miércoles, 1 de octubre de 2025

Tierra de sabores - Cocinamos - Frailes, protagonista de los fogones ,. / Un trío en la cocina - La Venezuela chica de la Plaza de Santiago de Cáceres ,. / Documentos TV - Anja, la fotógrafa de guerra ,. / Obélix y Astérix - Teatro - Honorarios ,.

 

TITULO:  Tierra de sabores  - Frailes, protagonista de los fogones ,.

Cocinamos - Frailes, protagonista de los fogones,.

 Tierra de sabores’ estará dedicado este domingo a Frailes, un municipio de la provincia de Jaén con un gran patrimonio, tanto en su historia como en su gastronomía, por descubrir y disfrutar.

 Frailes, protagonista de los fogones de "Tierra de Sabores"

foto / Al suroeste de la provincia de Jaén, en la falda del pico de la Martina, se balancea Frailes sobre arroyos y barrancos. Cruce de caminos entre Córdoba, Jaén y Granada, se yergue entre empinadas calles, imponentes higuerales y fuentes de agua cristalina. Su entorno escarpado nos anuncia una gastronomía particular arraigada en sabores antiguos que perviven en el tiempo.

Nuestro presentador, Bosco Benítez, nos llevará a conocer a Miguel Montes, un fiel seguidor de la cocina de toda la vida que nos va a enseñar dos recetas tradicionales: el remojón frailero y la olla de poderido.

Antes de prepararlas, visitaremos el huerto de nuestro protagonista, donde conoceremos a Toñi, que nos enseñará a elaborar pasta de higos para nuestra receta. En la ganadería de Custodio, conseguiremos la leche para amasar el famoso queso que produce Moisés de forma artesanal, recorreremos las pintorescas calles del pueblo de la mano de María Teresa, y conoceremos la profunda tradición de los embutidos artesanales del pueblo.

Todo un paseo por el recetario de Frailes que nos llevará también a conocer su esencia gastronómica de la mano de sus vecinos.

TITULO : Un trío en la cocina - La Venezuela chica de la Plaza de Santiago de Cáceres  ,.

Un trío en la cocina -  La Venezuela chica de la Plaza de Santiago de Cáceres  , fotos,.

 

 La Venezuela chica de la Plaza de Santiago de Cáceres ,.

 Daniel Clavijo y Daniela Ceballos son los dueños del restaurante Tochesuras de Santiago,.

 Daniel Clavijo y Daniela Ceballos son los dueños del restaurante Tochesuras de Santiago.

Daniela y Daniel, dos migrantes del país caribeño, popularizan los platos de su país en Cáceres y crean varios empleos en su restaurante Tochesuras,.

 


Sábado noche en la Plaza de Santiago. La ciudad está de bote en bote y en la terraza de Tochesuras, aunque es temprano,.


TITULO:  Documentos TV - Anja, la fotógrafa de guerra,. 

 

 

Martes - 7 , 14 - Octubre a las 00:00 horas en La 2,foto.

‘Documentos TV’ estrena esta semana ‘Anja, la fotógrafa de guerra’, un documental sobre la prestigiosa fotoperiodista alemana de guerra Anja Niedringhaus, fallecida en un atentado en Afganistán en 2014, cuando se encontraba en la cima de su carrera. Un retrato de su gran labor profesional, sin dejar de lado su faceta más personal, justo cuando se cumplen 24 años de la intervención de Estados Unidos en Afganistán, el 7 de octubre de 2001

El 4 de abril de 2014, Anja Niedringhaus y la reportera canadiense Kathy Gannon fueron víctimas de un atentado en Afganistán, a pesar de viajar bajo la protección de soldados y policías afganos. Cubrían las elecciones presidenciales para la agencia de prensa estadounidense Associated Press. Anja llevaba casi 30 años con una cámara al hombro retratando la realidad, no solo la bélica. Fue lo que eligió desde muy joven cuando, contando con alguna experiencia en la prensa local, en 1990 pasó a trabajar para la Agencia Europea de Fotografía de Prensa. “Creo que fue la primera mujer en la Agencia”, recuerda su madre, Heide Ute Niedringhaus.

En una entrevista en el año 2000, la propia Anja confesaba que “al principio fue muy difícil” y recordaba que, cuando saltó el conflicto en los Balcanes, enseguida sintió que debía ir allí a hacer ese tipo de periodismo. Le llevó dos meses convencer al director y “fui con un compañero búlgaro que no me aceptaba”. Rompió barreras en una profesión eminentemente masculina y lo hizo desde una visión diferente a sus compañeros hombres.

Anja Niedringhaus, durante uno de sus viajes

Anja Niedringhaus, durante uno de sus viajes ,.

Sus fotografías, el mejor legado

“Era una fotógrafa muy humana y eso se reflejaba en su trabajo”, asegura Santiago Lyon, exdirector de Fotografía de AP. Ella siempre dijo que, para poder fotografiar a las personas, había que amarlas. Y así lo hacía, retratando el ángulo humano de las gentes asoladas por las guerras.

En 2002, fichó por la Associated Press. Sus fotografías pronto ocuparon las portadas de todo el mundo. El fotógrafo del New York Times Michael Kamber recuerda que “era una profesional, alguien con quien querías trabajar”.

