lunes, 31 de octubre de 2016

REVISTA XL SEMANAL PORTADA ENTREVISTA - ¡ ATENCIÓN Y OBRAS! CINE - TORERO - JOSE MARIA MANZANARES,./ EL BLOC DEL CARTERO - LA CARTA DE LA SEMANA - VIAJANDO CON CHESTER , EL SILENCIO FERTIL,.

TITULO : REVISTA XL SEMANAL PORTADA ENTREVISTA - ¡ ATENCIÓN Y OBRAS! CINE - TORERO - JOSE MARIA MANZANARES,.


¡ATENCIÓN Y OBRAS! CINE - Resultat d'imatges de ¡ ATENCIÓN Y OBRAS !

 ¡Atención y obras! es un programa semanal que, en La 2, aborda la cultura en su sentido más amplio, con especial atención a las artes escénicas, la música, los viernes a las 20:00 presentado por Cayetana Guillén Cuervo, etc, foto,.





TORERO - JOSE MARIA MANZANARES,.

-foto, José María Manzanares: «Nadie te dice ‘levántate' la autoexigencia nos mueve»,.



  • Resultat d'imatges de TORERO - JOSE MARIA MANZANARES,. entrevistaJosé María Manzanares es un icono del toreo actual. Su perfecta preparación hace de él todo un atleta de los ruedos,.

Treinta años y todo el éxito del mundo. ¿Cuánto trabajo y esfuerzo hay detrás?
–Muchísimo. Lo primero es que apenas estoy con mi familia. En cuanto empieza el año me encierro con mi cuadrilla en el campo y luego en temporada juntas un viaje con otro. Es un sacrificio tremendo.

–¿Si no hace ese sacrificio lo acusa?
–Para mí es la única manera de estar bien delante del toro. Necesito estar aislado, mentalizado. Otras veces he preparado alguna corrida en Alicante, y es difícil, hay demasiadas distracciones.

–Ha creado un nuevo sistema de entrenamiento encerrándose en el campo con su cuadrilla.
–La relación que tenemos va más allá de lo profesional. Para ellos también es un esfuerzo tremendo dejar a sus familias. Y llega un momento en el que todo fluye y nos entendemos con una mirada.

–¿Cuenta con entrenador personal?
–Lo he tenido. Ahora ya sé cómo prepararme y cuando tengo una duda, llamo y me da instrucciones. Cuando vas cumpliendo años te vas conociendo el cuerpo. Lo escuchas.

–¿Cuida la alimentación?
–Sí, y es lo que más me cuesta. Me gustan mucho las pizzas, las hamburguesas...

–¿Y lo nota?
–Mucho. El cuerpo no te responde igual. Los músculos no tienen la misma rapidez. Incluso noto cuando engordo medio kilo. Con los trajes, que son tan ajustados, te notas todo.

–¿Ha recurrido a un nutricionista?
–Sí, tengo la dieta para perder peso, la dieta para cuando estoy en él y la dieta para el día de corrida y la noche antes.

–¿Qué come un día de toros?
–La noche antes un filete de carne o pescado. Y el día de corrida no desayuno. Tres o cuatro horas antes de torear tomo hidratos, para hacer la digestión sin problemas.

–¿Pasta?
–Sí, pero sin salsas. Con agua. Me quito los refrescos.

–Y hay que sumar el desgaste de los viajes.
–Son duros, llegas de viaje a las cuatro o cinco de la mañana y cada noche en una cama distinta.

–¿Cuántos kilómetros se pueden hacer al año?
–Una vez lo calculamos y nos salían 100.000.

–¿Y un avión privado?
–En ocasiones sí lo uso. Cuando son viajes de 900 kilómetros. Solemos alquilar uno de 5 o 6 plazas, el que haya disponible, y nos turnamos quién viaja según lo cansados que estemos.

