martes, 28 de julio de 2026

Los pilares del tiempo - Gaziel, el Ortega y Gasset catalán al que la guerra silenció ,. / REVISTA QUO - Los iraníes en el exilio tras la muerte de Jamenei: «Esto es increíble, es un sueño»,.

 

TITULO : Los pilares del tiempo - Gaziel, el Ortega y Gasset catalán al que la guerra silenció ,. 

 Los pilares del tiempo - Gaziel, el Ortega y Gasset catalán al que la guerra silenció,.

Gaziel, el Ortega y Gasset catalán al que la guerra silenció,.

Francisco Fuster publica 'Insobornable', la biografía de uno de los periodistas más influyentes antes de la Guerra Civil,.


Retrato de Gaziel.

Hay una cita que Agustí Calvet, Gaziel (Gerona, 1887; Barcelona, 1964), dejó escrita en el artículo que publicó al cumplir veinte años en 'La Vanguardia' y que era toda una declaración de principios: «Mis lectores me aman por esta sencilla razón: porque saben que Gaziel es falible, pero insobornable». De ahí toma el título el historiador Francisco Fuster para 'Insobornable. Vida de Gaziel' (Galaxia Gutenberg), una biografía que viene a restituir la figura de uno de los grandes nombres del periodismo español del siglo XX.

«Gaziel estaba llamado a ser el Ortega y Gasset catalán. Era un intelectual que se expresaba a través de la prensa», valora Fuster. «Durante el periodo de entreguerras fue el mejor periodista de España, sin exagerar». Fue director de periódico, cronista de guerra, corresponsal, editorialista, columnista, crítico literario... Para Fuster, figura entre los cinco grandes nombres del periodismo español de la primera mitad del siglo, junto a Azorín, Josep Pla, Julio Camba y Manuel Chaves Nogales. La guerra lo truncó todo: tuvo que exiliarse y nunca volvió a dirigir un periódico.

Agustí Calvet no estaba llamado al periodismo. Su padre le impuso estudiar Derecho, carrera que abandonó en cuanto pudo para matricularse en Filosofía. Tras varias idas y venidas acabó instalándose en París para preparar unas oposiciones. Allí le sorprendió la Primera Guerra Mundial. Gaziel empezó a anotar en una libreta lo que veía cada día en la ciudad: un dietario íntimo, escrito en catalán, donde dejó constancia de aquellos hechos extraordinarios.

Cuando regresó a Barcelona enseñó el cuaderno a Miquel dels Sants Oliver, entonces director de 'La Vanguardia'. Le bastó leer unos fragmentos para advertir el valor de aquellos textos. El 'Diario de un estudiante en París' se publicó en treinta y cinco entregas durante tres meses. Probablemente sea lo mejor que escribió Gaziel en toda su vida. Después se quedó como corresponsal en París durante la guerra, y las crónicas que envió desde el frente consolidaron su prestigio.

Cuando murió su mentor, lo incorporaron a una dirección compartida con dos veteranos de la casa. En 1933 fue nombrado director único. «'La Vanguardia' se divide en dos vastas etapas: la de antes de Gaziel y la de su dirección», dijo Pla. Bajo su mando el periódico se europeizó: envió corresponsales al extranjero, contrató servicios de agencias internacionales e incorporó firmas de primera fila –Azorín, Gregorio Marañón, Madariaga–, además de recuperar a intelectuales catalanes apartados por el catalanismo oficial, como Eugenio d'Ors.

Exilio por la guerra

Fue también entonces cuando 'El Sol' –el diario de José Ortega y Gasset– lo fichó para que explicara Cataluña al resto de España. «Querían a alguien catalán, pero no un catalanista radical», explica Fuster. «Gaziel representaba esa Cataluña moderada que buscaba encaje dentro del Estado». En estos años, Gaziel «era el 'opinion maker' de referencia para la burguesía catalana».

Recibió la República con optimismo y fue distanciándose a medida que intuía el rumbo de los acontecimientos. Era un liberal que veía cómo se dilapidaba una oportunidad histórica. Advirtió que el país caminaba hacia la ruptura: dos bandos que se despreciaban y que podían acabar en una revolución «a tiro limpio, a sangre y fuego». El tiempo le dio la razón.

En julio de 1936, Gaziel embarcó en un mercante francés procedente de Senegal rumbo a Marsella, con solo 1.500 pesetas en el bolsillo. Dejaba atrás su casa de la calle Muntaner, su biblioteca de cinco mil volúmenes y su archivo, saqueados por la misma turba anarquista que había intentado matarlo. Tenía cuarenta y ocho años.

