TITULO: España Directo - REVISTA TENIS - Nadal escala la torre de Berrettini hacia la final,.
Nadal escala la torre de Berrettini hacia la final,.
El español se impone a los cañonazos del italiano para alcanzar su quinta final del US Open donde se medirá al ruso Daniil Medvedev,.
«No he jugado aún este año bajo techo aquí», advertía Rafael Nadal. «Nunca había ganado un partido en este torneo hasta este año», matizaba Matteo Berrettini. A un lado, el balear hacía ver su experiencia. Se aproximaba a sus trigésimo terceras semifinales de Grand Slam y lo hacía con cautela. Al otro, el joven romano demostraba valentía, descaro. Nada que perder, ya que nunca se hubiera imaginado estar en esta situación, mucho que ganar. Diferente a Nadal, que afrontaba las semifinales con la casi obligación de acabar levantando el título. Sin Novak Djokovic ni Roger Federer, los focos apuntaban a Nadal y el español, cuya obligación interna es siempre la victoria, no falló. Levantó por los aires al italiano (7-6 (6), 6-4 y 6-1) no sufrió los cambios de la pista cubierta y jugará este domingo (no antes de las 22:00 hora española) su quinta final del Abierto de los Estados Unidos.Lo hará contra un Daniil Medvedev que reivindicó a la tan manida «Next Gen» y que, por primera vez, peleará por un gran título tras apartar al verdugo de Roger Federer, Grigor Dimitrov (7-6 (5), 6-4 y 6-3) completando su gran gira por el cemento. «Ha sido un desafío. Sobre todo en el primer set que ha estado ajustado, he desaprovechado varias pelotas de break cuando y eso es algo que no puedes ni debes hacer frente a un jugador como Matteo. Afortunadamente he podido sobreponerme durante el tie break y llevarme un set que estuvo muy reñido. En el segundo set se notó que el partido cambió y tuve muchas buenas oportunidades que pude aprovechar bien para acabar ganando el partido».
Pero el camino hasta el ruso no fue sencillo para Nadal. Al hecho de salir a una pista 'indoor' se le unió lo acertado que estuvo al servicio el 1,96 que gasta Berrettini. La altura del romano era el principal impedimento para el encuentro. Su revés flaqueaba y la derecha era dura, pero para poder ejecutarla en condiciones necesitaba de un gran primer servicio. Cuando lo encadenaba, a Nadal no le quedaba otra que agachar la cabeza y cambiarse de lado a esperar la siguiente bomba. Cuando no, era extraño que el punto no se dirigiese al lado del español.
«Cuando vas abajo en situaciones límite como esa hay que enfriar la
cabeza y jugar el tenis que sé y con el que más cómodo me siento.
Conseguí varios puntos de forma consecutiva trasladándole toda la
presión a él…esto es así, en ocasiones te funciona tu estrategia y en
otras no»
RAFA NADAL
Berrettini, pese a ser novato en
estas ocasiones, ya se midió a Federer en Wimbledon este año, dando un
pobre espectáculo y siendo barrido en cuestión de minutos. Pero el
italiano ha superado aquellos nervios. Le costó ocho minutos abrochar su
primer saque y apenas avistaba a Nadal cuando servía. El balear se
echaba tan atrás en la pista, que cuando la pelota rebotaba en el muro
se quedaba a escasos centímetros de su cara.Y la técnica, según fueron pasando los juegos, le fue dando mejor rédito. Berrettini competía, pero cada vez sufriendo más y Nadal necesitó de una hora y catorce minutos para hincarle el diente. El manacorense levantó un 6-4 en contra en el 'tie break' del primer set y, con cuatro puntos seguidos, se apuntó la primera manga.
Juego, set y partido. Berrettini se desgajó en mil pedazos y la fortaleza que le había llevado a tener contra las cuerdas al número dos del mundo se vino abajo, se dinamitó ante la mejor cabeza del circuito. Los dos siguientes parciales cayeron como frutos maduros en el bolsillo de Nadal.
Piqué, alucinado con Rafa
Gerard Piqué aprovechó su paso por US Open para explicar en Eurosport todo lo que ha hecho para dar un aire nuevo a la Copa Davis. Además, el futbolista destacó el gran momento de Nadal y valoró la actualidad del mundo del tenis. «A Rafa lo veo en un estado de forma magnífico. Resuelve bien y lo todo lo rápido que se puede sus partidos, que es algo muy importante en un Grand Slam. Admiro la constancia y perseverancia de Rafa de estar ahí en la cima muchísimos años. Llegar a la élite es muy difícil pero mantenerse a un nivel tan alto como el de Rafa es algo que solo está al alcance de los genios. Los valores de lucha y esfuerzo que transmite también son encomiables».
