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| Fernando Savater | |
|---|---|
| Nacimiento | 21 de junio de 1947 (66 años) San Sebastián |
| Ocupación | Filósofo, escritor, activista |
| Nacionalidad | |
| Género | Ensayo, artículo |
| Premios | Ortega y Gasset, Planeta, Anagrama Ver todos |
| Sitio web oficial | |
Biografía
Hijo de un notario de San Sebastián, fue alumno de los marianistas de Aldapeta,1 2 y desde niño un voraz lector, sobre todo de literatura popular e historietas, gusto que nunca perdió y al que le ha dedicado frecuentemente ensayos. A los trece años su familia se instaló en Madrid, donde terminó el bachillerato en el Colegio del Pilar.1 Sintió también afición por el teatro y estuvo en algunos grupos de aficionados.Estudió Filosofía en la Complutense de Madrid. Trabajó como profesor ayudante en las facultades de Ciencias Políticas y de Filosofía de la Universidad Autónoma de Madrid, de donde fue apartado de la docencia en 1971 por razones políticas; también fue profesor de Ética y Sociología de la UNED y en la del País Vasco durante más de una década. En octubre de 2008 se jubiló de la cátedra de Filosofía en su alma máter. Colaborador habitual del periódico El País desde su fundación, es codirector junto a Javier Pradera de la revista Claves.
Ha formado parte de varias agrupaciones comprometidas con la paz y en contra del terrorismo en el País Vasco, como el Movimiento por la Paz y la No Violencia, el Foro de Ermua, y actualmente de ¡Basta Ya!, asociación que recibió del Parlamento Europeo el Premio Sájarov a la defensa de los derechos humanos. También pertenece al partido político Unión Progreso y Democracia.
Obra
Su obra, compuesta por medio centenar de obras e innumerables artículos periodísticos, ha sido traducida al inglés, francés, sueco, italiano, portugués, alemán, japonés y danés. Ha obtenido numerosos premios entre los que destacan el Nacional de Ensayo 1982, el Anagrama por Invitación a la ética, el Francisco Cerecedo de periodismo y el Planeta 2008 con La hermandad de la buena suerte (en 1993 había sido finalista de este galardón con su novela epistolar El jardín de las dudas, sobre uno de sus autores preferidos, Voltaire; aquel año el premio se lo llevó Mario Vargas Llosa con Lituma en los Andes).3 De pensamiento en sus inicios afín al de Friedrich Nietzsche (Panfleto contra el todo), se le debe la traducción y divulgación en el mundo hispánico de la obra de uno de los pensadores más notables del nihilismo contemporáneo, Emil Michel Cioran.Destaca su interés en acercar la filosofía a los jóvenes, con obras como Ética para Amador, uno de los libros más leídos de filosofía, Política para Amador o Las preguntas de la vida; también defiende la cultura popular por expresar la vitalidad juvenil, desde las novelas de aventuras, los cuentos fantásticos, y los relatos de terror al cómic y los juegos de rol.
Fernando Savater también se ha preocupado por el tema de la educación: en El valor de educar (1997) aborda este tema con analogías y un lenguaje rebuscado, pero que al mismo tiempo lo hace motivador e interesante. Este libro, dirigido especialmente a los maestros de educación básica y educación media de México, fue un encargo de la profesora Elba Esther Gordillo para motivar a los profesores a "hacer del niño una fábrica de conocimientos y no sólo un depósito de basura"4 y presenta, además del análisis del autor sobre la educación y los diferentes enfoques que esta tiene en México, una importante recopilación de fragmentos escritos por pensadores de todas las épocas sobre la educación.
Pensamiento y estilo
Savater es un autor prolífico, que se define como un "filósofo de compañía", al estilo de los philosophes franceses, no como un Filósofo académico y con mayúscula. Su filosofía es ilustrada y vitalista; su forma de expresión, polémica e iconoclasta; sus opiniones a menudo navegan contra corriente. El estilo agudo, incisivo e irónico de Savater se aprecia de manera evidente en sus artículos periodísticos, el género que más le gusta escribir.Se confiesa influido por Nietzsche, Cioran y Spinoza, entre otros. En los setenta se le consideró durante mucho tiempo discípulo de Agustín García Calvo, pero a partir de 1981 sus caminos se separan ostensiblemente. Como escribe en su autobiografía Mira por dónde, «fue fundamental en mi devenir intelectual y moral encontrarle, no menos que luego despegarme de él».5
Siguiendo a Spinoza, propugna una ética del querer en contraposición a una ética del deber. Los seres humanos buscan de manera natural su propia felicidad y la ética ayuda a clarificar esta voluntad y mostrar las formas de su realización. Por tanto la ética no debe juzgar las acciones por criterios abstractos y ajenos a la felicidad propia.