Sufrió un proceso de responsabilidades políticas, seguido de un consejo de guerra, que se prolongó durante años

El exilio fue «un punto y aparte en su biografía». Vagó por Colombia, Londres, Bruselas y París. Cuando regresó a la España de Franco se encontró con una denuncia de su antiguo jefe, Carlos Godó. «Era una denuncia falsa. Los cargos no tenían ni pies ni cabeza», sostiene Fuster. «Fue una venganza personal, seguramente porque Gaziel había aceptado la República, aunque 'La Vanguardia' nunca se declaró republicana». El proceso de responsabilidades políticas, seguido de un consejo de guerra, se prolongó durante años.

Gaziel sobrevivió gracias a las rentas de unas propiedades heredadas y a un empleo como gerente de la editorial madrileña Plus Ultra. Había sido el periodista más influyente de España y ahora vivía como un «apestado». En 1949, al cumplir 62 años, anotó en su dietario el balance de lo que creía haber sido: nada «más que un periodista, un pequeño escritor de circunstancias, que no dejará nada perdurable».

A partir de los años cincuenta la situación empezó a cambiar. Con la ayuda de Pla, que presionó para que el editor Josep Maria Cruzet lo incorporara al catálogo de la editorial Selecta, volvió a publicar en catalán… y descubrió que aún tenía lectores. Escribió un libro sobre Sant Feliu de Guíxols, su pueblo natal. Luego llegaron libros de viajes y unas memorias que obtuvieron cierto éxito.

Recibió la República con optimismo y fue distanciándose a medida que intuía el rumbo de los acontecimientos

Para Gaziel, explica Fuster, fue una etapa relativamente feliz, aunque su renacer tuvo límites. Como escribiría Joan Fuster, «Gaziel era un autor novel y veterano al mismo tiempo». Era, según su biógrafo, «un escritor desfasado en una época que miraba hacia otro lado. Todavía hablaba del mundo de ayer. Sus memorias terminaban en 1914, cuando empezó a ser periodista. Iba con cincuenta años de retraso. Le pidieron una segunda parte y nunca quiso escribirla».

Gaziel murió en 1964, sin terminar sus obras completas, que él mismo diseñó cuando ya sabía que tenía cáncer. El dietario que escribió durante aquellos años de silencio forzado, 'Meditaciones en el desierto', se publicó de manera póstuma. «A la vista de su contenido –dice Fuster– resulta verosímil pensar que el propio autor lo concibió como un desahogo póstumo. A nadie se le escapaba que la censura no iba a permitir la libre circulación de aquella bomba de relojería».

TITULO: REVISTA QUO -   Los iraníes en el exilio tras la muerte de Jamenei: «Esto es increíble, es un sueño» ,. 

 REVISTA QUO -  Los iraníes en el exilio tras la muerte de Jamenei: «Esto es increíble, es un sueño» , fotos,.

 

Los iraníes en el exilio tras la muerte de Jamenei: «Esto es increíble, es un sueño»,.

La diáspora contraria al régimen celebra la eliminación del líder supremo, pero vive con angustia el corte de las comunicaciones con sus familiares en el país,.


Manifestantes contra el régimen iraní en Nueva York agradecen a Trump la eliminación de Alí Jamenei

Otra vez el corte de las comunicaciones. Otra vez un régimen decapitado, pero que sigue controlando a la población. Como ya pasara en otras ocasiones, la última durante las protestas en enero, el Gobierno iraní ha cortado cualquier conexión a internet lo que impide a los iraníes comunicarse con sus familias fuera del país.

«Desde el sábado al mediodía no sé nada de mi familia», comenta a ABC Sarah, una iraní exiliada en Madrid. Su familia vive en Teherán y pudo hablar con ella a través de varios mensajes. Solo sabe que estaban bien, a pesar de que los ataques israelíes y estadounidenses impactaron muy cerca de su casa y que intentaron huir al norte del país, pero sin mucho éxito. «Las carreteras hacia el norte, que es la zona más segura, están colapsadas», comenta Sarah. Ella ha tenido suerte porque logró comunicarse algo con sus seres queridos. Otros muchos ni siquiera esa, lo que aumenta el estrés y la preocupación, como ya pasara hace un mes.

 Qué le estamos haciendo a Quo? - Quo

Sobre este control que ejerce el régimen en las comunicaciones, existe toda una estrategia que ha ido cambiando y mejorando con el tiempo, y sobre todo con las protestas.

«A pesar del bloqueo de X, Instagram, Facebook y Telegram, el hecho de que más del 80% de los iraníes utilicen VPN ha obligado al régimen a cambiar de enfoque. No solo quieren bloquearte; quieren vigilarte dentro de las plataformas», explica para ABC el doctor Arash Beidollahkhani, investigador del Instituto de Desarrollo Global de la Universidad de Mánchester.

Experto en el aparato represivo tecnológico del régimen, Arash Beidollahkhani asegura que estos bloqueos son una 'cortina de humo' digital que permite al Estado desconectar internet mientras mantiene operativos los servicios internos de propaganda. «En esta oscuridad informativa es donde opera la verdadera máquina de matar. Cuando se corta internet, el 'coste político' del asesinato desaparece porque ningún vídeo puede subirse. Esto permitió la horrible carnicería en los días críticos del 7 y 8 de enero». Según datos de las organizaciones humanitarias, en esos días, las fuerzas de seguridad asesinaron a más de 7.000 personas.