«Ahora toca una final de Grand Slam, y ya sabemos que eso implica
jugar contra los mejores y estoy muy orgulloso de poder tener una nueva
oportunidad de disputar una final y más recordando algunos momentos
complicados que he pasado sobre todo al inicio de esta temporada»
RAFA NADAL
Otra victoria en tres sets que le mete en la final del Abierto de los Estados Unidos, que le cruza con Medvedev y que le deja a un paso de conseguir su cuarto título en Nueva York.
El ganador de 18 Grand Slam aspira el domingo a sumar el 19 y quedarse a
uno de Federer. Lo hará con el compromiso más reciente (y único) ante
Medvedev ganado, la final del Masters 1.000 de Canadá, en la que el ruso
solo le arrancó tres juegos. «Daniil es uno de los jugadores más
solidos que hay en el circuito. Además ha ido creciendo desde que
comenzara ya no solo en este torneo sino en todas las competiciones que
ha disputado durante el verano. Ahora toca una final de Grand Slam, y ya
sabemos que eso implica jugar contra los mejores y estoy muy orgulloso
de poder tener una nueva oportunidad de disputar una final y más
recordando algunos momentos complicados que he pasado sobre todo al
inicio de esta temporada así que animo a todo el mundo a ver la final
del domingo y por supuesto agradecer todo el cariño que estoy
recibiendo».
TITULO:
Mi casa es la vuestra - Sergio Scariolo - Ganar a la otra gran favorita tiene doble premio . Viernes -13- Septiembre ,.
Viernes -13- Septiembre - a las 22.00, en Telecinco, foto,.
Sergio Scariolo - Ganar a la otra gran favorita tiene doble premio .
La selección, con una formidable
actuación coral y un segundo cuarto memorable, da una lección ante
Serbia y jugará contra Polonia en cuartos,.
Ante
Serbia, gran favorita al oro y selección más en forma del Mundial,
España se creció, dio un recital de baloncesto, sobre todo en un segundo
cuarto memorable, y selló como líder su clasificación para cuartos
camino de las semifinales, de la lucha por las medallas, ya que evitó a
Argentina en el primer cruce y el martes se enfrentará a Polonia. Contra
el rival más temible, la selección firmó su mejor partido del
campeonato, con una formidable actuación coral y, contra pronóstico,
mininizó al equipo serbio, anulado por la sobresaliente defensa de los
jugadores de Sergio Scariolo y el importante paso al frente que se dio
en ataque, con una extraordinaria mejoría y un 31% en el lanzamiento
exterior (9 de 29 triples). Serbia, en cambio, hasta encontrarse con
España, llevaba un 47% en triples, pero ante un rival dirigido con
maestría por Ricky Rubio y con un sacrificio colectivo impresionante,
con otra exhibición defensiva, se quedó en un 16% (3 de 19), sobrepasada
por una selección que dio una lección de sacrificio y despliegue y por
fin funcionó en el aspecto ofensivo que tanto se echaba en falta.Con España tan habituada a regular en los grandes torneos y a ir de menos a más, Sasha Djordjovic había asegurado que no se iba a dejar engañar por la selección de Sergio Scariolo, porque era consciente de que este equipo, cuando empiezan los campeonatos de verdad, se transforma y dar un giro radical en busca de sus objetivos, con un orgullo y un carácter competitivo que nunca se pueden poner en duda. Así volvió a ocurrir contra Serbia, frente a la que España exhibió galones de verdadera campeona, valiente, esforzada, con escasos momentos de desconexión, pese a la esperada reacción de los balcánicos, que redujeron una desventaja de 21 (63-42) a ocho (77-69 a dos minutos del final) y con un juego fantástico en un parcial previo al descanso. De la mano de Ricky Rubio (19 puntos, con dos de tres triples, cinco rebotes y cuatro asistencias) y con Víctor Claver (14 puntos, siete rebotes para 24 de valoración) de nuevo inmenso en defensa,
España se impuso contra pronóstico, y con autoridad, a tan poderoso adversario, en el que sólo el genial Bogdanovic (26 puntos y 10 capturas, con 36 de valoración) intentó mantener a su equipo, porque los de Scariolo anularon al resto con un sobresaliente juego de conjunto y una variedad de sistemas defensivos que arruinaron a Serbia, con una zona decisiva en un segunda parcial en el que el equipo nacional casi dobló a los balcánicos, a los que dejó en sólo 17 puntos. Tras ese festival salpicado de esfuerzo, presión, velocidad y acierto de un bloque que fue demoledor en dicho cuarto en todos los terrenos, España fue capaz de contener el intento de recuperación de una Serbia que, además de un enorme talento, también destila muchísimo orgullo, pero que esta vez tuvo que rendirse ante la capacidad de trabajo global de una selección que ahora incluso podría salvarse de chocar contra Estados Unidos en una hipotética semifinal y que ve más cerca el pasaporte directo a los Juegos Olímpicos de Tokio.
