíble y, además, desde aquí se puede ver una de las galerías que construyeron los romanos para que el agua desmontara las colinas. Otras panorámicas son las del Mirador de Reirigo, el de Las Pedrices o el de Chao de Maseiros, todas con sus propias sendas para disfrutar del paisaje. Aunque lo mejor es contemplarlas al atardecer, cuando la luz dorada del sol tiñe de tonos rojizos las caprichosas formaciones, contrastando con el verde de la frondosa vegetación que las envuelve.

Además, hay otras fortalezas convencionales como el Castillo de Cornatel, que se alza sobre la silueta de una roca, una huella del paso de la reconquista cristiana y en particular de la Orden del Temple. Después se convirtió en un palacio, el del Conde Lemos, aunque fue destruido en la Revuelta Irmandiña, el levantamiento popular contra los nobles que asoló parte del noroeste peninsular en el siglo XV. Hoy, reconstruido, se puede visitar y contemplar desde lo alto todo el valle occidental del Bierzo.

Ponferrada: un castillo, tardes de vinos y muchos museos

Ponferrada, la capital del Bierzo es parada necesaria: su castillo obliga. Esta impresionante fortaleza es el símbolo de la comarca, con su altura, su patio de armas y su monumentalidad. Se dice que es del siglo XII y lo pusieron en pie los templarios para proteger a los peregrinos que caminaban hacia Santiago.

Detrás del castillo se organiza el casco antiguo, en forma de calles estrechas y empedradas, y en lo alto, la basílica de la Virgen de la Encina o de La Morenica, patrona de El Bierzo, dominando la ciudad. Pero tal vez lo mejor de Ponferrada sea el ambiente de sus calles al anochecer, cuando todo el mundo sale de pinchos y de vinos por los muchos bares que hay para elegir en torno a la plaza del Ayuntamiento. De la ciudad medieval que fue, Ponferrada solo conserva una puerta: el Arco de las Eras, del siglo XV; y, sobre ella, la Torre del Reloj, uno de los iconos de la ciudad.

La visita se completa con tres museos especialmente interesantes. El primero es el de la radio, puesto en marcha por el periodista Luis del Olmo, con todo tipo de dispositivos antiguos, que nos cuenta la historia de este medio de comunicación. Otro es el del Ferrocarril y está situado en la antigua estación de tren entre Villablino y Ponferrada, que se usó para dar salida al carbón de las cuencas mineras. Por último, el de la Energía, en la antigua central térmica de la Minero Siderúrgica de Ponferrada (la MSP), estuvo en activo hasta 1971 y fue una de las claves del desarrollo de la ciudad.

El valle del Silencio: la Tebaida berciana

Desde Ponferrada, hay que dejar las grandes carreteras y perderse en dirección sur para descubrir sus valles más olvidados. Es lo que se conoce como la Tebaida leonesa, declarada “paisaje pintoresco”. Son rincones casi escondidos, como el valle del Oza, en el que se tiene la sensación de ser los primeros en llegar. Probablemente todo sigue aquí como hace siglos: pequeños pueblos en medio de frondosos bosques. Esta fue tierra de eremitas y de hombres que movidos por la religión se recogían en solitario en sus refugios durante la Alta Edad Media. Ascetas cristianos, de los que San Fructuoso (siglo VII) es un buen ejemplo: él fue el primero en llegar hasta aquí y fundó el monasterio de San Pedro de Montes. Hoy todavía se puede llegar hasta este cenobio olvidado por una carretera que exige pericia y paciencia, pero que permite ir despacio disfrutando simplemente con la contemplación de los valles y de los bosques de robles y castaños.

Desde San Pedro de Montes, se contempla un paisaje increíble. Todo aquí es pequeño: un pueblo presidido por una torre románica, un monasterio con vestigios prerrománicos y medievales y los restos de unos curiosos canales que transportaban agua a las minas de Las Médulas. Estamos en el valle del Silencio, una zona de ermitaños y cuevas a las que se puede llegar por una ruta de montaña desde Peñalba de Santiago.

