Hay amores que dejan huella. Si no, que se lo digan a Carlo Ancelotti. El domingo, el entrenador del Real Madrid (55 años) contrajo ...
El entrenador del Real Madrid se casó el domingo. El regalo que más le gustó fue un cuadro de Lorenzo Quinn,.
Hay amores que dejan huella. Si no, que se lo digan a Carlo
Ancelotti. El domingo, el entrenador del Real Madrid (55 años) contrajo
matrimonio con Mariann Barrena (44) en Vancouver, ciudad natal de la
novia. Fue una boda íntima, casi secreta, de la que no quisieron dar
detalles... a excepción de uno.
Nos han enseñado su regalo más bonito, el que más les ha gustado. Es
un cuadro titulado 'La Huella', que ha pintado Lorenzo Quinn, hijo del
oscarizado actor mexicano Anthony Quinn, que fue también un reconocido
pintor. La imagen son las huellas dactilares de ambos, que se unen hasta
formar solo una, con los colores favoritos de cada uno al fondo. conocieron durante la etapa de Ancelotti en el Chelsea. Años antes, el
técnico estuvo casado 25 años con Laura Gibelline, a quien dejó por
Marina Cretu, una joven rumana 18 años más joven que él. No funcionó.‘La Huella’. Es obra de Lorenzo Quinn, hijo del actor Anthony Quinn.
Ancelotti está encantado con el regalo, y no ha tardado en compartir
la imagen en sus redes sociales. «Hoy es un día feliz por mi unión, por
ver juntas nuestras huellas, nuestros colores... Gracias, Lorenzo Quinn
por este regalo maravilloso», escribía ayer el recién casado en
Instagram. Es la segunda vez que el entrenador merengue pasa por el
altar en un mes. Primero acompañando a su hija Katia, que se casó a
principios de junio. Y ahora, besando a la novia, Mariann, una
consultora canadiense con raíces españolas: su padre, originario de
Sigüenza (Guadalajara), y su madre, de Santander, cruzaron el charco en
busca de trabajo.
TÍTULO: LA CENA DEL MARTES, LA RUTA DEL DESMADRE,.
Hay
un tipo de turista joven que visita Barcelona para quien Gaudí, las
Ramblas o el Tibidabo no significan nada. El tour que ha contratado
no ..
Tournée de alcohol' por 15 euros en Barcelona, un 'todo incluido'
para tres días con fiesta de espuma y barra libre por 270 euros y
felaciones a cambio de copas,.
Hay un tipo de turista joven que visita Barcelona para quien Gaudí,
las Ramblas o el Tibidabo no significan nada. El tour que ha contratado
no pasa junto a la Sagrada Familia ni debajo de la estatua de Colón,
sino que recorre una serie de bares donde se le da la posibilidad de
trasegar toda la bebida que sea capaz.
Lo llaman 'rutas de alcohol' (en inglés, 'pub crawl'), y ha hecho
saltar las alarmas entre los empresarios de hostelería -los que no
participan, claro-, los vecinos de las zonas por donde discurren los
itinerarios etílicos y el Ayuntamiento, que quiere evitar a toda costa
que la imagen de la ciudad acabe asociada con el turismo de borrachera.
A pesar de que las ordenanzas municipales prevén multas de hasta
600.000 euros para quienes ofrezcan este tipo de servicios, lo cierto es
que pueden contratarse sin dificultad en varias páginas web: por solo
15 euros, cualquier visitante con ganas de juerga tiene la posibilidad
de apuntarse a un circuito que parte de un bar de Ciutat Vella, donde
comienza la ingesta de alcohol, hace escala en otros tres
establecimientos cercanos, que igualmente atienden la sed del turista, y
concluye en una discoteca. Por el camino habrá tenido la posibilidad de
participar en juegos absurdos y desafíos que, básicamente, consisten en
seguir bebiendo.
«No es una cosa nueva -reconoce David Miquel, portavoz del Sindicato
de Policías de Cataluña-. Tenemos ese tipo de turismo porque desde su
país se hace propaganda. Vienen de toda Europa: ingleses, holandeses,
alemanes... En los folletos incluso se indica que hay 'policía
permisiva'. Llegan con el paquete cerrado por dos duros dispuestos a
hacer competiciones de alcohol y a desmadrarse. Como pasa en Salou».
