LA HORMA DE MI ZAPATO, EL OBJETO Y YO, ZAPATILLAS VIEJAS, PRIMER PUNTO DE PARTIDO EN EL ROMANO - fotos,.
El Mérida podría cantar esta tarde el alirón (si gana y pierde el Extremadura) ante el mejor equipo del último mes en Tercera,.
Nosotros nos centraremos en nuestro partido... y lo que pase en los demás campos lo escucharemos después», sostiene Ángel Alcázar. Y en parte, escuchándolo bien, no le falta razón: más que por el protocolario respeto hacia el rival de turno, porque el Pueblonuevo es uno de los equipos más aseados del momento. Pero en realidad, no habrá aficionado en el Romano que no sepa lo que esté sucediendo a la vez en el Nuevo Vivero. El Mérida usará esta tarde una de las cuatro oportunidades que tiene sobre la mesa para proclamarse campeón. Depende, primero, de ganar él... y, segundo, de que pierda el Extremadura en casa del Badajoz. Ninguna de las dos opciones es descabellada, o sea que pongan a enfriar el cava y no hagan planes para esta noche, por si acaso.
Lo que sí parece seguro es que el equipo de Alcázar celebrará su objetivo con su gente. Si no esta tarde, la semana que viene ante el Plasencia, cuando ya no dependa de terceros sino única y exclusivamente de él. No existe mejor escenario posible que aquel que ha sido una fiesta en estos dieciséis partidos; no existe mejor escenario posible que aquel donde mejor ha jugado el líder esta temporada. Solo ha cedido tres de los 48 puntos disputados en el Romano, y la derrota ante el Extremadura la solapó el triunfo en Valdivia. «Lo más importante es que el equipo recuperó sensaciones», subraya Alcázar.
Salvo las fases de desconexión ya típicas, se espera un Mérida que controle el juego, sitúe a muchos hombres por delante del balón y pise excesivamente el área contraria. «Los jugadores llegan en un buen momento. No quiero destacar a nadie, pero uno de los buenos fichajes que hemos hecho ahora ha sido la incorporación de Cristo, que no estaba entrando mucho, que tenía bastantes dudas... y ahora, poco a poco, se le están aclarando. Nos va a venir muy bien», confesó Alcázar, que seguirá sin poder contar con Manu y Troi y guarda la duda de Kimmo Hovi, que sufrió en el entrenamiento del jueves un fuerte golpe en la espalda.
Enfrente, sin jugarse nada, aparece uno de los equipos más en forma del momento. Nadie ha sido mejor que el equipo de Juan García en el último mes: cuatro victoria y un empate, precisamente en el Francisco de la Hera. «Lo espero con mucha alegría y descaro. Pero aquí en nuestro campo tenemos que imponer nuestra ley. Estamos en un buen momento psicológico, de intensidad y de actitud», cree Alcázar. Los rojillos viajarán con las bajas de los lesionados Antonio, Campos y Jona, y con Valero y Kiko, del filial, en la convocatoria.
TÍTULO: MORTADELO Y FILEMÓN.George», el can que salvó al yonqui,.
MORTADELO Y FILEMÓN.George», el can que salvó al yonqui,fotos.
El dibujante John Dolan
cuenta como salió de la marginación gracias a un «Staffordshire bull
terrier» en el libro «El perro que me cambió la vida»
Detalle de una de las abigarradas estampas urbanas de John Dolan.
John Dolan tenía 41 años cuando, en
la primavera del 2013, la suerte llamó a su puerta por segunda vez. Una
suerte precedida de una terrible vida, un perro llamado George y un gran
talento. Porque John era un mendigo que no tenía un techo bajo el que
guarecerse desde hacía tiempo, que entraba y salía de la cárcel sin que
eso le importara demasiado, que consumía drogas, un yonqui. En resumen,
era una de tantas personas que habitan las calles y que apenas vemos
cuando pasamos a su lado. Hasta que un día George se cruzó en su vida y
lo salvó, como el propio John cuenta.
Desde entonces, estos dos inseparables amigos han
cuidado el uno del otro y han logrado enamorar además de a muchos
viandantes, a galeristas, artistas y críticos de arte. Porque Dolan
tiene el talento de dibujar y George el de haber logrado que su amo no
se haya rendido por duro que fuera el camino. «Sin George yo no habría
vuelto a coger el lápiz tras haber descuidado mi talento durante
décadas; como tampoco habría conocido a Griff, el galerista Richard
Howard-Griffin. Sin duda habría acabado tirado en cualquier parte, en la
cárcel o dos metros bajo tierra», escribe en El perro que me cambió la
vida, autobiografía que edita Grijalbo. Sin embargo, Dolan es hoy uno de
los artistas callejeros más reconocidos y más de moda de Londres y su
experiencia se ha convertido en todo un best seller.
Conoció a George, que tiene 7 años, en el invierno
del 2009. Entonces vivía en una habitación de alquiler social y les
ofreció techo a Becky y Sam, una pareja de vagabundos. «Ellos ya tenían
un pastor alemán, pero un día un hombre se les acercó y les preguntó si
le comprarían a George por lo que cuesta una lata de cerveza. Y lo
trajeron. Cuando fueron realojados les dijeron que solo podían quedarse
con un perro, y me preguntaron si me lo quedaría. Acepté», recuerda.
Y el can lo salvó. ¿De qué modo puede lograr eso un
Staffordshire bull terrier joven? «Antes de conocerle mi vida era muy
dura. No hubiera podido imaginar que sería mi talismán. Hasta que llegó
él, yo apenas podía cuidar de mí mismo. Llevaba muchos años en una
espiral de indigencia, depresión, drogas, delitos y cárcel. ¡Había
entrado en prisión más de treinta veces! Cuando llegó me di cuenta de
que ahora me tenía que ocupar de los dos, de que si yo iba a la cárcel
le perdería... Sin él no estaría hoy donde estoy. Ahora mi vida es
diferente, está mucho más estructurada, siempre estoy trabajando»,
relata.
Fue así como no me quedó más remedio que retomar los
lápices. «El Gobierno se estaba cargando el sistema de prestaciones y yo
me vi obligado a mendigar. Trataba de dejar la calle y, aunque llevaba
muchos años sin hacerlo, pensé en dibujar, ya que era mi único talento.
En cuanto empecé me entusiasmé, me gustó hacer algo más que esperar a
que la gente echara dinero en el vaso de George». Y lleva dibujando
profesionalmente cuatro años.
La calle, sus sensaciones, sus ruidos, la gente que
pasa. «La ciudad que me rodea, la gente que la habita, su arquitectura»
son sus temas predilectos. La calle es su escuela artística, explica.
«Aunque la verdad es que me mantuve muy encerrado en mí, era un llanero
solitario. Vivir en la calle me convirtió en una persona más fuerte
mentalmente».
Antes, solía vender por 20 libras los dibujos de
tamaño folio. «El día que más, vendía 5 dibujos. ¡Y alguna vez pagaron
350 libras por algún lienzo!», asegura con humor. Hoy, sus originales
grandes se venden por 4.000 libras, ha protagonizado un par de muestras
en la Howard Griffin Gallery en Shoreditch.
Sin embargo, a menudo se sigue sentando en la calle a
dibujar. «No he dejado que la experiencia me cambie, tengo los pies
firmemente pegados al suelo», afirma.
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