Peñalba es la gran joya del Valle del Silencio, un pueblo increíble con la arquitectura típica de la zona: con cubiertas de pizarra y balconadas de madera. Entre estas calles se llega a la iglesia mozárabe de Santiago (siglo X) con una entrada en forma de arco de doble herradura y, dentro, grandes arcos de herradura y un doble ábside. La iglesia de Peñalba es un verdadero viaje en el tiempo, al de aquellos mozárabes, cristianos que convivieron con los árabes y que se empaparon de muchas de sus costumbres y elementos artísticos y de construcción.

El paso del Camino de Santiago: Molinaseca

El Bierzo es también parte del Camino, que cruza la comarca desde Astorga hasta salir por O Cebreiro para enfilar ya la recta final por tierras gallegas. Cerca de Ponferrada, Molinaseca es uno de los pueblos más populares y típicos del Camino de Santiago, con una Calle Real armoniosa que es la propia ruta jacobea. Estamos al principio del valle del Meruelo, que se cruza por un puente medieval y que en verano se llena de peregrinos, que además de cruzar el pueblo, se detienen a darse un chapuzón en la playa fluvial, a la sombra del conjunto que forman el puente y la iglesia de San Nicolás, una de las imágenes más fotografiadas de El Bierzo. Es un pueblo lleno de albergues, hostales y restaurantes.

De Molinaseca salen otras muchas rutas senderistas, algunas muy sencillas como la de Las Puentes del Malpaso, junto por la ribera del río Meruelo. El acebo de San Miguel, Manjarín, Foncebadón o Rabanal del Camino son otros pueblos del Camino de Santiago ya entrando en la siguiente comarca, la Maragatería, que merecen la pena.

La herrería de Compludo

Desde el Acebo de San Miguel una carretera local nos lleva a Compludo, un punto final para la ruta berciana. Escondida en un bosque de fresnos y chopos, es una verdadera obra de ingeniería hidráulica y mecánica del siglo XIX, que heredó todo el know how de las fraguas medievales de la zona desde los primeros años de la Edad Media.

Junto a la fragua, están las cascadas por las que también es conocida la zona. Y en el pueblecito de Carracedo de Compludo, un sendero de unos tres kilómetros lleva al salto de agua más espectacular de toda la comarca: la cascada del Gualtón, que cae desde unos 30 metros de altura.

Uno de los pueblos más largos de España

En el Bierzo Alto merece la pena llegar hasta el final de los caminos. Desde Bembibre descubriremos pueblos como Igüeña, buena parada para darse un chapuzón en sus pozas, o curiosear por lo que queda de su tradicional dedicación a la minería (hay varios puntos donde se pueden contemplar vestigios de la extracción de oro).

El final del camino, Colinas del Campo de Martín Moro Toledano, es uno de los pueblos con el nombre más largo de España y es precioso, además de ser uno de los mejor conservados de la zona, protegido por la barrera natural de las cumbres de El Catoute y Arcos del Agua. También está rodeado por diferentes rutas de senderismo.

El pueblo resulta toda una sorpresa, perfecto para descubrir la arquitectura tradicional y popular berciana, como su arco de piedra, su puente medieval, la plaza de la iglesia con su porticado exterior o la ermita del Santo Cristo, situada a la entrada del pueblo.

Buen comer y mejor beber

El espíritu berciano (buen comer y mejor beber) tiene su embajada en un clásico: Prada a tope, que ha conseguido llevar los productos de su región desde la tienda original en Cacabelos a toda España. Para probarlos in situ es imprescindible acercarse al Palacio de Canedo, un complejo restaurante-hotel-bodega, instalado en un edificio monumental que lleva, al menos, tres siglos dedicado a los viñedos. Hoy la bodega de los Señores de Canedo está convertida en una tienda donde comprar lo mejor del Bierzo, en un restaurante con diferentes espacios, y en un hotel lleno de encanto con 14 habitaciones (La posada del Palacio de Canedo).

Otra referencia mítica para gourmets en El Bierzo es el Mesón Real de Molinaseca, en pleno Camino de Santiago. Y en Ponferrada es fácil comer de tapas y vinos, pero también hacerlo en buenos restaurantes. Esta de moda La Tronera del Bierzo, en Villadepalos, a 15 minutos de Ponferrada, con un buen menú degustación. Es un hotel rural con encanto y restaurante que ha merecido estrella una Michelín y un Sol Guía Repsol en la última edición. Otro restaurante con estrella Michelín es el Muna, la gran referencia ponferradina del buen comer, en la Casa de Las Bombas, frente al Castillo de los Templarios. Y también en la línea gourmet, el Casa Aníbal que desde Igüeña se ha trasladado recientemente a Ponferrada, a la calle del Reloj, con el mismo planteamiento de platos tradicionales bercianos con un toque moderno. 