–En su caso, a pesar de la buena condición física ha pasado etapas difíciles de salud.
–El dengue fue horrible. En cuestión de salud he sufrido muchísimo. Fue un calvario para mí. Me encontraba fatal pero no sabía qué me pasaba. Esa incertidumbre te hace sufrir mucho. Tenía mareos, temblores, la visión borrosa delante de los toros... Hasta que no pude más, sufría hasta convulsiones.

–¿Y después?
–Seis meses tumbado en el sofá sin poder hacer esfuerzos.

–Y once operaciones en su mano izquierda.
–Se complicó mucho por las ansias de reaparecer. Se volvió a romper el tendón y una vez más después. A la tercera me tuvieron que hacer un injerto. No tenía movilidad la temporada pasada pero no quería pasar el año en blanco.

–Algunas operaciones fueron brutales.
–Parecía que me había estallado una bomba en la mano. Y aparte de que era horroroso, sentir la incertidumbre de no poder torear fue terrible.

–Esa capacidad de superación, ¿es uno de los valores de la Fiesta?
–Sin duda. La capacidad de sacrificio y la fuerza de voluntad en el toreo es brutal. Hay un respeto y una pureza enorme.

–¿Y el límite?
–No lo sé. Es curioso, porque nosotros no tenemos a nadie que nos diga «levántate». Es la autoexigencia la que nos mueve. El ejercicio de responsabilidad.

–Pero a la vez son muy jóvenes.
–Las tentaciones son muchas. Si no eres maduro es fácil perderse.

–¿Y la diversión?
–También, pero en momentos puntuales. En muchos casos entregas tu adolescencia y tu juventud por conseguir tu sueño.

–¿Por qué se recuperan tan rápido de las cornadas?
–Además de por la condición física, por la fortaleza interna. Estamos acostumbrado a afrontar situaciones límites y eso te hace sentir fuerte mentalmente.

–Teniéndolo todo. ¿Por qué jugarse la vida?
–Es algo muy espiritual. Es una vida muy interna, la concentración para nosotros es vital, porque puedes perder la vida en cada movimiento. Cada tarde pones tu cuerpo al límite y experimentas sensaciones brutales. Algo que persigues desde lo más profundo de tu alma. Yo no he sentido nada igual en mi vida.

–¿Y se sufre delante del toro?
–Muchas veces. Se sufre casi siempre, pero llega un momento en el que disfrutas. Creas una conexión con el toro muy fuerte y aunque tengas sensación de miedo es todo muy intenso. A veces llegas al callejón y te pueden decir lo que quieran que tú estás metido en ti mismo.

–¿Agota vivir tan al límite?
–Te vacías. Física y mentalmente.

–Su padre fue un gran torero, ¿qué significa para usted?
–Mi padre ha sido mi fuente y mi espejo. Es al que más admiro, pero muchas veces ha sido muy duro. Los dos tenemos un carácter fuerte y hemos chocado. Siempre me ha gustado hacer las cosas a mi manera y a él, que es sabio, le chocaba que le llevara la contraria. Hay que hacer lo que uno cree aunque se equivoque. Si no, te traicionas.

–En Sevilla, con la Puerta del Príncipe, se dieron un gran abrazo.
–Representaba mucho para los dos, por lo que significa Sevilla.

–¿Cómo fue esa salida a hombros?
–Increíble, porque ves que la gente siente igual que tú. No hay palabras para contar tanta felicidad. Lo ves en la cara de la gente.

–Le sacaron a hombros los propios chavales de las escuelas.
–Sí, se ha creado algo muy bonito.

–Y en Barcelona se desató la pasión.
–Era un día especial, la penúltima antes del cierre, habían pasado muchas cosas en la plaza. La gente estaba entregada, indignada. Nos llevaron hasta el hotel a hombros y en el ascensor sentía que les tenía que dar algo a ellos, me quité la chaquetilla y la regalé. Cuando subí, pensé que no era suficiente. Le dije al mozo de espadas que cortara la taleguilla y el chaleco en trocitos y que los diera. Era un vestido nuevo, pero se merecían todo.