81
España
Ricky Rubio (19), Rudy Fernández (7), Juancho
Hernangómez (3), Oriola (6) y Marc Gasol (11) -quinteto inicial-. Ribas
(5), Claver (14), Willy Hernangómez (7) y Llull (9).
69
Jovic (4), Bogdanovic (26), Lucic (8), Bircevic (3) y
Milutinov (7) -quinteto inciail-. Simonovic (-), Bjelica (3), Raduljica
(7), Jokic (6), Micic (5), Guduric (-) y Marjanovic (-).
- PARCIALES:
- 13-20, 32-17, 22-19 y 14-13.
- ÁRBITROS:
- Maranho (Brasil), Anderson (Estados Unidos) y Bermúdez Mariscal (México). Eliminado: Jovic. Descalificado: Jokic, tras dos técnicas.
- INCIDENCIAS:
- Segundo y último partido de la segunda fase del Mundial de China 2019, disputado en el Wuhan Sports Centre.
España desquició a Serbia y la descalificación de Jokic por dos ténicas en el tercer parcial con 51-39, ya sólo fue la puntilla para el conjunto de Djordjevic, después de que en el parcial coronado con un 32-17, con un quinteto de bajitos (Llull, Ribas, Rudy, Claver y Willy), España comenzase su impresionante escalada, culminada después por un equipo en el que volvió a mandar Ricky, que pasó a defender a Bogdanovic, para que el resto se exhibiese con una defensa zonal grandiosa. A Claver le tocó marcar a Bjelica, y una de las estrellas serbias se quedó en blanco antes del descanso.Por primera vez alineó Scariolo de salida a Oriola en vez de a Claver para permitir que el ala-pívot valenciano del Barça, que ha ido progresando sin freno y ya se salió ante Italia, ofreciese otra demostración defensiva.
Un muro defensivo
Después de que Serbia lograse su máxima diferencia al final del primer cuarto (11-20), España quiso demostrar lo que es este equipo irreductible, que tras una pésima primera fase ha llegado pletórica al momento de la verdad tras aprender a sufrir frente a Italia y triunfar gracias a lo que tantísimo le ha dado: la defensa que permite vivir y da la necesaria confianza en ataque. España salió en tromba en el segundo cuarto y en sólo dos minutos y medio pasó de un -7 (13-20) a un +4 (26-22). En uno de los mejores cuartos que ha firmado nunca España en los últimos tiempos, la selección, a base de defensa, incansable presión y velocidad, le endosó un parcial de 15-2 a Serbia en cuatro minutos. Los balcánicos, desarbolados, sólo anotaron entonces una canasta en seis minutos, negados desde fuera, al contraio que España, al que los triples no dejaban de dar aire.Así, la diferencia previa al descanso llegó a ser de 10, con una España sin fisuras y una Serbia sin capacidad de reacción frente a un muro, un bloque de granito en defensa y un huracán en ataque. Todos los jugadores de España había anotado ya algún punto, pero dado que este equipo está plagado de ambición, quiso sentenciar lo antes posible para no pasar apuros y la ventaja no dejó de crecer hasta los 21, antes de esa última reacción del rival, liderada por Bogdanovic y Raduljica que fue insuficiente, porque la selección de Scariolo, a quien también respondieron los secundarios, no perdió la concentración. Así, del pesimismo que rodeaba a España se pasa al optimismo, porque la selección ha recuperado por fin la confianza.
TITULO: Detrás del muro - PÁGINA DOS - La escritora Deborah Levy, ,.
Página Dos
'Página Dos' - La escritora Deborah Levy, ,.
- Martes -10- Septiembre a las 20:00 horas en La 2 / foto,.
