TITULO: A vivir que son dos días - A vivir - Cadena SER - Culturas 2 - Álvaro García Ortiz ,.
A vivir que son dos días - A vivir - Cadena SER,.
Escucha 'A vivir', con Javier del Pino, el programa líder de las mañanas del fin de semana en la Cadena SER.
Álvaro García Ortiz ,.
Christa Leem sobrevoló como un angelito sexy la Barcelona de los setenta, tan llena de roña. Murió joven, de cáncer dicen, aunque siempre estuvo fatalmente pillada por las drogas,.
Conocí a Christa Leem. La vi actuar varias veces en la Cúpula Venus, un teatrillo sumamente agradable del fondo de Las Ramblas. La cúpula, exactamente, de aquel Teatro Principal, el más antiguo de la ciudad. Pasé una tarde con ella para escribir una entrevista fieramente vanguardista en la que solo hice una pregunta. Era una gran monologuista. Pero su especialidad era desnudarse intelectualmente. No sabría decir, tantos años después, en qué consistía eso. Hay épocas en que se inventa mucho. Pero se desnudaba, esto era clave. Si no, los intelectuales no habrían ido. Tenía un cuerpo menudo, tierno y rubio, que movía con una gran seriedad erótica. Se nos instruía que lo importante era su acción y no lo que quedaba después de ella. Aquello de Barthes, vete a saber, el escote generoso de una mujer que camina con vigor bajo el cielo de París, ahora las veo ahora no las veo.
El poeta Joan Brossa fue el que la introdujo en los cenáculos y guionizó algunos de sus números. Era un hombre simpático y le gustaban mucho los juegos de manos, que practicaba con soltura. Su poesía era lo mismo. También pasé una tarde con él, charlando sobre las palabras y las cosas. Ir a verle tenía un interés suplementario. La habitación donde trabajaba estaba llena de periódicos. Aunque mejor sería decir de papel de periódicos. Había periódicos del suelo hasta el techo, con un pequeño hueco para que dos personas hablaran en sus butacas y una mesa sobre la que el poeta trabajaba. Una suciedad hecha a conciencia. Había muchas bromas, porque brossa en catalán es broza y hasta basura. Y era una convención pensar en la esposa del poeta que, obstinadamente, quería entrar a saca en la habitación. Creo que acabó lográndolo y destruyendo, en consecuencia, aquel dinámico poema visual de su creativo esposo.
Christa Leem sobrevoló como un angelito sexy la Barcelona de los setenta, tan llena de roña. Murió joven, de cáncer dicen, aunque siempre estuvo fatalmente pillada por las drogas. De su huella frágil se ocupa ahora una bondadosa mafia llamada Un dels nostres, que da premios con el nombre de la artista. El de este año se lo han dado a un delincuente, el exfiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz. La asociación tiene antecedentes penales porque ya premiaron a Garzón, el delincuente liminar. Es coherente que en la entrega de este año posen junto a él los fiscales Mena y Villarejo, que siempre practicaron una justicia política e incluso alguna injusticia. Pero ver a Christa en ese cubil... Hombre, hombre. Solo espero que la estatuilla del premio la hayan sacado de algún boceto de Brossa que juguetee con la cegada Justicia de La nave de los locos. Y en vez de la venda un tanga.