Su filosofía política ha evolucionado desde el pensamiento libertario, que mantuvo en los setenta al individualismo democrático, socialdemócrata, liberal y universalista de su etapa posterior. El punto de inflexión del Savater joven al maduro puede situarse en La tarea del héroe (1981), donde escribe: "He sido un revolucionario sin ira; espero ser un conservador sin vileza". También ha reflexionado a menudo sobre el papel de las religiones en las sociedades democráticas actuales, propugnando un modelo de sociedad laica en su sentido más amplio, que ayude a afrontar no solo los planteamientos teocráticos, «sino también los sectarismos identitarios de etnicismos, nacionalismos y cualquier otro que pretenda someter los derechos de la ciudadanía abstracta e igualitaria a un determinismo segregacionista».;6 está reproducido también en la BiblioWeb de sinDominio
El nacionalismo en general es imbecilizador, aunque los hay leves y graves, los del forofo del alirón y el que se pone el cuchillo en la boca para matar. Hay gente sin conocimientos históricos, el nacionalismo atonta y algunos son virulentos. Afortunadamente en Cataluña la situación es diferente a la del País Vasco, aunque esa minoría es una alarma que nos dice que algo hay que hacer. El nacionalismo es una inflamación de la nación igual que la apendicitis es una inflamación del apéndice.Savater se opone a aquellos partidos que hacen de la exaltación patriótica su seña principal de identidad. Su evolución ideológica quedó de manifiesto en la polémica que mantuvo con el también filósofo vasco Javier Sádaba, con quien escribió en los ochenta el libro titulado Euskadi: pensar el conflicto, a la vez que apoyaba con su firma la legalización de Herri Batasuna. Su evolución ideológica y filosófica le ha llevado después a posturas claramente antinacionalistas, que lo han convertido en uno de los referentes para los ciudadanos del País Vasco que se sienten oprimidos por el nacionalismo vasco. Savater considera la política del PNV y EA excluyente, decimonónica y complaciente con el terrorismo etarra. Sin renunciar a su condición de vasco, se considera antinacionalista y rechaza el vasquismo, postura que califica de "amable tontería".7 Es, asimismo, un activo colaborador de la asociación Ciudadanos de Cataluña.
Solicitó el boicot a las elecciones vascas de 2007 por entender que no eran limpias ni democráticas, debido a ETA.8 Savater, defensor de la Constitución Española, del estatuto de Guernica y de la unidad del Estado, ha expresado en numerosas ocasiones su oposición a todo tipo de nacionalismos y su deseo de superarlos en beneficio de un ideal de humanidad universal compartida, traducido en un organismo gubernamental con autoridad mundial sobre los gobiernos de los estados nacionales, que sirviese para resolver las disputas y realizar las labores administrativas de utilidad común.
Ha colaborado activamente con la Plataforma Pro, que nació con el objetivo de crear un nuevo partido político de carácter nacional capaz de trascender la tradicional parcelación política izquierdas-derechas.9 Este partido se creó en septiembre de 2007 con el nombre de Unión, Progreso y Democracia, y Fernando Savater, junto con Rosa Díez, Albert Boadella y Mario Vargas Llosa, fue uno de los que intervinieron en su presentación.
En junio de 2009 fue el principal impulsor —junto con otros veinte intelectuales entre los que destacan Carmen Iglesias, Mario Vargas Llosa, Albert Boadella, Álvaro Pombo y Arcadi Espada— del llamado Manifiesto por la lengua común, en el que se defiende que "los ciudadanos son quienes tienen derechos lingüísticos y no los territorios ni mucho menos las lenguas". El Manifiesto reivindica el derecho de los ciudadanos de toda España a recibir su educación e interactuar con la Administración, tanto estatal como autonómica, en lengua castellana ("lengua común" de todos los españoles, según define el manifiesto), cualquiera que sea su lengua materna. Sostiene que los planes de estudio deben incluir opciones que contemplen las otras lenguas cooficiales autonómicas, pero nunca como lenguas vehiculares exclusivas, y critica la situación que, a su juicio, se da en determinadas comunidades autónomas, en las que el castellano resulta discriminado en la administración pública y los planes de estudio y se impone a los ciudadanos el uso de las otras lenguas cooficiales.10
En abril de 2013 fue considerado como uno de los 65 pensadores más influyentes del mundo (puesto 47) por la revista británica Prospect, especializada en política y economía, como resultado de una votación realizada en más de 100 países con más de 10.000 votos computados.11,etc,.
TÍTULO; MARTES, CINE, ASIGNATURA PENDIENTE,.
- Reparto
José Sacristán, Fiorella Faltoyano, Antonio Gamero, Silvia Tortosa, Héctor Alterio, Simón Andreu, María Casanova,.
