domingo, 5 de enero de 2014

Guerra declarada a las grasas "trans"/ ¿Cómo se mejora el aprendizaje social y emocional?,.

La bollería industrial tiene muchas grasas de este tipo.
Es la peor grasa: aumenta el colesterol malo (el LDL) y reduce el bueno (el HDL). Es la combinación más nefasta para las arterias, el corazón ...
 
NUTRICIÓN

Guerra declarada a las grasas "trans"

Muchos y cualificados estudios asocian el consumo de estas grasas con infartos, diabetes, obesidad y hasta cánceres. En Estados Unidos se ha lanzado una ofensiva 'oficial' contra ellas, con intención de erradicarlas del mercado. ¿Pero qué ocurre en España? ¿Qué se esconde detrás de este producto alimenticio tan polémico y tan extendido?
Es la peor grasa: aumenta el colesterol 'malo' (el LDL) y reduce el 'bueno' (el HDL). Es la combinación más nefasta para las arterias, el corazón y el resto del organismo".
No lo dice cualquiera, sino Valentín Fuster, director general del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC). Y la Organización Mundial de la Salud (OMS) no duda en citar una larga lista de estudios que relacionan el consumo de grasas trans -o grasas vegetales parcialmente hidrogenadas (como las llama la industria)- con un aumento del riesgo de infartos, ictus, infertilidad, endometriosis, cálculos biliares, alzhéimer, diabetes y cánceres. Fuster y la OMS coinciden en que «la erradicación de las trans puede ser una de las medidas más eficaces para combatir la mayoría de las enfermedades no transmisibles, de las cuales la cardiovascular es la más prevalente».
La lista de efectos adversos es cada día más temible. Un estudio de la Universidad de Wake Forest confirma que las trans «no solo favorecen el aumento de peso a igualdad de calorías consumidas, sino también la acumulación de grasa en el abdomen, el peor lugar, por ser un tipo de grasa altamente inflamatoria y peligrosa».
Hace unas semanas, la FDA -la agencia que regula los alimentos y medicamentos en los Estados Unidos- se hizo eco de las voces de alarma que venían reclamando un comunicado como el que por fin ha emitido, declarando las grasas trans como «no seguras». Aunque muchos fabricantes norteamericanos las habían ido retirando de sus productos -sobre todo desde 2006, cuando se los obligó a reseñarlas en las etiquetas-, esta ofensiva de la FDA hará ya que casi nadie las siga usando. Según la FDA, «no hay nivel seguro de grasas trans».
Lo que se viene. Si el cambio es definitivo -hay un periodo de 60 días para alegaciones-, las trans se tratarán como un 'aditivo', que necesitará la aprobación de la FDA para su uso legal. Y es que, pese a tantas pruebas en contra, ahí han seguido las trans como ingrediente de muchos productos. Una permisividad que ha exasperado a todo tipo de autoridades mundiales de la Medicina, como a Walter Willett, director del Departamento de Nutrición de Salud Pública de Harvard, que lleva décadas preguntándose: «¿Por qué se ha permitido seguir comercializando hasta hoy unas grasas que ya desde principios de los noventa estaban relacionadas con decenas de miles de ataques cardiacos y muertes prematuras al año, por no hablar de los miles de millones en costes sanitarios y laborales? La medida de la FDA llevará seguramente a eliminar las trans -agrega Willett-, pero hoy siguen presentes en productos no envasados y platos de comida rápida. ¡Hace diez años, el 95 por ciento de las galletas, el 100 de las crackers y el 80 de la bollería contenían grasas trans! Y aunque su consumo se ha reducido mucho, nos ahorraríamos decenas de muertes prematuras al año solo eliminando las trans que aún perviven».
La gran paradoja. La hay, sí, y es grande: las trans son perfectamente prescindibles en la industria. «En nuestra compañía empleamos grasas más saludables desde hace muchos años», explica Ana Palencia, directora de comunicación de Unilever España, una de las tres compañías (junto con Procter & Gamble y Nestlé) que lideran el gran consumo de alimentos en el mundo. «Cambiamos el proceso de hidrogenación de las grasas en los noventa para eliminar los ácidos trans de nuestros productos. Hoy ninguno de los que comercializamos, incluidas las margarinas, contiene grasas trans. También es justo decir que, desde el Ministerio de Sanidad y Consumo y a través de la Estrategia NAOS, se vienen dando recomendaciones desde hace años para que fabricantes y restauradores reduzcan de forma progresiva el contenido de ácidos grasos trans en los productos. Medidas como esa han reducido muchísimo el consumo de trans en España».
Denominaciones confusas. 
Aunque la normativa exige indicar las grasas parcialmente hidrogenadas, hay productos procesados que siguen refiriéndose a ellas como 'grasas o aceites vegetales', lo que lleva al comprador a pensar que el producto se hace con aceite de oliva o de girasol.Y no: está llevándose a casa un producto que pone en riesgo su salud. «¡Es hora de llamar a las cosas por su nombre y que la gente sepa lo que come!», claman desde las asociaciones de consumidores. «Permitir eso no solo pone en peligro la salud de la población y tiene un enorme coste para el sistema sanitario: además, acaba perjudicando a la industria alimentaria, que acusa una pérdida de credibilidad».
¿Seguimos consumiendo grasas 'trans' sin saberlo? 
Sí, en productos de bollería y pastelería (sobaos, magdalenas, palmeras y cruasanes); en crackers, colines y galletas (desde las tostadas hasta las rellenas de chocolate); en pizzas y masas de pizza y hojaldre; en croquetas, empanadillas, patatas fritas y rebozados congelados; en palomitas, gusanitos y similares; en chuches y helados... «Si bien alguien informado puede vigilar las trans que consume al día, otros menos conscientes del riesgo (como niños y adolescentes) pueden acabar sumando un total muy alto de estas grasas», advierten desde el Instituto de Investigación en Atención Primaria Jordi Gol de Mataró, que en 2010 calculó que el 40 por ciento de los niños de enseñanza primaria consumen productos con grasas trans.
«Además de leer las etiquetas mientras las autoridades se deciden a tomar medidas -señala Javier Salvador, presidente de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN)-, podemos evitar las trans no comprando productos que no especifiquen en sus etiquetas qué grasas llevan, desconfiando de los productos procesados sin envasar y vendidos a granel; evitando el consumo de snacks y comida rápida; y acudiendo a restaurantes que utilicen productos frescos. Nuestra salud depende de las decisiones que tomamos cada día».




