EL CAFE MAÑANA - «Ya no nos dicen charnegos» , fotos.
Ya no nos dicen charnegos,.
Emilio Cordero, alcalde extremeño de Canovelles, cuenta su Procés,.
Emilio Cordero (Canovelles, 1971) pertenece a la popular familia de los Colilla de Ceclavín. Pero además de Colilla, Emilio es alcalde socialista de Canovelles, una ciudad de 17.000 habitantes cercana a Barcelona y unida a Granollers. Su abuelo Casiano era segador, cantaor y cantinero: durante la siega, llevaba consigo a su mula Coca cargada con una cantina desmontable, que instalaba por las noches en los campos de Ávila. Por el día segaba y por la noche despachaba vino de pitarra de Ceclavín y cantaba al estilo de Pepe Marchena.Emilio Cordero nació ya en Canovelles y su padre lo matriculó a los tres años en un escuela catalana para que se integrara. El niño aprendía catalán en el colegio y lo hablaba con sus compañeros, pero en casa, los domingos, su padre despertaba a la familia poniendo coplas en el tocadiscos y por la tarde, iban a todos a esperar el bus de Bernardo Rodríguez Ibarra, alias Ranchero, que llegaba desde Ceclavín cargado de paquetes de comida y de familiares. Si a esto unimos la visita al activo Hogar Extremeño de Canovelles y el aperitivo en los ochos bares ceclavineros de la calle Montserrat, se entiende que Emilio nunca perdiera sus raíces.
«No pierdes tus orígenes extremeños por mucho que quieras», reconoce mientras bebe un refresco en la terraza del bar La Pista de su pueblo. Desde niño, viene a Ceclavín todos los veranos. «Estaba aquí de junio a septiembre. Iba a cosechar higos con mi tío Miguel, a quitarle los chupones a los olivos y me marchaba llorando», recuerda emocionado.
Tras hacer la mili en Cáceres, volvió a Canovelles, donde trabajó en un taller, en la zona azul y de policía municipal y presidió durante 15 años la Colla de Diables de Canovelles, una entidad cultural muy catalana, pero llena de emigrantes. Y de la Colla a la política: en 2011, se presentó a concejal por el PSC y en 2016, accedió a la alcaldía de Canovelles.
Graduado en Educación Social y con un posgrado de Comunicación y Liderazgo Político, Emilio Cordero lamenta que el tema de la independencia de Cataluña sea más conflictivo en las familias que en el trabajo o en el ayuntamiento. «Han sido unas navidades jodidas con cuñados que no se han hablado», detalla.
«Esto ha sido en parte una moda más que una ideología. Muchos se hacían independentistas por lo que pasaba, no por lo que pensaban», opina e ironiza: «Ya no nos dicen charnegos, ahora nos dicen: Súmate». Cree que se puede hacer un referéndum, pero acordado y constitucional: que vote toda España, no solo Cataluña. Estima que los encarcelamientos no se entienden en Cataluña: «La gente no comprende que los de La Manada estén en la calle y los políticos catalanes estén en la cárcel por prevención».
En Canovelles, tras la oleada de ceclavineros de los 60, ahora hay una oleada de inmigrantes marroquíes. Emilio compara ambas emigraciones: «Es un bulo que si vas con el pañuelo marroquí a los servicios sociales te den dinero. Las abuelas de Ceclavín iban también con su pañuelo y nadie les daba nada. Y cuando se critica que vivan 20 en un piso, recuerdo que nuestros padres, al principio, también se hacinaban en pisos. Y si sus costumbres nos molestan, no debemos olvidar nuestros velatorios en los domicilios, con decenas de personas llorando en las escaleras, y los vecinos no protestaban. A veces, quienes hemos sido emigrantes somos menos tolerantes con los nuevos emigrantes».
TITULO: SILENCIO TARDE - «La foto está en la calle»,.
SILENCIO TARDE - «La foto está en la calle» , fotos.
La foto está en la calle,.
El paparazzi Sergio Garrido es el protagonista de 'Misión exclusiva', donde cuenta su último verano persiguiendo famosos en Ibiza. El programa se estrena hoy en Cuatro,.
-¿Cómo empezó en el oficio?
- La verdad es que la fotografía me ha dado igual siempre. Nunca me ha gustado. Dejé la noche, de trabajar en locales de copas, y me compré una cámara. No empecé porque tuviera pasión por ello, sino porque realmente era una salida a una rutina de la que estaba cansado. Me fui primero a Barcelona, luego a Nueva York y más tarde a Ibiza.
«Si noto que un famoso está molesto, me piro. Intento hacer el menor daño»
- ¿Ha llegado a sentir miedo? - En mi profesión se siente miedo, se siente nostalgia, porque estás muchas veces solo. Cuando tienes hijos, como es mi caso, echas mucho de menos a la familia, porque te quita mucho tiempo de estar con ellos. Es un trabajo muy dependiente. Ser paparazzi es algo que engancha y un modo de vida.
- ¿Qué es lo más importante en la profesión?
- La información. Con ella llegas a todos lados. Mi labor principal es buscar informadores. Yo me monto en un taxi en cualquier lado del mundo y le digo que cuando se monte un famoso me llame. Hago autostop en Ibiza, y ya estoy informado para toda la vida. Me siguen llamando porque me porto muy bien con ellos. La gente busca dinero, y la información se paga.
- ¿De cuántas fuentes dispone?
- Puf, no sabría decir un número. Tras los siete años que llevo trabajando en esta profesión, tengo muchísimas fuentes e informadores. También van cambiando. Hay gente que te interesa porque está en un sitio trabajando, y lo deja y ya no puede darte información. La información hay que renovarla.
- ¿Cómo se organiza?
- Me levanto por las mañanas, cojo el teléfono y empiezo a llamar. El resto del día, prácticamente en la calle. La foto está en la calle. En casa no te llega. Hay que salir fuera, rastrear y moverse mucho, aparte de conseguir información y de hacer guardias en los sitios de moda. En el programa se verá todo, desde cuando te llega la información hasta cuando se finaliza la foto y se vende.
- ¿Qué es lo que más le gusta de su trabajo?
- El tema económico está muy bien, pero a mí lo que me gusta es hacer el trabajo bien. Al principio sí pensaba en el dinero, pero ya no.
- ¿A cuánto le pagan la foto?
- Eso se verá en el programa.
- ¿Alguna vez se ha sentido como un ladrón de privacidades?
- Nunca. En este mundo, cuando te pones a trabajar hay mucha gente que te utiliza. También hay personajes que se sienten molestos, y entonces yo cojo y me piro. Intento hablar con ellos para que no lo estén, y si no lo consigo, me retiro. Intento hacer el menor daño posible. Ya se verá en el programa. Lo hago por satisfacción personal.
- ¿Cómo ha llevado ser el 'perseguido' durante esas semanas?
- Ni lo he notado. Tengo un equipo tan maravilloso que solo me daba cuenta cuando me decían «espera, espera». El tercer día me había olvidado de que había un cámara detrás.

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