jueves, 24 de septiembre de 2026

Los pilares del tiempo - Tore Skeie, experto en vikingos: «Veían a Jesucristo como un dios feroz que castigaba con fuego infernal» ,. / REVISTA QUO - La ficha social ,.

 

TITULO : Los pilares del tiempo -   Tore Skeie, experto en vikingos: «Veían a Jesucristo como un dios feroz que castigaba con fuego infernal»   ,. 

 Los pilares del tiempo -   Tore Skeie, experto en vikingos: «Veían a Jesucristo como un dios feroz que castigaba con fuego infernal»,.

Tore Skeie, experto en vikingos: «Veían a Jesucristo como un dios feroz que castigaba con fuego infernal»,.

El historiador presenta en España 'La era del lobo', un ensayo en el que analiza cómo los reyes escandinavos pasaron de los robos y las razias a regir reinos,.

Tore Skeie, el autor de 'La era del lobo', durante la entrevista

El milagro se obró a la altura de Cádiz. Cuentan las sagas nórdicas, textos medievales a caballo entre la mitología y la historia, que corría el año 1015 cuando el noble vikingo Olaf Haraldsson tuvo su epifanía. Fue tras uno de sus violentos saqueos, mientras esperaba que el viento llevase a sus 'drakkars' a Gibraltar primero, y a Jerusalén después, para continuar con su rapiña. «Tuvo un sueño extraordinario: se le apareció un hombre de aspecto terrible que le dijo: 'Regresa a tu tierra, pues serás rey de Noruega para siempre'. Interpretó este sueño como una señal de que él y su descendencia reinarían sobre el país durante mucho tiempo», explicaba la crónica.

Tore Skeie, un metro noventa de historiador noruego especializado en la Edad Media, sonríe con sorna cuando recita este texto del siglo XIII: «Es una de las muchas invenciones de las sagas que han prevalecido hasta nuestros días. No actuó motivado por un impulso nacional, como se quiso explicar después, tan solo aprovechó que sus adversarios políticos estaban lejos para hacerse con el poder». Lo que sí sabe el autor de 'La era del lobo' (que acaba de llegar a España de la mano de Ático de los Libros) es que Olaf Haraldsson fue uno de los personajes que protagonizó la transición de la primera época de saqueos y razias hacia otra en la que los grandes guerreros escandinavos aspiraron a convertirse en reyes y asentarse en diferentes territorios.

«Olaf, como otros tantos vikingos, entendió que era mejor asentarse en un territorio concreto y parecerse a un monarca europeo al uso que robar y saquear»

Tore Skeie

Historiador

La consolidación de esta nueva era, confirma Skeie desde Madrid, es uno de los pilares de su ensayo: «Olaf, como otros tantos vikingos, entendió que era mejor asentarse en un territorio concreto y parecerse a un monarca europeo al uso que robar y saquear». El resultado se explica con muchos 'qués': qué nobles hicieron lo propio, en qué se apoyaron para conseguirlo –por ejemplo, la adopción del Cristianismo– y qué factores motivaron este cambio. «Con el libro quiero explorar el contexto internacional y económico de la época; demostrar que todo estaba interconectado a través del Mar del Norte. No podemos analizar esta época desde las narrativas inglesa, danesa o noruega, porque eran naciones que no existían entonces», finaliza.

Un cambio paulatino

Dice Skeie que el cambio no fue drástico, sino que se fraguó poco a poco desde que, en el siglo VIII, los vikingos asaltaran el monasterio inglés de Lindisfarne. Aquel fue el inicio de una era en la que los reyes marineros nómadas, cuyo territorio eran sus propias flotas de 'drakkars', se nutrieron de los robos, de la esclavitud (alrededor de un 25% de la población escandinava lo era) y de la extorsión. Años de violencia. «Por entonces, el poder descansaba en caudillos locales y en líderes de guerra que cooperaban entre sí. Durante dos siglos, muchos guerreros viajaron cada vez más lejos en busca de riquezas», señala a ABC. La conclusión es que las expediciones, el comercio y los combates adquirieron mucho peso para una sociedad que era, en esencia, agrícola.

Representación de un 'drakkar' vikingo
 
Representación de un 'drakkar' vikingo.

Entre los siglos X y XI, Escandinavia dio un giro. Skeie defiende que el paso de los nobles vikingos por la vieja Europa les convenció de que era más estable asentarse en un territorio, recaudar impuestos y controlar con correa corta a sus hombres. El modelo para forjar sus nuevos reinos medievales fue Inglaterra, en dónde se habían asentado a partir del 865 con la llegada del llamado Gran Ejército Pagano. El cambio, está convencido el experto, arrancó alrededor del año 1000: «Resulta paradójico, pero se convirtieron en lo mismo que fueron a conquistar». Olaf, el primer monarca que dominó toda Noruega, fue un buen ejemplo de este proceso. «Con el dinero de los saqueos tomó el territorio. Invirtió mucho dinero en ello: compró lealtades, reclutó un gran ejército...», sentencia.