  1. Pregunta de Sofía Urquiza Lemios. Aviá (Barcelona) Alguno de ustedes no está de acuerdo en las tres cosas que, según los expertos, han ...
     
    Pregunta de Sofía Urquiza Lemios. Aviá (Barcelona)
    Alguno de ustedes no está de acuerdo en las tres cosas que, según los expertos, han cambiado realmente en los últimos años?
    Primero. Es indiscutible que estamos en plena globalización. Las clases a las que yo asistía de pequeño estaban compuestas por niños oriundos de entornos extremadamente similares. Todos nos parecíamos como gotas de agua. Sin embargo, las clases de hoy son tan heterogéneas que un educando estadounidense llegó a decirme una vez: «A veces parece que he reunido a treinta pacientes mentales». Esta heterogeneidad es el reflejo de un mundo globalizado en el que ha desaparecido la cultura hegemónica.
    Segundo. En contra de todas las apariencias vivimos en un mundo en el que está declinando el índice de violencia y aumentando el de altruismo. Los experimentos efectuados al respecto son innumerables. Baste con citar un sorprendente, y único, rasgo de nuestra especie: el aumento de la esperanza de vida: dos años por diez.
    Tercero. Existe un consenso generalizado que estima que, para reducir la violencia, hay que profundizar en la reforma educativa. ¿Cuáles serán las dos corrientes básicas del conocimiento que permitirán esta reforma? En primer lugar, aprender a gestionar la diversidad del conocimiento, que es el producto de un mundo globalizado. No será posible destilar conocimientos adecuados sin haber aprendido primero a gestionar esta diversidad alucinante de culturas y etnias distintas. Soy un «biólogo computacional», dice uno de los mejores científicos contemporáneos con sentido del humor. En segundo término, al tiempo que los maestros aprenden a gestionar la diversidad, la sociedad entera padres y abuelos incluidos debe ser capaz de educar en la gestión de las emociones, que son básicas y universales. ¿Cómo se manejan el odio, el desprecio, la rabia, los enfados, la felicidad o la sorpresa? Lo extraño es que hayamos podido sobrevivir tantos años sin tener ni idea de aprendizaje social y emocional.La experiencia sugiere que todo esto requiere aprendizaje. En la Fundación Eduardo Punset Redes Para la Comprensión Pública de la Ciencia no nos corresponde a nosotros valorarlo, pero no es lícito ocultarlo se ha logrado estimular la irrupción de esta comprensión pública de la ciencia en la cultura popular a niveles jamás alcanzados hasta ahora.
    En menos de cuatro años, gracias a la experiencia del Apoyo On Line (APOL), se ha logrado que estas soluciones les llegaran a más de dos millones de personas afectadas por el peso abrumador de cuestiones fundamentales de su existencia como la soledad, el estrés o la gestión de sus emociones, incluidas las políticas de prevención.
    Durante estos años de experiencia callada se han sumado expertos casi una treintena contestando a las preguntas dispares del colectivo en busca de soluciones, se han habilitado los métodos informáticos y se han puesto en marcha las ramificaciones científicas y editoriales del APOL.
    Las funciones de la fundación requieren un voluntariado reconocido a nivel internacional, catedráticos en Gestión Emocional, así como el personal administrativo, contable y científico. Los expertos calculan que en unos dos años el trabajo de la fundación beneficiará a más de dos millones de personas.


No hay comentarios:

Publicar un comentario