- José y Elena, que habían sido novios, se encuentran algunos años después y vuelven a enamorarse perdidamente, pero ahora los dos están casados. Su dura y clandestina historia de amor está determinada además por las circunstancias del momento que les ha tocado vivir: los últimos años del régimen franquista y los comienzos de la Transición,.
- Los supervivientes del Haiyan relatan a ABC cómo, tras la catástrofe, resisten desde el viernes sin apenas agua, comida ni electricidad.
Internacional
«Lo peor no es el tifón, sino la falta de ayuda a los que sobrevivimos»
Los supervivientes del Haiyan relatan a ABC cómo, tras la catástrofe, resisten desde el viernes sin apenas agua, comida ni electricidad
Para Jenalyn Gayoso, la «suerte» de sobrevivir al tifón Haiyan, o Yolanda, como lo llaman aquí en Filipinas, ha consistido en pasarse tres días sin comida, bebida ni electricidad en una casa en ruinas, rodeada de cadáveres y esperando una ayuda humanitaria que aún no ha llegado a Guinan. A cuatro horas al noreste de Tacloban, la zona cero de la catástrofe, este pequeño pueblo de la provincia de Sámar fue el primer lugar donde el tifón tocó tierra el pasado viernes con unos vientos de hasta 310 kilómetros que barrieron las islas del centro de Filipinas.Tras resistir racionando lo poco que tenía en su hogar para su marido, oficial de la Guardia Costera, su madre, su bebé de once meses y su abuela de 77 años, Jenalyn fue evacuada ayer por un helicóptero del Ejército que la llevó al aeropuerto de Tacloban, desde donde fue trasladada a la base aérea de Villamor en Manila.«Lo peor no es el tifón, sino la falta de ayuda humanitaria para los que hemos sobrevivido», se quejaba ayer a ABC a las puertas de este recinto militar contiguo al aeropuerto de la capital filipina, donde la estaban esperando unos parientes en cuya casa pasará una larga temporada. A su domicilio, anegado por las fuertes lluvias que trajo el tifón, no podrá regresar en mucho tiempo. «El agua nos llegó al cuello y tuve que ponerme a mi bebé sobre la cabeza porque pensaba que nos íbamos a ahogar todos», relata junto a un grupo de damnificados que acaba de desembarcar del Hércules C-130 de transporte que ha sacado a 200 afortunados de las tinieblas que han engullido la isla de Leyte, a 580 kilómetros de Manila.Pueblos olvidados
Si la situación es desesperada en Tacloban, la zona cero de la catástrofe sobre la que se están posando los ojos de todo el mundo, su odisea demuestra el olvido en que han caído los pueblos de alrededor, condenados a ser los últimos en el reparto de la escasa ayuda alimentaria que está llegando a las áreas arrasadas por el tifón. Y eso que Jenalyn ha tenido la suerte no solo de sobrevivir, sino también de ser rescatada con relativa rapidez mientras miles de personas se agolpan en el derruido aeropuerto de Tacloban a la espera de tomar un avión militar a Manila, hasta ahora los únicos que podían aterrizar en su pista.Desbordadas por la magnitud de la tragedia, las autoridades se vieron obligadas ayer a reabrirlo parcialmente a varios vuelos comerciales no programados procedentes de la capital filipina. Lo mismo harán mañana miércoles con otros vuelos desde la vecina isla de Cebú para evacuar a más damnificados y que sus parientes puedan acudir en su auxilio llevándoles agua y comida o, sencillamente, buscando a los desaparecidos. Ya estén vivos o muertos, al menos así podrán librarse de la agonía que sufren desde que el viernes perdieron todo contacto con ellos al derribar el tifón los postes y las antenas telefónicas.«¿Está viva?»