TITULO : Escala humana -  Impaciencia .  , Miercoles - 11 - Febrero ,.  


El Miercoles  - 11 - Febrero a las 21:00 por La 2, foto,.

 

 Impaciencia ,.

 

 Impaciencia — alberto moreno gámez

Voy a empezar por el principio, o bueno en realidad en el orden en el que he decidido que os voy a contar otra nueva historia entre estudios, investigadores y sus teorías.

En la Universidad de Hawai, el psicólogo Leon James desarrolló una escala que me pareció muy curiosa cuando empecé a documentarme sobre la impaciencia. El nombre es “Escala del síndrome del peatón agresivo”. La idea es evaluar nuestro nivel de enfado y agresividad cuando nos encontramos a alguien por la calle que nos entorpece el paso. Me imagino que todos os habréis visto en la típica situación de ir con prisas a algún sitio, tener que atravesar una multitud de gente en la calle y como consecuencia desesperaros, e incluso actuar de una forma poco educada, o lanzando unos cuantos “disculpa” un poco más subidos de tono. Pues bien, esto tiene que ver con lo que en psicología se llama “Enfado por lentitud”, que es un fenómeno que no se limita sólo a los momentos en los que caminamos rápido por la calle, sino a cualquier otro tipo de lentitud en nuestro entorno que nos genera rabia y frustración: internet que va muy lento, colas que no se mueven en el supermercado, tráfico muy despacio, etc.

La paciencia es una virtud que parece haber desaparecido en la era de twitter y de instagram. Lo que ahora nos desespera seguramente sería visto como supereficiente para nuestros bisabuelos. Sin irnos tan lejos, en 2006 nos parecía lenta una página web que tardaba más de 5 segundos en cargar, en 2009 ya eran 2 segundos, y en 2019 nos molesta que una web no cargue instantáneamente.

Vamos a acudir de nuevo a la psicología evolucionista para encontrar explicaciones sobre nuestra impaciencia actual. Tenemos una especie de reloj interno, diferente al reloj biológico y los ritmos circadianos que muchos conocéis. Este reloj interno se encarga de indicarnos cuándo hemos empleado demasiado tiempo esperando algo y es el momento de movernos o ir a otra cosa. Durante cientos de miles de años, esta señal de impaciencia indicaba al homosapiens que era momento de abandonar una presa a la que se perseguía sin éxito, o dejar de intentar pescar en una zona después de varias horas. Así que la impaciencia actúa como una alarma en nuestro reloj interno que nos indica que estamos siendo improductivos.

Marc Wittmann es un psicólogo alemán que ha dedicado años a estudiar cómo percibimos el paso del tiempo, y coincide en que la impaciencia es una herencia evolutiva que nos aseguraba en mayor medida la supervivencia al no malgastar más tiempo de la cuenta en alguna actividad que no nos produce ningún tipo de recompensa o refuerzo. Forma parte de nuestro impulso a actuar y no esperar eternamente. Por supuesto que si una página web tarda unos cuantos segundos más en cargar, nuestra supervivencia no está en juego, pero como más de una vez os he contado, nuestro comportamiento esta tan moldeado por la evolución que reaccionamos de la misma manera que si nos enfrentáramos a una situación de hambre, en donde la impaciencia sería clave para activarnos y hacer algo diferente para encontrar comida.

Entonces este reloj interno que nos indica cuándo persistir en algo y cuándo abandonar funciona con una especie de equilibrio que nos garantiza en mayor medida la supervivencia. Y la velocidad a la que vivimos hoy día ha hecho que se desajuste este reloj interno. Nuestra altas expectativas sobre todo lo que tiene que ocurrir en nuestras vidas, el nivel de realización, satisfacción, entretenimiento que esperamos hace que no encontremos casi nunca suficiente recompensa, o no lo suficientemente rápido. Cuando algo ocurre con más lentitud de la que esperamos, nos desesperamos, reaccionando con un enfado y frustración en muchas ocasiones desproporcionado al verdadero retraso que ha ocurrido. Wittmann es de los que afirma que todos estos cambios nos están convirtiendo en una sociedad más impulsiva y permanentemente insatisfecha.