–¿Qué relación mantiene con la moda?
–A veces hago algún reportaje, pero apoyado con una entrevista que dé a conocer el mundo del toreo. El objetivo es difundir mi profesión. Y yo creo que es bueno siempre que tú respondas en la plaza y tengas claro que eres torero.

–Llega Madrid, ¿tensión máxima?
–Máxima. A lo mejor estás descansando después de comer, te viene a la cabeza y te inunda.

–¿Cuesta más jugarse la vida siendo padre?
–Muchísimo más. Cuesta salir de tu casa y dejar a tu familia. Siempre le digo a mi mujer que me mande fotos, porque como estoy tan poco en casa, necesito verle, y de camino a la plaza veo las fotos en el móvil... Y los pensamientos son muy difíciles de llevar. Es una mezcla de felicidad y tristeza.
«Necesito sentir el miedo»
Tarde a tarde, temporada a temporada, los toreros conviven con el miedo. Uno más de la cuadrilla: «Yo lo necesito. A veces estoy sentado en el sofá por la mañana y empiezo a sudar y a temblar. Así se me manifiesta el miedo. Pero cuando lo siento voy más a gusto a la plaza. Es como si fuera consciente de todo. Después, cuando haces el paseíllo ya se convierte en concentración. Se me olvida que me voy a jugar la vida o que estoy delante de 20.000 personas». Una sensación con la que ponen al límite su cuerpo y también su carácter. «Soy muy visceral. En un día puedo estar bien, al rato cansado y al otro de mal humor. Por eso tienen tanto mérito las mujeres de los toreros, es muy complicado entenderlo».

El apple del toreo
José María Manzanares ha sido pionero en el uso de las redes sociales en el toreo. «Desde que decidí ser torero tuve claro que había cosas que quería cambiar. No del mundo del toro, pero sí en mi carrera. Quería que fuera diferente. Mucha gente, sobre todo al principio, no lo veía bien, pensaban que restaba misterio al torero... Pero a mí me parece fundamental contar los valores del toreo, cómo vivimos, cómo son esos inviernos, los triunfos, las frustraciones». De hecho, sí se está notando una renovación en los tendidos. «Veo gente joven, que te siguen, que saben tu historia, que generan un nexo de unión contigo y con el toreo. Explicando los valores de la Fiesta, que son tan puros, es una forma de enganchar a los jóvenes. Son el futuro. Cuando salgo a hombros, me quieren sacar los chavales, sobre todo los que quieren ser torero. Y lo prefiero, me satisface ver que la gente lo hace por devoción».

  TITULO: EL BLOC DEL CARTERO - LA CARTA DE LA SEMANA - VIAJANDO CON CHESTER , EL SILENCIO FERTIL,.



Resultat d'imatges de viajando con chesterVIAJANDO CON CHESTER

Viajando con Chester es un programa de televisión español, de género periodístico, presentado por Pepa Bueno, en la cuatro los domingos las 21:30, foto, etc.

 

 

 EL SILENCIO FERTIL,.

Resultat d'imatges de EL SILENCIO FERTIL,. juan manuel de pradafoto,.