«¿La has visto? ¿Entonces está viva?», preguntaba, refiriéndose a su nieta, la británica Susan Scott al estadounidense Jonathan Miers, amigo de su hijo Daniel y residente como él en Tacloban. Junta a su otra hija, Anna, había venido de Liverpool para visitarlo porque llevaba ya cinco años trabajando en Filipinas. Su plan era llegar el jueves a Tacloban, pero decidió posponer el viaje por la alerta del tifón, que tocó tierra en la madrugada del viernes. Desde el sábado por la mañana, cuando su hijo se las ingenió para colgar un mensaje en Facebook diciendo que estaba bien, no sabía nada de él ni de su nieta y estaba angustiada. Aliviada por las noticias que le trae Miers, que los ha visto a salvo tras el tifón, se funde con él en un abrazo que pone los pelos tan de punta como la pregunta a bocajarro sobre su nieta: «¿Entonces está viva?».Al igual que Daniel, trasladado a la vecina isla de Cebú, Jonathan Miers fue evacuado ayer por el Ejército, pero a Manila. Director de operaciones de GoAbroad.com, una empresa que fomenta la enseñanza y el voluntariado y tiene 80 empleados en Filipinas, este joven norteamericano pensó que «seguramente iba a morir durante el tifón», que duró desde las cinco de la madrugada hasta las diez de la mañana. «Me encerré en el cuarto de baño para resistir las sacudidas del viento y a las nueve de la mañana, cuando empezó lo más fuerte y abrí la puerta, vi que había volado totalmente la segunda planta de mi casa y que el agua entraba a mares», rememora antes de indicar que «el 80 por ciento de las casas en Tacloban ha perdido sus tejados».Míseras cabañas
Si el viento se llevó la mitad de su moderna vivienda en Camilla Homes, una de las mejores áreas de esa ciudad, no es difícil imaginarse lo que ha hecho con las míseras cabañas de bambú y latón en las que viven millones de filipinos. «Hay cadáveres por las calles que se están descomponiendo porque nadie los recoge», describe Jonathan Miers con amargura, pero decidido a continuar en Filipinas a pesar de que 20 de sus empleados están desaparecidos. «Lo más importante ahora es conseguir ayuda porque sé que pasarán varios meses hasta que se restablezcan el agua y la electricidad», concluye con el pesimismo propio de todo realista.Como buena oriental, más optimista se muestra, en cambio, Winifred Hilardo, una mujer de 57 años que, junto a su marido Rogelio, un policía de 60, intenta calmar a cuatro de sus doce nietos, que no paran de llorar tras volar desde Tacloban. Ambos han perdido a doce parientes, sobre todo primos, además del techo y las ventanas de su casa, pero se les ilumina la cara con la habitual sonrisa filipina en cuanto un periodista occidental se interesa por su caso y responden en un inglés que ya quisieran muchos españoles.«Nos refugiamos 17 personas en nuestra casa y todos hemos sobrevivido, pero en nuestro barrio, donde vivían 1.600 vecinos, hay 200 desaparecidos», explica Winifred meciendo al menor de sus nietos, que quizás por ello es el que menos berrea. Alertados ante la llegada del tifón, los Hilardo habían hecho acopio de víveres aprovisionándose de sobres de «noodles» instantáneos y garrafas de agua, pero también tuvieron que racionar la comida para que les durara hasta que fueron rescatados y, finalmente, evacuados a Manila.Víctimas en Sámar
A su edad, la pareja ya se ha echado muchos tifones a las espaldas, pero jamás habían sentido uno tan potente como este último, que ha sumido en el caos a la isla central de Leyte. A los 10.000 muertos que las autoridades creen que ha dejado en Tacloban, su capital, se suman los 2.000 que se estiman en la vecina provincia de Sámar, lo que convierte al Haiyan en la peor catástrofe natural que ha sufrido Filipinas en su historia reciente tras un terremoto de magnitud 7,9 en 1976 y el tifón Thelma en 1991, que dejaron más de 5.000 víctimas. El año pasado, Filipinas fue el país más castigado por los desastres naturales, que se cobraron la vida de 2.000 personas. La mitad de ellas perecieron cuando el tifón Bopha borró tres ciudades de la isla sureña de Mindanao.Considerablemente debilitado, este tifón de máxima categoría pasó ayer por el norte de Vietnam y el sur de China. Pero, con rachas de hasta 156 kilómetros por hora y vientos sostenidos de 97, siguió cobrándose víctimas mortales a su paso: cinco en Vietnam y ocho en China, donde desaparecieron seis tripulantes de un carguero en la isla de Hainan, hubo apagones y se suspendieron numerosos vuelos.Millones de afectados
Además de causar cuantiosos daños materiales, este devastador tifón ha afectado a cerca de diez millones de personas en Filipinas y obligado a desplazar a unas 600.000, un número similar al de evacuados en Vietnam. Lo peor de todo es que la pesadilla aún no ha terminado.Después de Haiyan, que era el vigésimo cuarto tifón de la temporada, los meteorólogos han pronosticado que otra tormenta se aproxima a Filipinas y podría anegar algunas de las poblaciones ya arrasadas. Tras entrar en tierra por la isla meridional de Mindanao, subirá hasta las de Bohol, Cebú, Negros y Panay, todas ellas castigadas por el tifón, y dejará lluvias que, aunque moderadas, contribuirán a empeorar la ya de por sí trágica situación.Sumido en la miseria que ha hecho de la calle el hogar de buena parte de los 96 millones de filipinos, este archipiélago de más de 7.000 islas recurre a la asistencia internacional para paliar la catástrofe, pero al caos habitual del país se añade ahora la destrucción de las zonas afectadas para dificultar el reparto de la ayuda humanitaria. A menos que un milagro obre una transformación radical en el país más católico de Asia, Filipinas aún tardará mucho tiempo en reponerse de la devastación causada por el tifón Haiyan. O Yolanda, como lo llaman por aquí con su simpatía a prueba de catástrofes.
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