James Moore es un neurocientífico de la Universidad de Londres que ha estudiado la relación entre el tiempo y las emociones. Plantea que cuando decidimos hacer algo tenemos unas expectativas sobre cuánto tiempo nos va a llevar realizarlo. Así que la frustración y el enfado vienen cuando no se cumple lo que esperábamos. Y en otro estudio que llevó a cabo el psicólogo Robert Levine y su equipo en los años 90 pretendían ofrecer más medidas acerca de cómo evoluciona nuestro ritmo de vida. Se centraron en cronometrar a personas elegidas al azar en la calle para ver el tiempo que empleaban en recorrer andando 20 metros. Y lo hicieron en más de 30 ciudades en todo el mundo. Por daros algunos datos, en lugares como Alemania y Japón la media fue de 12 segundos, en Grecia y Costa Rica de 13 segundos, y en Brasil y Siria de 16 segundos. Aparte de las diferencias entre ciudades que parece estar relacionado con factores culturales, es interesante señalar que 10 años después volvieron a tomar las mismas medidas y la velocidad había aumentado un 10% en prácticamente todos los lugares. No he encontrado nuevas revisiones pero me temo que ya estaremos cerca de las marcas del gepardo en libertad. Me detengo un poco más en Robert Levine, que por cierto falleció con 74 años el pasado mes de agosto, por un artículo que escribió en 2013 que me ha impresionado bastante. En realidad es un informe que envió a Naciones Unidas llamado “Uso del tiempo, felicidad e implicaciones en políticas sociales” en el que hace un repaso muy lúcido a los problemas que genera el estilo de vida al que parece que se encaminan todas las sociedades económicamente desarrolladas. Son sólo 12 páginas en inglés, fáciles de leer y que os darán mucho que pensar. Tenéis por supuesto el enlace al artículo en las notas.

Avanzo un poco para daros más argumentos sobre por qué nuestro ritmo de vida acelerado está perjudicando nuestra capacidad para ser personas pacientes. Esta frustración y enfado, lo que yo llamaría la antipaciencia, tiene además el efecto de sabotear nuestro reloj interno, además de distorsionar nuestra percepción temporal. Todos hemos experimentado y sabemos lo relativo que puede ser la percepción del tiempo. Nuestra experiencia es tan subjetiva que hay situaciones que parecen alargarse eternamente en el tiempo y otros momentos que pasan en un suspiro. Las emociones intensas son las que más afectan a esta percepción. Si sentimos ansiedad y miedo por ejemplo a hablar en público y es nuestro turno, los segundos se alargan y estiran como si fueran minutos. En situaciones intensas en las que nuestra vida peligra, como en un accidente de tráfico, solemos experimentar el momento a cámara lenta. Y no es que nuestro cerebro sea el que se acelere en esas situaciones. La percepción temporal se distorsiona por lo intensas que son estas experiencias. Cada vez que nos enfrentamos a una amenaza todo parece nuevo y vívido, los sentidos se agudizan, la atención se focaliza, y almacenamos gran cantidad de recuerdos significativos, en parte por lo relevantes que pueden ser en términos de supervivencia. En definitiva, nuestro cerebro nos engaña haciéndonos pensar que ha pasado más tiempo del que realmente ha pasado. 

Hay una zona del cerebro llamada corteza insular que está muy conectada con el sistema límbico, nuestro centro emocional. En esta región del cerebro se mide el paso del tiempo al integrar muchas señales motoras y sensoriales que provienen del cuerpo: palpitaciones, acaloramiento, sudor, dolor, etc. Si el cerebro recibe tal cantidad de señales en pocos segundos, nos hará creer que ha pasado más tiempo por lo significativa que ha sido la experiencia, o por lo incómodo que nos resulta ser tan conscientes de todas estas señales.