Pero no todo fue dinero. Una de las armas que los reyes vikingos utilizaron para alumbrar esta nueva etapa fue el Cristianismo. Desde el siglo X, monarcas como Harald Dienteazul y Olaf Tryggvason adoptaron la Cruz como una herramienta más de cohesión social y legitimación de su poder. A ellos les siguió el propio Olaf Haraldsson, quien, aunque «era creyente» según Skeie, vio en esta religión una forma de europeizarse. «Llegó con monjes y sacerdotes a Noruega y luchó para cristianizarla; luego inició el proceso para terminar con el politeísmo en la zona. Se buscaba que la Iglesia pudiera ejercer el poder único», desvela. Aunque insiste en que fue un cambio gradual. «No se dio de un día para otro, pero poco a poco ayudó a homogeneizar a la sociedad», finaliza.

La adopción de figuras como Jesucristo fue también gradual y, durante dos siglos, entre el X y el XII, convivió con dioses escandinavos como Odín. Seike confirma que en principio se le conoció como 'Hvíta-Krist' ('Cristo Blanco') y que tenía poco que ver con el actual: «Se le representaba como un guerrero que daba a sus seguidores la victoria en el campo de batalla y castigaba a sus enemigos con el fuego del infierno. Era muy feroz, como lo eran los antiguos dioses nórdicos».

Olaf no fue el único en cristianizarse. Al este, Canuto el Grande, monarca de Inglaterra, Dinamarca, Noruega y parte de Suecia, se valió también de la religión como elemento de cohesión social. «Fue otro ejemplo perfecto de este proceso», advierte Seike. Y lleva razón: descendiente de guerreros vikingos, conquistó Inglaterra en el año 1016 para, poco después, gobernar como un monarca europeo. «A la larga, integró el territorio en un imperio mucho más amplio y le entregó la ansiada paz que deseaba desde hacía largo tiempo. Además, no perdió sus raíces, pues reemplazó a la aristocracia inglesa por noruegos y daneses», finaliza.

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 La ficha social,.

Adivina, adivinanza: cómo se llama un régimen cuyo Ministerio de la Policía elabora ficheros ideológicos de los periodistas,.

Las fichas de la Social
 Marlaska,.

Pues a mí lo que me habría ofendido es no estar en la lista. El ninguneo siempre implica una mayor intención despectiva. Incluso esperaba algo más que unas tristes líneas escritas como con desgana por algún funcionario con escrúpulos ante la irregularidad de la tarea pedida. Éste es el aspecto más optimista del asunto: que se nota la incomodidad de los amanuenses ante un encargo propio de la Brigada Social franquista. Conscientes de la naturaleza vidriosa del compromiso parecen haberlo despachado con rutina, a riesgo de demostrar una comprensión lectora –o de escucha– parecida a la de los escolares del informe PISA. Pero ese detalle no le resta a la cuestión un ápice de trascendencia objetiva: se trata de que el Ministerio de la Policía elaboró en secreto una clasificación ideológica de los periodistas, sexándolos por sus opiniones como pollos de una granja avícola. Cuando llegó la democracia, Interior entregó su ficha como recuerdo a algunos dirigentes políticos y sindicalistas. Estoy pensando en pedirle a Marlaska el original de la mía. 

 Qué le estamos haciendo a Quo? - Quo

Al brillante colega Requeijo, autor de la exclusiva, le han asegurado que el ministro no ordenó ni autorizó el documento, al parecer idea de una colaboradora de rango subalterno. Si es verdad, y puede serlo, significaría que Marlaska desconoce lo que sucede en su departamento, razón por la cual tampoco se enteró de que los agentes de la lucha contra el narco están indefensos, ni de que la directora y algunos mandos de la Guardia Civil tenían contactos con los fontaneros de las cloacas del PSOE, ni de que sus hombres detectaron a tiempo la invasión de Ceuta desde Marruecos. Esto último sí lo supo Margarita Robles y se preocupó de dejarlo claro intuyendo, como magistrada de carrera, las responsabilidades penales que pueden derivarse de la inoperancia del Gobierno. Estas cosas son un poco más graves que hacer una taxonomía de los profesionales de los medios. Tan graves como para provocar dimisiones en cualquier país cuyos dirigentes públicos sientan algo de respeto por las reglas de juego y tengan algún sentido de los límites éticos.

Porque es ahí, en la ausencia de barreras morales, de convicción democrática o de simple pudor institucional o cívico, donde reside el verdadero problema, más que en la grosera división de articulistas y tertulianos entre afines y desafectos, amigos y enemigos. El recelo hacia la prensa y los intentos de controlarla, manipularla o intimidarla están en el código genético de todos los partidos y afloran indefectiblemente en cuanto alcanzan el poder ejecutivo. Lo que sucede es que el sanchismo ha dado al respecto un relevante salto cualitativo derivado por una parte de su concepto de la política como un estricto ejercicio propagandístico, y por otro lado de la obsesión autocrática por someter toda la escena pública bajo su dominio. En el periodismo sabemos que resistir esa presión es uno de los requisitos primordiales para ejercer este oficio. Y aquí seguimos, con o sin fichas, con o sin permiso.

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