 
El desvelamiento de la identidad de la escritora que se ocultaba tras el seudónimo de Elena Ferrante ha provocado eso que todavía seguimos denominando (con hipérbole nostálgica) ‘ríos de tinta’. Ofrecido como una sesuda ‘investigación periodística’, sospecho que el desenmascaramiento de Elena Ferrante se logró más bien jaqueando con la mayor desfachatez y bellaquería los ordenadores de la editorial en la que publicaba sus novelas, donde Anita Raja (que es el nombre poco agraciado que se oculta tras el eufónico seudónimo) figuraba como traductora al inglés de sus propias novelas (pero las cantidades que percibía, abultadísimas, en nada se parecían a las cantidades raquíticas que suele percibir un traductor). La revelación de la identidad de Ferrante nos enfrenta descarnadamente con la emergencia de un periodismo basuriento y felón, capaz de delinquir orgullosamente y a sabiendas de que sus trapacerías nunca serán desveladas, porque la clandestinidad tecnológica las ampara. Y, desde luego, nos confronta con el sentido último del periodismo, que ya no sería tanto alumbrar una verdad cuyo ocultamiento perjudica a su audiencia como excitar en su audiencia una curiosidad morbosa que ningún beneficio procura a la comunidad, ni a las personas que la integran. Y que, a la vez que excita esa curiosidad morbosa, inflige un daño gratuito a la persona cuya intimidad se expolia.
Pero sobre estos aspectos del caso ya se ha escrito sobradamente. En cambio, se ha pasado de puntillas sobre una realidad sustantiva que tal vez se halle en la raíz del odio que Elena Ferrante provocaba en el periodismo basuriento y felón. Anita Raja, cuando decidió publicar sus novelas con seudónimo, no lo hizo porque tuviera nada que ocultar, ni porque quisiera jugar al escondite con sus lectores, sino por una razón mucho más sencilla: no soportaba la notoriedad pública, no quería que le diesen la lata con peticiones de comparecencia pública, no quería conceder entrevistas, no quería participar en redes sociales ni parecidas zarandajas. Quería, tan sólo, escribir novelas, encerrada en su casa, rodeada de ese silencio fértil que es la mejor compañía del escritor, pues lo mantiene centrado en lo que verdaderamente importa. Quería permanecer al margen de la feria de las vanidades literarias, quería ahorrarse las tediosas promociones que las editoriales imponen a los escritores de éxito, quería desentenderse del destino posterior de sus obras, una vez que las entregaba a su editor. Tuvo la suerte de encontrar un editor que aceptó sus condiciones; y, como la fortuna favorece a los audaces, las novelas de Elena Ferrante lograron destacarse en las librerías, sin otro apoyo que el entusiasmo de los lectores que las disfrutaron y corrieron a contárselo a sus amigos.
Al lograr un triunfo que acabaría siendo apoteósico desde ese silencio fértil que es la mejor compañía del escritor, sin participar en promociones estrepitosas, sin conceder jamás una entrevista, sin rebajarse a soltar paridas ruborizantes y hacerse selfies patéticos en las malhadadas redes sociales, Elena Ferrante estaba lanzando un mensaje desafiante a nuestra época. Y nuestra época, encarnada en ese periodismo basuriento y felón que ha desvelado su identidad, se enrabietó. No podía soportar que una oscura traductora metida a novelista pudiera alcanzar el éxito sin pasar antes por las horcas caudinas de la publicidad. No podía soportar que no se resignara a aceptar los códigos mercantiles al uso, que exigen al artista convertirse en charlatán de su propia mercancía (cuanto más averiada, mejor). No podía soportar que mostrara al mundo que la ubicuidad mediática, las redes sociales y los estruendos publicitarios nada tienen que ver con la creación literaria, sino que más bien la niegan y repelen. Nuestra época, en fin, no podía soportar que el silencio fértil de Elena Ferrante se alzase, a la postre, en el reclamo más eficaz, en medio de un mundo atestado de ruido, provocando muchas más adhesiones que el estrépito que suele rodear a los escritores más famosos.
Elena Ferrante fue, a la postre, víctima del resentimiento de nuestra época, que no puede sufrir que un artista permanezca abrazado al silencio, mientras los demás acatamos nuestra condición de zascandiles, condenados a posar ante los fotógrafos, condenados a tuitear mamarrachadas, condenados a rebuznar ante los micrófonos, condenados en fin a acatar los códigos mercantiles que han convertido el arte en un zoco de banalidad. Elena Ferrante era un escupitajo en el rostro de toda esta tramoya; y por eso el periodismo basuriento y felón descerrajó su identidad.



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