Parece que me he ido un poco del tema, pero no es así. Recordad, la impaciencia nos invade cuando sentimos que estamos perdiendo el tiempo o dejando pasar más de la cuenta en algo improductivo. Y que no tenemos un reloj digital en nuestra cabeza sino que el cerebro recibe miles de señales cada segundo con las que calcula cuánto tiempo ha pasado. Una de las señales más significativas esta siendo alterada por el ritmo frenético que llevamos en nuestras vidas. James Moore y su equipo han mostrado que el tiempo parece avanzar más rápidamente cuando hacemos algo que tiene una consecuencia directa en nuestro entorno, a esto le han llamado la “vinculación temporal”. Lo contrario también ocurre, si sentimos que no tenemos control sobre los eventos, es como si el tiempo pasara más despacio, algo que desespera y exaspera a muchos. Tenemos tal cantidad de opciones para interactuar y controlar nuestro entorno actualmente, pensadlo: de manera inmediata podemos contactar con personas por mensaje, llamadas o videollamadas; nos desplazamos de una forma hipereficiente en comparación con nuestros ancestros, coches, motos, trenes, aviones, y ahora tendríamos que añadir también patinetes; obtenemos en segundos o minutos comida de nuestra elección en bares, restaurantes o máquinas de vending; podemos comprar ropa y todo tipo de tecnología al instante o hacer un pedido por internet que a veces tarda un día o incluso menos.

¿Hay alguna forma de volver a resetear nuestro reloj interno? Pues hay algunas cosas que podemos hacer sin necesidad de hacernos ermitaños e irnos a vivir a las montañas para alejarnos de la civilización. Pero primero os menciono uno de los enfoques que ha demostrado fracasar en esto de convertirnos en seres más pacientes, y controlar la inmediatez de nuestras vidas, y todos estos impulsos que nos llevan a querer y tener ya en el momento lo que deseamos. Es la fuerza de voluntad. Podemos usarla para contener nuestras emociones y nuestros deseos de inmediatez, pero el resultado suele ser un efecto rebote. Esto nos genera más estrés que otra cosa. Emplear la fuerza de voluntad en una cosa hace que seamos más susceptibles de caer en la siguiente, así que es una batalla perdida. O al menos no puede ser la única arma que tenemos. 

Cada vez hay más estudios que muestran cómo la meditación y el mindfulness (que es básicamente la práctica de llevar la atención al presente) ayuda y mucho con la impaciencia. Todavía no tenemos muy claro por qué. Podría ser porque los que practican ejercicios de meditación son más capaces de lidiar con la impaciencia por pura práctica, en cada ejercicio de meditación se enfrentan a ella. La filosofía que sustenta el mindfulness o atención plena, es la de aceptar el momento presente y todas nuestras emociones y pensamientos, tal y como son, sin intentar cambiarlas.

Y también es necesario decir, y por mi práctica clínica lo puedo confirmar, que a las personas más impacientes les cuesta especialmente la práctica de la meditación de forma regular. Hay algunas ideas más que pueden ayudar a estas personas. La estrategia sería combatir emociones con emociones. David DeSteno es profesor de psicología en Boston y uno de los que propone que la gratitud puede ser uno de los mejores atajos mentales para conseguir ser más pacientes. Ha comprobado en diferentes estudios como un simple ejercicio escrito de gratitud hacia algo en sus vidas, les ayudaba a aplazar recompensas más inmediatas por otras mejores que requerían esperar algún tiempo. La gratitud es una emoción potente contraria al enfado y frustración generado por la impaciencia. Si lo pensáis, es un ejercicio mental en el que valoramos muchas cosas en perspectiva, especialmente aquellas que vivimos como un regalo, el cariño de una persona, la ayuda de los compañeros, o todas esas situaciones que nos permiten disfrutar de la vida. En un mayor estado de gratitud es más fácil desactivar nuestra ira y urgencia por cosas insignificantes a las que erróneamente concedemos más importancia de la que tienen o se merecen.

 

TÍTULO: LA MAQUINA DE ESCRIBIR - Esta noche, 'En primera línea -  El error de Feijóo  ,.

LA MAQUINA DE ESCRIBIR - Esta noche, 'En primera línea  - El error de Feijóo  , fotos.

 

El Miercoles - 11 - Febrero  a las 22:00 por antena 3,.

 

 

El error de Feijóo,.

«Feijóo será un gran presidente del Gobierno, pero debe tener claro que para Sánchez no hay ni reglas ni cortesía»,.