Efectivamente, Salou, en la vecina provincia de Tarragona, se ha
convertido en meca del 'turismo guarro'. Mientras en otras localidades
se devanan los sesos rebuscando entre sus valores paisajísticos,
culturales o ecológicos la forma de atraer forasteros, allí han dado con
una fórmula infalible: alcohol barato y sexo fácil resultan un reclamo
tan eficiente para los jóvenes europeos como la miel para las moscas.
Lo que diferencia Salou del resto de Cataluña -y de España-, es que
allí el desmadre cuenta con el visto bueno de las autoridades. No hay
más que ver su apoyo entusiasta al Saloufest, la gran cita que reúne a
10.000 universitarios británicos (Salou tiene 25.000 vecinos), que
beben, braman y toman la ciudad cada mes de abril. Son tiempos
difíciles, así que los cinco millones de ganancias que reporta la
macrojuerga parecen ser motivo suficiente para aguantar las molestias
que provocan las hordas de borrachos.
Es el mismo modelo que un avispado hotelero de Calella (Barcelona) ha
tratado de importar para atraer al público francés. Lo bautizó con el
bonito nombre de 'Spring Break' -'Descanso de Primavera'- y se celebró
el pasado mayo. Cerca de un millar de chicos con ganas de verbena se
acogió a una oferta irresistible: viaje en autocar, tres noches de hotel
-todo incluido-, fiesta de espuma y gogós cada tarde en la piscina, y
entrada gratuita y con barra libre a dos discotecas. Todo, por 270
euros.
«Te perdonamos»
Cuando parecía que este turismo de jolgorio y excesos no podía dar
más de sí, un par de locales de Magaluf, en Mallorca, han conseguido
llevar los límites un poco más lejos. La polémica se ha desatado a
partir de unas imágenes que han comenzado a circular por WhatsApp en la
que se ve a una muchacha realizando felaciones a una veintena de mozos a
cambio, supuestamente, de copas gratis.
Probablemente han sido las propias redes sociales las que han hecho
crecer las proporciones del escándalo: mucho más inadvertido para los
medios pasó el concurso de felaciones disputado el pasado 8 de junio en
City Hall, una discoteca del centro de Barcelona, como acto central de
una fiesta gay. Los organizadores prometían un premio de 500 euros para
el hombre con más talento, «con un jurado de excepción del mundo del
porno...».
Aunque hubo cierto revuelo ante tal anuncio, los responsables de la
actividad se justificaron entonces explicando que ya habían realizado
fiestas similares con anterioridad, con competiciones del tipo «quién la
tiene más grande o más pequeña».
En comparación, lo sucedido en Magaluf queda reducido a una
chiquillada. Al menos así lo entienden los padres de la protagonista de
las imágenes, una chica irlandesa de 18 años cuya identidad investigó el
periódico 'Irish Mirror'. «Te perdonamos», afirmaron públicamente los
progenitores de la criatura. «Ella ha sido una víctima, un objetivo de
la maldad. Sin duda la han llevado por el mal camino». Tienen toda la
razón, la engañaron. Según explica ese mismo periódico, la joven
participó en el «juego» convencida de que con su hazaña se ganaría unas
vacaciones y no una copa de cinco euros, que no es lo mismo.
Teodoro, un ingeniero español que es profesor en la Universidad de
Oklahoma, regresa a España para disfrutar de un año sabático. Al llegar,
se entera de que su padre ha matado a su madre y, para compensarlo de
la pérdida, le ha comprado una moto con sidecar para viajar juntos. Así
es como llegan a un remoto pueblo de montaña que parece desierto; lo que
ocurre es que todos los vecinos están en la iglesia, porque la misa es
un auténtico espectáculo. Padre e hijo asisten a las elecciones que se
celebran cada año para designar alcalde, cura, maestro y puta. Además,
al pueblo ha llegado un grupo de estudiantes de una universidad
norteamericana, unos meteorólogos belgas, un grupo de disidentes de los
Coros del Ejército Ruso e incluso invasores camuflados de un pueblo
cercano.
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