La escritora Deborah Levy, el martes en 'Página Dos',.
- El programa estrenará la sección 'Historias de libro', sobre experiencias extraordinarias en torno a los libros,.
- 'Página Dos' cuenta esta semana con la novelista, dramaturga ypoeta británica Deborah Levy. Óscar Lópezentrevistará a la escritora para hablarde los dos primeros libros que conforman su'Autobiografía en construcción': 'Cosas que noquiero saber' y 'El coste de vivir'. En ellos, la escritoranacida en Sudáfrica muestra cómo los añosde infancia y sus relaciones familiareshan afectado en su literatura.De esta forma, Levy ofreceuna mirada sobre cómo se construyeun escritor y, al mismo tiempo,da un repaso a las autorasque más le han influido en su vida.A continuación, 'Página Dos'inaugurará una sección nuevaen el programa. 'Historias de libro'recogerá experiencias extraordinariasrelacionadas con los libros. En este primerepisodio el protagonista será un novelistaque se gana la vida como taxista. Acontinuación, el editor y poetaToni Quero recitará un poema propio.Y, en 90 segundos, la actualidad editorial del momento.TITULO: ANTENA 3 TV | MASTERS DE LA REFORMA - Unamuno, acto final ,.
El Lunes -10- Septiembre a las 22:45 por Antena 3, fotos,.Unamuno, acto final ,.Si son las acciones las que definen a los hombres, aquel día Miguel de Unamuno se mostró ante los demás con todas las de la ley. Corría el 12 de octubre de 1936 y la Universidad de Salamanca celebraba en su paraninfo el solemne acto de apertura del curso. Francisco Franco había excusado su asistencia, pero sí acudía en representación suya su mujer, la ovetense Carmen Polo. También estaban allí, entre otros, el obispo de la diócesis, Enrique Plá y Deniel, el poeta José María Pemán y el general africanista Millán-Astray, quien llegó escoltado por un grupo de legionarios armados con metralletas. Los sublevados del 18 de julio tenían instalado su cuartel general en la ciudad del Tormes, convertida en epicentro de los fascismos ibéricos.Habían convertido el Día de la Raza en una ceremonia de exaltación nacional. El evento universitario era una parte más, acaso la más relevante, del programa diseñado para la ocasión.
La ciudad donde habían impartido sus clases Fray Luis de León o Elio Antonio de Nebrija era un lugar peligroso en aquellas fechas. Escribió Luciano G. Egido un gran libro, Agonizar en Salamanca (Tusquets), que recrea a la perfección el ambiente a la vez hostil y estrafalario que se respiraba por sus calles en aquellos días inciertos. El general Franco tenía instalado su despacho en el palacio episcopal, se preparaba una gran ofensiva sobre Madrid —de donde se apresuraban a salir las autoridades republicanas ante la inminencia de un ataque— y parecía que la guerra se pondría pronto del lado de los rebeldes. En la trastienda comenzaban las represalias contra aquellos que, con más o menos entusiasmo, se habían adherido a la defensa del sistema legalmente establecido y, en consecuencia, veían cómo se les declaraba enemigos acérrimos de la nueva España que estaba por nacer.
Mientras ocurría todo esto, Miguel de Unamuno, rector de la Universidad de Salamanca y uno de los intelectuales totémicos de la Generación del 98, se sumía en el desconcierto. Nunca había sido un hombre que rehuyera los inconvenientes de la duda, pero la situación política del país le estaba poniendo contra las cuerdas. Él, que llegó a izar la bandera de la II República en el Ayuntamiento de Salamanca en el cada vez más lejano abril de 1931, había acabado por desencantarse ante el rumbo de los sucesivos gobiernos y se vio apoyando el alzamiento militar, por entender que abriría una revolución humanista en la que la lógica y la razón acabarían triunfando sobre el cerrilismo cainita. Cuando en la mañana de aquel 12 de octubre de 1936 abandonó su casa y se puso a caminar, calle Compañía arriba, hacia la Universidad, ya estaba seguro de cuánto se había equivocado, aunque aún no se atreviera a confesarlo abiertamente. No era sencillo. Incomprensiblemente, se había identificado demasiado con una causa que no le pertenecía. A diario llegaban desde Madrid las pullas que le lanzaban quienes, creyendo tenerlo a bordo de su barco, le habían sorprendido navegando en compañía de la tripulación contraria, y él mismo iba viendo cómo, lejos de perseverar por la senda de la regeneración, los que se habían levantado en armas aprovechaban las posiciones que iban ganando para tomarse la revancha contra quienes abrazaban la causa opuesta e imponer sus odios y rencores sobre cualquier idea de reconciliación.