 Image of Alberto Núñez Feijóo: "Cuando gobierne, el español no será una lengua extranjera en Cataluña" | España

Alberto Núñez Feijóo​ ,.

No entiendo qué le aporta acudir a una reunión con Sánchez, en pleno ciclo electoral, para perder el tiempo y dar argumentos en su contra a Abascal. Ni siquiera creo que existan claves ocultas que no conocemos. No hay día que no sufra ataques de la televisión y la radio de Sánchez que pagamos todos los españoles. Tras reciclar el NO-DO con una versión cutre sanchista y llenar las tertulias de activistas no sé qué más puede suceder para que Feijóo rompa cualquier atisbo de relación con La Moncloa. Los medios de comunicación públicos y privados que forman parte del aparato propagandístico del sanchismo no le dan cuartel, porque se juegan muchos centenares de millones. El Gobierno actúa de espaldas al Congreso y desprecia al Senado. Los ataques al Estado de Derecho y la separación de poderes son permanentes. Ha aprobado una vergonzosa amnistía que reescribe la Historia, el representante socialista tuvo un comportamiento deleznable con Rajoy en el Congreso y ahora quieren llevarle para masacrarlo con la Dana. El sanchismo está desbordado por los escándalos de corrupción y acoso sexual. La gobernabilidad se negocia en las covachuelas y se cede ante los independentistas, los comunistas y los antiguos dirigentes del aparato político y militar de ETA.

 

¿Qué más tiene que suceder para que Feijóo diga a Sánchez, sin necesidad de reunirse con él, que no es no? No se trata de cortesía institucional, porque no se puede tener con alguien que no la muestra nunca con él. Extremadura expresó, con voz alta y clara, el rechazo al sanchismo. El centro derecha consiguió el 60 por ciento de los votos. La reunión solo favorece a Vox, que puede insistir en sus críticas contra el PP. Es, además, absurda, porque Sánchez hace la política exterior que le da la gana sin consensuar nada con nadie. Al final, el PP se convierte en el tonto útil al que convoca cuando le conviene por motivos propagandísticos o se queda sin posibles aliados dentro del frente radical. No importa que le diga que no en la reunión o le exija cosas que no cumplirá, porque el error es acudir a ella. Feijóo será un gran presidente del Gobierno, pero debe tener claro que para Sánchez no hay ni reglas ni cortesía.

 

TITULO:  ESPAÑOLES POR EL MUNDO  -  Shanghai  ,.

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 Shanghai, Andalucía por el Mundo vuelve a China más de una década después

foto / Un viaje que regresa a China más de diez años después para descubrir una de las ciudades más modernas, frenéticas y pobladas del planeta de la mano de andaluces que han hecho allí su hogar.

Nuestro reportero Rafa Posadas recorre los puntos más emblemáticos de la ciudad más grande de China, conocida como la perla de Oriente, y se adentra en su cultura, tradiciones y contrastes gracias a los testimonios de los andaluces por el mundo que viven en Shanghai.

La visita comienza en Nanjing Road junto a Rafael Montesinos, un cordobés de 38 años que lleva una década residiendo en la ciudad. Con él conoceremos el Bund, disfrutaremos de las mejores vistas de Pudong y degustaremos la gastronomía china en compañía de su mujer, nacida en este país.

El segundo protagonista es Daniel Espinar, andaluz de 36 años y graduado en Estudios de Asia Oriental, que vive desde hace cuatro años en Shanghai. Nos llevará al templo Jing’an y a los jardines Yuyuan, donde conoceremos de cerca la arquitectura tradicional china.

La rondeña Alba Naranjo, de 29 años, será la tercera guía del programa. Enamorada de la cultura asiática, nos descubrirá el mercado de los solteros de People Square, donde practicaremos taichí y conoceremos curiosidades del idioma chino. Además, pondrá a prueba a Rafa Posadas con una experiencia gastronómica poco habitual: gusanos, larvas y saltamontes.

La aventura finalizará con Montse Soto y Jordi Blanco, dos marbellíes que llevan tres y cuatro años respectivamente en Shanghai. Con ellos visitaremos el barrio alternativo, el Templo del Buda de Jade y disfrutaremos del espectacular skyline nocturno de Pudong.