TITULO: VIAJANDO CON CHESTER - EL BLOC DEL CARTERO - LA CARTA DE LA SEMANA - DESUBLIMACIÓN REPRESIVA,.
VIAJANDO CON CHESTER,.
Viajando con Chester es un programa de televisión español, de género
periodístico, presentado por Pepa Bueno, en la cuatro los domingos las 21:30, foto, etc.
EL BLOC DEL CARTERO - LA CARTA DE LA SEMANA -DESUBLIMACIÓN REPRESIVA,.
DESUBLIMACIÓN REPRESIVA, foto.
Con este término un poco abstruso, Herbert Marcuse designaba un
proceso específico a través del cual las nuevas formas de tiranía,
disfrazadas de democracia, consolidan su dominación sobre las masas, de
manera mucho más eficiente que cualquier forma pretérita de absolutismo,
y sin necesidad de recurrir al terror, contando incluso con el
beneplácito gustoso de los sometidos. Mediante esta «desublimación
represiva» se logra, en definitiva, aquel nuevo totalitarismo anticipado
por Aldous Huxley, en el que los «amos del mundo» ya pueden colmar
plenamente sus anhelos de poder sin cachiporras ni cárceles, logrando
que «la gente ame su servidumbre».
Marcuse se refiere a esta «desublimación represiva» en varias de sus
obras. Su objetivo es crear una sociedad de hombres que abandonan los
ideales y aspiraciones que los hacen fuertes para conformarse con la
satisfacción de unas necesidades condicionadas o inducidas por los
intereses de la élite dominante. Así, el hombre queda despojado de toda
personalidad, hasta convertirse en un ser «unidimensional», que abreva
los entretenimientos y recompensas que esa élite le brinda, entre los
que el consumo bulímico y una dependencia tecnológica cada vez más
absorbente ocupan un lugar privilegiado. Marcuse consideraba que la
sociedad tecnológica reforzaba la dominación de las masas; y que lograba
debilitar la «energía erótica» del hombre (que para Marcuse es la
fuente de la actividad artística y cultural), a la vez que volvía su
sexualidad más intensa y tiránica. A esta «liberación de la sexualidad
en modos y formas que reducen la energía erótica» es a lo que Marcuse
llamaba «desublimación represiva»: cuanto mayor es la liberación de la
sexualidad que logran los hombres, más pálida y desfalleciente se torna
su capacidad de protesta, más abyecta su sumisión al poder. Por
supuesto, el planteamiento de Marcuse bebe de turbias aguas freudianas, y
sus conclusiones son en parte discutibles; pero su concepto de
«desublimación represiva» es de una vigencia que asusta. Pues aquella
«liberación de la sexualidad» que denunciaba Marcuse no había alcanzado
todavía cuando escribió sus libros el grado de sofisticación
anestesiante de nuestra época.
Nunca, en efecto, como en nuestra época se había logrado imponer de
forma más eficaz esa «desublimación represiva». A ello han contribuido
la infestación pornográfica favorecida por las nuevas tecnologías, la
proliferación de los derechos de bragueta y el florecimiento de un
batiburrillo de ideologías “identitarias2 (feminismos, homosexualismos,
ideologías de género, etcétera) que han desactivado por completo la
vieja “lucha de clases”, atomizándola en un enjambre de egoístas luchas
sectoriales, a la vez que han destruido por completo los “cuerpos
intermedios” (empezando, por supuesto, por la familia), dejando a las
personas más solas y desvinculadas que nunca, absortas en la exaltación
de su sexualidad polimorfa. Así, en esta nueva fase de la «desublimación
represiva», ya no queda energía para cambiar las estructuras opresoras
(que, además, ni siquiera son percibidas como tales), ya no quedan
fuerzas ni cohesión social para reclamar mejores condiciones laborales,
formas de vida más enaltecedoras o instituciones políticas menos
corruptas. Porque toda esa energía ha sido encauzada muy
inteligentemente hacia una liberación de la sexualidad que nos tiene
gratamente satisfechos, mientras nos masturbamos ante la pantalla del
ordenador, mientras cambiamos de pareja o de sexo, mientras combinamos
sexos y parejas, mientras abortamos como quien se quita una verruga,
mientras indagamos nuestras copiosas y cambiantes identidades de género.
Y como, además, todas estas nuevas formas de «desublimación represiva»
evitan o dificultan la procreación, la tornan enojosa o indeseable (o,
por el contrario, codiciosa y exclusiva, como una modalidad más de
consumo), ni siquiera tenemos que preocuparnos por dejar a nuestros
hijos un mundo mejor, ni siquiera tenemos que preocuparnos por reclamar
mejores condiciones laborales, formas de vida más enaltecedoras o
instituciones políticas menos corruptas. Nunca la gente había amado
tanto su servidumbre.
Así podemos dedicar todas nuestras (exhaustas) energías a reclamar
más derechos de bragueta, penes y vulvas de repuesto, penevulvas y
vulvapenes reversibles, hasta quedarnos sin luchas, sin clases, sin
padres, sin hijos, sin raíces, sin historia, prisioneros de nuestra
bragueta, alfeñiques inocuos en manos de marionetistas que nos miran
benévolos, y se carcajean.
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