Ante la falta de esta conexión, pocos son los testimonios que se han podido recoger desde dentro de la república islámica. Algunos vídeos comenzaron a circular a primeras horas de la mañana.

Estas imágenes reflejan las dos caras de una misma moneda que ahora mismo es Irán: por un lado, multitud de gente llorando la muerte de su líder, el ayatolá Jamenei. La emisora estatal IRNA difundió imágenes de grandes multitudes reunidas en las plazas Imán Jomeini y Enghelab, en el centro de Teherán, para rendir homenaje y mostrar su apoyo al sistema político. Los dolientes también se congregaron en ciudades como Isfahán, Tabriz y Borazjan. La gente sostenía imágenes de su difunto líder, ondeaba la bandera de la República Islámica y coreaba al unísono.

«Cuando se corta internet, el 'coste político' del asesinato desaparece porque ningún vídeo puede subirse. Esto permitió la horrible carnicería en los días críticos del 7 y 8 de enero»

Arash Beidollahkhani

Investigador de la Universidad de Mánchester

El país ha iniciado 40 días de luto por la muerte del ayatolá y la de casi medio centenar de altos funcionarios de seguridad que, según EE.UU., también murieron en los ataques del sábado, junto con la hija, el yerno y el nieto de Jamenei. «Todos estamos dispuestos a convertirnos en mártires, pero no estamos dispuestos a dejar que la revolución se vaya», dijo un hombre de la ciudad de Qazvin en una entrevista transmitida por IRNA.

No todos los iraníes se sintieron afectados por la noticia. Muchos civiles en diversas partes del país celebraron abiertamente la muerte de Jamenei, con la esperanza de que marcara el inicio de la transición de Irán a la democracia. Los iraníes se despertaron este domingo con la confirmación de que el líder supremo que gobernó Irán durante más de 36 años había muerto en los ataques estadounidenses e israelíes lanzados el sábado. Su muerte fue anunciada primero por el presidente estadounidense Donald Trump y luego por los medios estatales iraníes.

A pesar de esta confirmación, las dudas sobre la muerte de Jamenei aún existían esta mañana. «Estamos buscando fotos del cuerpo de Jamenei o algo que nos demuestre que está muerto porque ahora nos entra la duda. Hasta que digan exactamente cómo se ha muerto», dudaba Sarah, una exiliada iraní en España. Al igual que ella, muchos dudan de que lo que llevaban esperando desde hace casi 50 años fuera verdad: «Esto es increíble, es un sueño».

La diáspora en el Reino Unido

En la diáspora iraní asentada en el Reino Unido, la noticia de la muerte del líder supremo ha generado sentimientos encontrados. La enfermera Farzaneh R. tiene 45 años y lleva veinte viviendo en Londres, adonde llegó tras abandonar Irán a comienzos de la década de 2000.

Desde su localidad al oeste de la capital británica, explica que la primera reacción fue visceral: «Cuando leí la noticia sentí que algo se me removió por dentro, como si por fin terminara una etapa que nos marcó a todos». Sin embargo, añade que esa sensación no se traduce en una alegría sin matices. «Hay gente que está eufórica, que habla de libertad como si fuera inmediata», afirma, pero matiza que en su caso la emoción se mezcla con una inquietud persistente.

«Estoy aliviada, porque para mí ese hombre representa décadas de represión, de miedo, de ver cómo encarcelaban a estudiantes y cómo mataban a jóvenes en las calles. Pero al mismo tiempo no puedo dejar de preguntarme cuál es el precio de todo esto». «Me preocupa que la respuesta sea más violencia, más inestabilidad, y que quienes paguen sean los que siguen allí, mi familia, mis amigos».

En su opinión, la desaparición de una figura central no garantiza una transformación estructural. «El sistema no es una sola persona. Me encantaría creer que esto abre la puerta a un cambio real, pero también sé que las estructuras siguen ahí».

Su marido, Amir H., que emigró con ella y hoy trabaja en el sector tecnológico, comparte la sensación de que se ha producido un momento histórico, aunque introduce un matiz distinto. «Entiendo que haya celebraciones», señala, «porque para muchos simboliza el fin de una era muy oscura». No obstante, insiste en que conviene separar el impacto emocional del análisis político. «No creo que la muerte de un líder signifique automáticamente una transición ordenada. El poder en Irán está distribuido en redes complejas, y esas redes no desaparecen de un día para otro». Además, matiza que «tampoco le tocaba a Estados Unidos e Israel hacer esto». Y añade otra preocupación: «Cuando un país se siente atacado desde fuera, las autoridades tienden a endurecer el control dentro».

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