Lo mismo se empotraba con los marines en la batalla de Faluya, como hacía el trabajo más difícil en los Juegos Olímpicos. “Era una fotógrafa deportiva absolutamente brillante”, recuerda Rob Taggart, director de AP para Europa y Oriente Medio. “Era la mejor. Esa faceta de Anja se olvida a menudo”, insiste. Anja siempre denunció la masculinización de la prensa en ese ámbito. “Hay menos mujeres en el deporte que en las zonas de guerra”. De su convivencia en Irak con los soldados estadounidenses salió la fotografía por la que, en 2005, obtuvo el premio Pulitzer junto a otros nueve compañeros más.

 TITULO: Obélix y Astérix -  Teatro - Honorarios ,. 

 Obélix y Astérix -  Teatro - Honorarios ,.   fotos ,.

 Teatro - Honorarios ,.
 
Alimentando sueños

Cuando Alberto Vicente, el editor de Punto de Vista, me propuso reunir toda mi producción teatral en dos nuevos volúmenes, pensé, entre agradecido y asustado, que eso suponía el reconocimiento a una larga trayectoria, pero también el anuncio de que quizás ya tenía más pasado que futuro como dramaturgo. Mientras escogíamos las 16 obras que aparecerían en la recopilación, yo empecé a denominar a esos libros Obras completas, hasta que Alberto, con su buen ojo de editor, me corrigió: “Se titularán Teatro reunido, porque espero que sigas escribiendo otras y hagamos un volumen 3”. Le agradecí la confianza, aunque me dejó pensando: “Después de más de treinta años en el teatro, ¿me queda aún algo por decir?”. Antes de despedirnos, me hizo un encargo: debería escribir un prólogo para el volumen 1 en el que reflexionara sobre cómo había evolucionado mi dramaturgia a lo largo de esos decenios. Cuando me puse manos a la obra, me di cuenta de que echar la vista atrás puede ser paralizante, porque uno comprende lo lejos que se ha quedado de lo que pretendía cuando comenzó, pero también puede constituir un acicate para seguir intentado alcanzar ese texto perfecto que nunca ha conseguido.

 

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Obélix y  Astérix,.

Comencé por releer todos esos textos teatrales, y en cuanto me puse con el primero, que databa de 1991, me entraron ganas de reescribirlo por completo: le veía todas las ingenuidades de un dramaturgo primerizo que aún está balbuceando. Los siguientes no me convencieron más, y pronto se me planteó la duda que asalta en toda recopilación: ¿se deben retocar las obras para acomodarlas a lo que el autor habría escrito hoy? La respuesta del editor fue tajante: no. En su opinión, lo que se debería ver leyendo todo ese corpus es la evolución de un estilo y de un imaginario a lo largo de una carrera; la idea sería ofrecer a los lectores una panorámica de cómo se fue construyendo una voz autoral. Amparado en ese criterio, revisé mínimamente las obras como si fuera un artista japonés de kintsugi: dejando al descubierto las fallas e imperfecciones, y suturando únicamente algunas expresiones mínimas que el tiempo había arrumbado (¿quién entendería hoy que un personaje llamase a su teléfono móvil “mi Motorola”?).

"Honestamente, creo que los escritores somos los peores analistas de nuestro trabajo"

Más difícil me fue encontrar el hilo conductor que unía todos esos textos. Honestamente, creo que los escritores somos los peores analistas de nuestro trabajo: estamos demasiado cercanos a él para mirarlo con distancia y poder diseccionarlo. A ello se une que, en mi caso, escribir siempre ha sido prestar atención a las voces que habitan en mi interior y tratar de plasmarlas en la página con la mayor fidelidad posible, atendiendo a sus ritmos y respiraciones. De ahí que haya imágenes que regresen obsesivamente, con ligeras variaciones, en distintas obras: el sueño del hermano muerto que no encuentra su sepultura o la pareja que baila un danzón o un foxtrot como escapada de una obra de Pina Bausch. Entiendo que responden a obsesiones ancladas en experiencias vividas, pero se me hace difícil explicar racionalmente cuándo surgen y por qué motivo. Soy uno de esos escritores que, como decía Vargas Llosa, escribe con brújula, más que con mapa: me dejo llevar por la intuición y nunca sé hacia dónde va a evolucionar lo que estoy escribiendo. Supongo entonces que la coherencia entre todas esas obras que han ido jalonando años de trabajo se ha ido configurando por la tensión constante entre la voluntad de proseguir una escritura que respondiera a lo que necesitaba contar y el pragmatismo de adaptarme a lo que demandaban compañías y teatros si quería ser representado. Esto último es algo absolutamente único de ese género híbrido que es la dramaturgia: se escribe con un pie puesto en la literatura y otro en el escenario. En efecto, la disyuntiva a la que nos enfrentamos los dramaturgos es: ¿la obra tiene sentido si no pasa del papel a las tablas? ¿Escribimos para ser puestos en escena o para ser leídos? Entre las 16 obras de Teatro reunido están todos los casos posibles: algunas fueron publicadas pero no representadas, otras se representaron pero nunca se publicaron, y unas pocas estaban inéditas como libro y como espectáculo. Simplificando muchísimo, podría decir que después de años de buscar respuesta a ese dilema, he llegado a convencerme de que una cosa es el texto destinado al montaje teatral, que tiene sus propias reglas, y otra distinta el destinado a la imprenta. En el primer caso, me adapto sin problemas a lo que demanda el escenario y no me duelen prendas si tengo que reescribir o suprimir a pedido del equipo: considero que las palabras que se pronuncian en escena son un elemento más del espectáculo; en el segundo, juzgo que soy un escritor que ha de pensar en el lector y que el teatro es una rama más de la literatura, por lo que debo sopesar cada palabra que incluyo hasta conseguir el efecto deseado.

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