TÍTULO: ENREDATE, CRISTINA GRAU, ESCRITORA,.

" Daysi me sano el corazón y me destrozó el moboliario,."
Daysi. Memorias De Una Cerda Ibérica-foto
Me llamo Daysi y soy una cerda morena y bajita. Desde que recuerdo todos se ríen cuando me ven aparecer.

Me llamo Daysi y soy una cerda morena y bajita. Desde que recuerdo todos
se ríen cuando me ven aparecer. No lo entiendo. No soy mal parecida: mi
piel, de un gris plomizo, brilla; mis patas son robustas; tengo las
pezuñas cortas y bien formadas y todos alaban mis largas pestañas. Pero a
la mayoría de ellos o les doy miedo o risa. Claro que también hay otros
a quienes les despierto el apetito, aunque es un decir, ya que todos me
quieren».Estas son las cómicas, tiernas y verdaderas memorias
de Daysi, una cerda ibérica que con dos meses de edad escapó a su
destino. Fiel escudera de su dueña, pareja de hecho de Perro Palo y
amante de Venancio, un triste cerdo «desenfocado», ejerce una poderosa
influencia sobre su entorno y los seres que la rodean.Sociable, curiosa y
terca por naturaleza, acude a eventos donde no siempre es bien
recibida. Atenta a los variables estados emocionales de su dueña, y
obsesionada por conseguir una alfombrilla dentro de casa junto a su
amado Perro Palo y al gaterío que vive junto a la escalera, su
voluminosa presencia nunca pasa inadvertida provocando cataclismos,
risas, ternura y emoción,.
TÍTULO: MUY HOMBRES,.
Eso de mentar la
“testosterona” y los “cojones” para
hablar de la paternidad y la igualdad
puede ser vulgar, pero también muy
eficaz para transmitir determinado
mensaje. Por eso me ha encantado el
atrevimiento de Miriam González,
la abogada española casada con
el viceprimerministro británico
y líder del Partido Liberal, Nick
Clegg, para hablar de masculinidad
con tales palabras. No solo lo ha
explicado muy bien, sino que le ha
entendido todo el mundo, incluidos
los británicos que, como el resto del
planeta, tienen los “cojones” entre
su escaso vocabulario español. González pidió la
palabra en una conferencia en Londres en la que
participaba su marido para afirmar que “el cuidado
de los hijos no afecta al nivel de testosterona” y que
“los hombres que tratan a sus mujeres como seres
iguales son quienes tienen más cojones”.
Y lo hizo
porque su marido está impulsando políticas de
permisos de paternidad desde el ejecutivo presidido
por David Cameron y, además, se ha enfrentado a
alguna polémica por el mucho tiempo dedicado a
ejercer de padre de los tres hijos de la pareja.
A mayor igualdad de trato, mayor
seguridad en sí mismo, estoy de acuerdo. De la
misma forma que cuando un hombre presume de
su lado femenino, lo escribí en el último artículo,
es porque está muy seguro de su masculinidad. Y el
cuidado de los hijos ha sido visto hasta ahora como
algo muy femenino. De ahí que los hombres más
inseguros aún se sientan incómodos con la presión
social en contra de la exhibición pública de una
paternidad entregada. Que duden de los efectos de
su imagen amorosa al lado de los niños.
Que sigan
sufriendo de comentarios maliciosos, de bromas, de
indirectas, sobre su masculinidad cuando sacrifican
otras actividades por el cuidado de sus hijos. En ese
ambiente, es reconfortante que parejas poderosas
y carismáticas como la formada por Miriam y Nick
Clegg tengan una actitud activa en favor de un
cambio de la imagen pública del hombre paternal.
Porque a las mujeres se nos olvida
demasiadas veces que los estereotipos sociales
también les persiguen a ellos. Y que la dudosa
masculinidad asociada a la entregada paternidad es
uno de ellos. Y con las mujeres en primera línea de
cuestionamiento, como lo prueba el hecho de tantas
que miran con aire de sospecha a los perfectos amos
de casa. ¿Será gay, afeminado, rarito, dominado por
su mujer? Pues no, muy hombre, más bien, como
dice Miriam González de su marido.
Echo de menos
en el otro lado a hombres que hablen de los “ovarios”
o de lo que sea el equivalente de los “cojones” para
defender la feminidad de las mujeres que mandan
ejércitos, o juegan al fútbol o al rugby, o conducen
camiones, o compiten para ganar, o valoran el
físico de los hombres, o gustan de imponer sus
opiniones. También se cuestiona su feminidad y no
veo por ahí a hombres que, como Miriam González,
cuenten al mundo que esas mujeres tan decididas y
rompedoras lo son porque están doblemente seguras
de su feminidad. O porque tienen más “ovarios”.
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