Aquella mañana, en el paraninfo, Unamuno no tenía previsto intervenir. Su cometido se limitaba a abrir el acto y distribuir los turnos de palabra, según le correspondía por su condición de rector. Sí hablaron José María Pemán, que pronunció un discurso de corte ultracatólico y fascista, y también el profesor Maldonado, que en la misma línea llegó a tildar de «anti-España» a los vascos, los catalanes y, en general, todos aquellos que se mostraban desafectos a la cruzada cuyo inicio había tenido lugar unos meses antes en Marruecos. El viejo rector había escuchado en silencio mientras tomaba notas en un papel que sacó del bolsillo interior de su chaqueta. Luego se supo que se trataba de una carta que pocos días atrás le había remitido la esposa de Atilano Coco, un íntimo amigo suyo que había sido arrestado tras la sublevación y cuya liberación él mismo había solicitado, sin ningún éxito, ante el gobernador civil. Cuando Maldonado puso fin a su intervención, Unamuno respiró profundamente. El autor de aquel ensayo titulado Del sentimiento trágico de la vida, que tanta repercusión había tenido, estaba viendo cómo el último tramo de su existencia se convertía en toda una tragedia a la que urgía escribir un final acorde con su desarrollo. Por eso, en vez de limitarse a clausurar el acto, se levantó de su asiento en la mesa presidencial y caminó lentamente hacia el estrado, con aquel papel en el que había garabateado algunas anotaciones inconexas bien apretado entre los dedos de su mano derecha.—Estáis esperando mis palabras, me conocéis bien y sabéis que soy incapaz de permanecer en silencio; a veces, quedarse callado equivale a la aquiescencia —dijo tras ubicarse ante el atril, la mirada fija en los asistentes—. Quiero hacer algunos comentarios al discurso, por llamarlo de algún modo, del profesor Maldonado, que se encuentra entre nosotros. Se ha hablado aquí de guerra internacional en defensa de la civilización cristiana; yo mismo lo hice otras veces. Pero no, la nuestra es sólo una guerra incivil. Vencer no es convencer, y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión. Dejaré de lado la ofensa personal que supone su repentina explosión contra vascos y catalanes llamándolos «anti-España»; pues bien, con la misma razón pueden decir ellos lo mismo. El señor obispo —añadió mirando a Plá y Deniel—, lo quiera o no lo quiera, es catalán, nacido en Barcelona, y aquí está para enseñar la doctrina cristiana que no queréis conocer. Yo mismo, como sabéis, nací en Bilbao y llevo toda mi vida enseñando la lengua española, que no sabéis.
Cuentan que, en ese instante, Millán-Astray
empezó a gritar: «¿Puedo hablar? ¿Puedo hablar?». Sus escoltas
enarbolaban las metralletas como si el mando les hubiese requerido que
presentaran armas. Alguien desde el público gritó: «¡Viva la muerte!».
Justo después, en lo que Dionisio Ridruejo, que estaba
presente, calificaría como «un exhibicionismo fríamente calculado», el
militar alzó la voz: «¡Cataluña y el País Vasco, el País Vasco y
Cataluña, son dos cánceres en el cuerpo de la nación! ¡El fascismo,
remedio de España, viene a exterminarlos, cortando en la carne viva y
sana como un frío bisturí!». La excitación le impidió seguir hablando.
Se cuadró, alguien desde la bancada profirió un «¡Viva España!» y el
paraninfo quedó sumido en un silencio sepulcral. Unos sonreían
orgullosos. Otros dirigían angustiadas miradas de soslayo al anciano
rector, que seguía de pie en el estrado y retomó pronto la palabra.
