Corrida desigual de Juan Pedro:
tres toros impropios de plaza de primera.-foto- Padilla se aprovecha del mejor
de todos. El Cordobés, cogido por los dos suyos sin consecuencias
Fue el turno de la llamada «corrida mediática», tan temida
por muchos, tan celebrada por otros tantos. Esta de Zaragoza se salió no
poco del guión previsto y de sus parámetros habituales. Primera
variante: bastante más histriónico Padilla que El Cordobés. Tal vez
porque a El Cordobés le pegó el primero de corrida una fea e inesperada
voltereta, que no pasó a mayores, y porque el cuarto le pegó otra
todavía más fea, con giro en el pitón y caída casi sobre el cuello.
Pálido y dolorido se levantó El Cordobés, su gente rompió
en una cerrada ovación de ánimo pero el cuerpo no estaba para jota. A la
altura de la ingle llevaba Manuel la taleguilla rasgada. Después de las
dos cogidas, tanto un toro como otro se vinieron abajo. El primero, sin
el menor trapío, anovillado, manifiestamente afeitado, se pegó un
volatín antes de varas, cobró dos picotazos de trámite, pudo haber sido
devuelto por inválido pero no reclamó apenas nadie, y fue en la muleta
como un carrito: bondadoso, inocuo. El Cordobés apuró medios viajes
fuera de cacho, no terminó de pasar el toro. Hasta que sobrevino la
cogida.
A los dos toros los mató El Cordobés a paso de banderillas
con puntería y habilidad. El cuarto entró en el cupo de los toros con
cara -los tres últimos- pero también fue del grupo de claudicantes. Se
vino al pasito con sospechosa tibieza e infinita desgana. Se paró.
Después de la cogida, se quedó debajo. Ni una broma más.
Padilla lucía brazalete de luto y brindó la muerte del
segundo al toro al cielo con gesto contrito. Dijo un enterado que el
luto y el brindis iban por la difunta María de Villota. El luto y la
contrición duraron cero. Padilla había saludado a porta gayola al toro
con larga de rodillas, dos más le pegó en tablas -y rugió su público- y,
luego, mandiles y recortes, todo seguido y embalado. El toro parecía
estar para el tinte, Padilla cuarteó dos pares y puso un tercero al
violín. Todo lo que tuvo el toro de sumiso y frágil lo tuvo también de
bondadoso y, para sorpresa de todos, hasta pudo remontar. No tanto como
venirse arriba pero casi.
Muy aparatosa la faena de Padilla: de rodillas cuatro en el
arranque, y gateando de un pase a otro, el cambiado y un molinete. Un
cite de largo, que fue oxígeno para el toro, una tanda con broche de
pirueta y. ¡música! Coser y cantar: circulares o circuletas, algún
tirón, dos veces enterró el toro pitones, daba lo mismo. Una estocada a
paso de banderillas, como casi todas las de esta película. Una oreja y
bronca al palco de los que pensaban que una sola era pobre botín. En la
vuelta al ruedo Padilla se envolvió en una bandera española, de pronto
apareció su hija en el ruedo y los dos de la mano fueron recogiendo
prendas, flores y se supone que estampas y escapularios de la Virgen del
Pilar. Era el día.
El quinto tuvo mucha más presencia que el segundo pero
bastante menos gana y menos son. Claudicante, iba a aplomarse a los diez
viajes y no más. Ceñido Padilla en el saludo de capa, batallador en un
galleo por las afueras, rotundo con las banderillas. Un brindis clásico
de Zaragoza: sacó a la cuadrilla entera a la boca del burladero y fue
abrazando a todos uno por uno. El último, Diego Robles, su hombre de
confianza. El abrazo fue épico. No tanto la faena, que se abrió por
estatuarios y siguió por quién sabe qué vericuetos y circuitos. A toro
aplomado, medios muletazos tornilleros, de los de asirse a la grupa;
vueltas y revueltas, desplantes intimidatorios. Una estocada tendida
bastó. Otra oreja. De tantos méritos como la otra. O no tantos. La
vuelta al ruedo fue sin bandera ni niña. Ni tantas prendas.
El Fandi se lo tomó con más calma. Le dieron un aviso antes
siquiera de haber cuadrado al tercero de corrida, que no tuvo fuerza ni
presencia, escarbó a modo y jadeaba como un muerto de hambre. No tenía
carnes para tanto esqueleto. ¿545 kilos? Un vibrante par de moviola, un
buen par de poder a poder y, de dentro afuera, el violín. Fácil con el
capote, y a compás, El Fandi lo tenía a huevo. Pero se puso pesadísimo.
El toro, mansito, venía como de la mano o de un dogal. Parecía domado
como las fieras de los circos antiguos. La banda se puso charanguera.
Ninguna emoción. El sexto, del hierro de Parladé y hechuras distintas a
los demás juampedros -más lustre, el culopollo clásico del encaste, más
corto de manos-, fue el más armado y astifino de los seis. Aunque
brioso, fue toro sin golpe de riñón y por eso cabeceó y hasta derrotó al
revolverse. Tenía, además, una punta de genio, y no paró de arrear,
como si se doliera de un puyazo muy caído. Serio, y capaz como siempre,
El Fandi resolvió sin afligirse ni sufrir. En la primera reunión de
banderillas, el toro se le vino como un tren y apenas pudo clavar un
palo, y en un ijar. Raro de ver. También se le cayeron los palos del
tercer par y pidió permiso para un cuarto, que fue un solo de violín. La
pelea en la muleta no tuvo nada que ver con ninguna de las cinco recién
vistas, sino que hubo que apostar, aguantar, echar de mano de recursos y
apagar el fuego, que no era fácil.
TÍTULO; REVISTA CULTURA Y Sociedad,.
CHICAS CALLEJERAS GUAPISIMAS-foto,
Banksy se 'reeduca' como artista callejero
Una pirueta «underground» al discurso antisistema que le
hizo famoso y que acabó metiéndole en la rueda del sistema, en el
mercado del arte y las subastas desorbitadas con clientes como Brad
Pitt. Procedente de Bristol y con su identidad oculta, acabó llamando a
los medios y dando una entrevista al Village Voice. «El éxito comercial
es un fracaso para un grafitero», dice, prometiondo alejarse de las
galerías de arte y las sala de subastas que se diputan su obra.
Banksy entona el canto del «pobre grafitero rico». Su
fracaso es haber logrado casi 200.000 euros por una de sus obras y deja
claro su objetivo en Nueva York: «mejor fuera que dentro del mercado».
Su «debut» fue accidentado: su primera obra, en pleno barrio chino, de
puro estilo Banksy y más que reconocible, fue borrada en unas horas. O
desconocían su cotización o era la primera señal de que Bansky no es
bienvenido en Manhattan. Poco después aparecía otra pintada que decía
«Banksy mayor o igual que Skrillex», en referencia a un productor
musical que también paso del «underground» y a lo «mainstream». Con
Twitter cuestionado sin son la misma persona y su grafiti borrado,
Banksy adelanta su plan: «vivir aquí, reaccionar antes las cosas, ver
las vistas y pintar sobre ellas».
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