TITULO: A vivir que son dos días - A vivir - Cadena SER - Culturas 2 - Jaime Oubiña, baratero Jugar a las chapas en el bar Miserias: tradición y anécdotas que marcan la Semana Santa en León,.
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Jaime Oubiña, baratero Jugar a las chapas en el bar Miserias: tradición y anécdotas que marcan la Semana Santa en León,.
fotos - Jaime Oubiña Rodríguez lleva un cuarto de siglo como baratero en el bar Miserias de León, el único de la capital que mantiene esta tradición de Semana Santa en la ciudad,.
«Llevo toda la vida en esto. Me enseñaron a jugar de pequeño y la mejor práctica que hay es organizarlas y ganar». Es el escueto resumen de Jaime Oubiña Rodríguez sobre su origen y trayectoria como baratero en el bar Miserias de León, el único de la capital con licencia para jugar a las chapas en Semana Santa sin tener en cuenta al Casino. Pero un cuarto de siglo da para mucho más, tanto que cuando se le pregunta por una historia o anécdota, no puede elegir entre tantas como atesora.
Son ya muchas semanas santas en el recuerdo de este leonés que trabaja en Madrid y vuelve siempre que puede a su tierra. Una fecha marcada en rojo es la que señala el comienzo de las partidas de chapas que no se pierde -salvo contadas excepciones- desde hace 24 años.
Jaime explica que, como baratero, él no tira las monedas pero que si alguien se lo pide «pues no quiero decir que alguna vez que digas que sí». Su papel es otro, organizar todo y llevarse un 10 por ciento de todo lo que se juega. Suena sencillo pero no lo es: «Tengo que repartir el dinero del tirador, si hay 100 tiradores y hay 500 euros, tengo que ponerlo en el suelo y entonces tiene que haber otros 500 hasta los 1.000».
Es en ese momento cuando comienza el juego. Explica Jaime que sólo se cambian 'las perras' de color cuando un tirador pierde y el siguiente quiere cambiar de color, entre rojas y negras. «Sólo hay una posición. Si va a cruces, tienes que poner la cruz por arriba y la cruz por abajo. Tienen que coincidir en el medio las dos caras. Y si vamos a caras, lo mismo: cara por arriba y por abajo, y en el medio que quedan las dos cruces».
Las normas del juego, aunque conocidas, quedan escritas en una pared junto al corro y el baratero es el único que decide a mayores: «A la voz de badajo queda anulada la jugada. Porque pega una chapa en el techo. Aquí mando yo y en otros sitios manda el baratero que esté, y a lo mejor lo permite. También es badajo si una moneda de las dos no pasa por encima de mi cabeza, queda todo anulado y nadie toca el dinero ni nada.»
«Primero casa la casa»,.
Jaime asegura que puede haber centenares de personas jugando aunque el corro del bar Miserias esté rodeado de unas 40 sillas: «La gente que está de aquí para fuera, hasta la puerta del bar, están jugando todos. Primero juegan los que están sentados, tienen preferencia. Luego, cuando ya acabo de casar el dinero, entre los jugadores que hay por fuera y por dentro en el corro, se pueden apostar el dinero por fuera. Pero primero casa la casa. Si tengo 1.000 en la mano tuyos, tengo que tener 2.000. Cuando estén los 2000 en el suelo, se empieza a casar todo por el bar».
Este veterano baratero explica como le llaman hasta desde la otra punta del bar: «¿Jaime, cuánto te queda? Que me conocen todos. Y les digo, por ejemplo, que me quedan 500 y ya con todo lo de fuera termino de casarlo todo».
Jaime casi deja los ojos en blanco cuando se le pregunta por historias y anécdotas: «Hay que estar aquí y verlo. Eso hay que vivirlo», contesta enigmático: «Se han jugado hasta la casa. Y el coche en la puerta...». Aunque considera que se sigue jugando mucho, según su experiencia, «era más cuando estaba la peseta. Es que los 30 euros antes eran 5.000 pesetas, y salías de fiesta con eso y no lo gastabas. Ahora, con 30 euros, vas al supermercado, compras dos barras de pan y dos lechugas y te los gastaste».
«Esto es el Miserias»,.
«Esto es el Miserias», comenta Javier, orgulloso de mantener la tradición en una cita al más puro estilo Las Vegas: «Quitando al Casino somos los únicos que llevamos las chapas en León capital».
Este juego típico de Semana Santa ha desaparecido de los bares de la capital y también de muchas otras localidades. Jaime entiende que las condiciones para albergarlo pueden tener algo que ver: «los locales tienen altura y unas dimensiones para sacar el permiso de la Junta. Y tampoco puede haber alguien con antecedentes penales», señala.
Este veterano baratero ya cuenta las horas para comenzar el primer corro, ya en la madrugada del miércoles al jueves. Una Semana Santa que, para muchos como Jaime, no sería la misma sin el sonido de las dos chapas chocando contra el suelo de su corro favorito.