—Acabo de oír el necrófilo e insensato grito de «¡Viva la muerte!» —dijo con la misma serenidad con que Fray Luis de León había referido, unos siglos atrás, su «Como decíamos ayer» al iniciar su primera clase tras la condena impuesta por los tribunales inquisitoriales—. Esto me suena lo mismo que «¡Muera la vida!». Y yo, que he pasado mi vida componiendo paradojas que excitaban la ira de algunos que no las comprendían he de deciros, como experto en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. Como ha sido proclamada en homenaje al último orador, entiendo que va dirigida a él, si bien de una forma excesiva y tortuosa, como testimonio de que él mismo es un símbolo de la muerte. El general Millán-Astray es un inválido —el aludido, tuerto y cojo como consecuencia de varias heridas que había sufrido en la guerra de Marruecos, se revolvió en su asiento—. No es preciso que digamos esto con un tono más bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero los extremos no sirven como norma. Desgraciadamente en España hay actualmente demasiados mutilados. Y si Dios no nos ayuda, pronto habrá muchísimos más. Me atormenta el pensar que el general Millán-Astray pudiera dictar las normas de la psicología de las masas. Un mutilado que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, que era un hombre, no un superhombre, viril y completo a pesar de sus mutilaciones, un inválido, como he dicho, que no tenga esa superioridad de espíritu es de esperar que encuentre un alivio viendo cómo se multiplican los mutilados a su alrededor. El general Millán-Astray desea crear una España nueva, creación negativa sin duda, según su propia imagen. Y por eso quisiera una España mutilada.
Hubo testigos presenciales que aseguraron que, tras escuchar esto, Millán-Astray se llevó la mano a la pistola, y que si no abrió fuego contra el rector fue porque Carmen Polo, con un leve gesto, le hizo abandonar sus intenciones. Preso de la furia, el militar gritó: «¡Muera la inteligencia!», a lo que un sorprendido Pemán opuso: «¡No! ¡Mueran los malos intelectuales!». Sobre el alboroto de insultos y proclamas patriotas, Unamuno continuó su intervención sin amilanarse:—Éste es el templo de la inteligencia, y yo soy su sumo sacerdote. Vosotros estáis profanando su sagrado recinto. Yo siempre he sido, diga lo que diga el proverbio, un profeta en mi propio país. Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis, porque para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España. He dicho.
Algunos se encararon con Unamuno e intentaron agredirle. Millán-Astray, que logró contener sus impulsos, le ordenó que se cogiera del brazo de Carmen Polo para abandonar el lugar sin incidentes. Él así lo hizo. Una fotografía célebre le muestra saliendo de la sede universitaria rodeado de individuos que escenifican el saludo fascista. Es una imagen curiosa: si algo abunda en ella son las figuras humanas, pero hay algo que mueve a quien la observa a concluir, aun desconociendo su contexto, que el rector anciano y exhausto, que ocupa el centro de la composición, se encuentra terriblemente solo.
Apenas tres años después, cuando se disponía a salir con sus familiares camino del exilio, el poeta Antonio Machado dejó acuñadas unas palabras cuya resignación no esquivaba la esperanza en una futura justicia poética: «Para los estrategas, para los políticos, para los historiadores, todo está claro: hemos perdido la guerra. Pero humanamente, no estoy tan seguro… Quizá la hemos ganado». En la mañana del 12 de octubre de 1936, Miguel de Unamuno se redimía ante la Historia al mismo tiempo que daba por finiquitada su propia biografía. Tras los sucesos del paraninfo —Franco, tras enterarse de lo ocurrido, dictaminaría que Millán-Astray había actuado correctamente—, se le despojó de su cargo de rector y se le condenó a un arresto domiciliario que le mantendría confinado en su vivienda de la calle Bordadores hasta el final de sus días. El mismo Unamuno que había sido presentado como uno de los adalides intelectuales del levantamiento pasó a convertirse en un despojo al que convenía evitar y cuya memoria debía relegarse forzosamente al ostracismo. Murió poco después, el 31 de diciembre de 1936, en medio de una gran nevada que convertía las calles de la ciudad en una alfombra blanca sobre la que se iban dibujando las huellas indelebles del oprobio. La casa donde exhaló su último suspiro aún existe. En su fachada se grabaron hace tiempo las últimas estrofas de la conmovedora oda que dedicó a su tierra adoptiva.Del corazón en las honduras guardo
También acertó en eso. Cuando se cumplen ochenta años de su muerte, la figura de Miguel de Unamuno resulta imprescindible para comprender la literatura y el pensamiento en la España que atravesaba atónita la primera mitad del siglo XX. Su recuerdo jamás ha dejado de estar presente en el acontecer diario de la ciudad que baña el Tormes. El eco de aquel «Venceréis, pero no convenceréis» con que rubricó el último acto de su vida aún resuena de cuando en cuando, como resuenan los ecos de esas profecías, por mucho tiempo que pase.
tu alma robusta; cuando yo me muera
guarda, dorada Salamanca mía,
tú mi recuerdo.

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