jueves, 14 de mayo de 2026

España Directo -Economía - El inquietante manifiesto de Palantir recibe un aluvión de críticas: entre el tecnofascismo y el villano de James Bond ,. / Mi casa es la vuestra - La Princesa de Asturias y la infanta Sofía ,. Viernes - 15 , 22 - Mayo ,. / Detrás del muro - PÁGINA DOS - Salman Rushdie ,. Martes - 19 , 26 - Mayo ,. / Cartas de amor - Refugio de desazones ,.

  TITULO: España Directo - Economía - El inquietante manifiesto de Palantir recibe un aluvión de críticas: entre el tecnofascismo y el villano de James Bond,.

El inquietante manifiesto de Palantir recibe un aluvión de críticas: entre el tecnofascismo y el villano de James Bond,.

El gigante en gestión de datos para usos militares ha generado rechazo al publicar en X una visión del mundo con tintes xenófobos y belicistas,.

 
foto - Una protesta contra la empresa Palantir en Denver, Colorado.

Menos de un mes después de que el presidente de Palantir, el controvertido Peter Thiel, viajase a Roma para sermonear sobre el anticristo ante la mirada escéptica del Vaticano, el número dos de la compañía, el también polémico Alex Karp, publicó un manifiesto de 22 puntos en la red social X en el que cuestiona la civilización occidental ,.

 

TITULO: Mi casa es la vuestra - La Princesa de Asturias y la infanta Sofía ,. Viernes -  15 , 22 - Mayo  ,.

Viernes - 15 , 22 - Mayo   a las 22.00, en Telecinco, foto,.

 

 La Princesa de Asturias y la infanta Sofía,.

 

 

La princesa Leonor y su hermana, la infanta Sofía, durante la lectura.

La Princesa de Asturias y la infanta Sofía durante la lectura.  ponen voz al Quijote en su lectura virtual y solidaria,.

Las hijas de los Reyes participan en los actos del Día del Libro y la menor de las hermanas debuta en público con el texto de Cervantes,.

 

La Princesa de Asturias y la infanta Sofía han reaparecido en público en plena crisis sanitaria. Las hijas de los Reyes han participado este jueves en la lectura virtual del Quijote organizada por el Círculo de Bellas Artes con el objetivo, según explican desde la Zarzuela, de apoyar la cultura y de fomentar la lectura en niños y jóvenes, especialmente, «en este duro momento en el que nos encontramos».

La pandemia del coronavirus ha hecho imposible este año celebrar, como cada 23 de abril, la entrega del Premio Cervantes 2019 a Joan Margarit, pero los Reyes han centrado igualmente su agenda en esta efeméride. Por la mañana, don Felipe y doña Letizia se han reunido por videoconferencia con responsables del Instituto Cervantes como el director Luis García Montero, la secretaria general Carmen Noguero, y el director en la sede de Nueva Delhi Òscar Pujol.

El poeta Joan Margarit, ganador de la última edición del Premio Cervantes, ha sido el encargado de inaugurar la lectura virtual a las 18.00 horas. A continuación, y dentro del primer capítulo de la novela, han intervenido la Princesa de Asturias y la infanta Sofía. Tras ellas, han tomando también la palabra la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, el ministro de Cultura y Deporte, José Manuel Rodríguez Uribes o el alcalde de la capital, José Luis Martínez Almeida, entre otros, completando así algunos de los capítulos más destacados del Quijote.

Concretamente, la Princesa Leonor ha leído el siguiente pasaje:«Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada, o Quesada, que en esto no hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben; aunque por conjeturas verosímiles se deja entender que se llama Quijana. Pero esto importa poco a nuestro cuento: basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad».

Por su parte, la Infanta Sofía, ha leído el siguiente párrafo:«Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso, que eran los más del año, se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza, y aun la administración de su hacienda; y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en que leer, y así, llevó a su casa todos cuantos pudo haber dellos».

Esta ha sido la primera vez que la hija menor de don Felipe y doña Letizia ha hablado en público. En su momento, los Reyes decidieron que la primera vez que se escuchara en público a la princesa Leonor fuera leyendo la Constitución, y han decidido que el estreno de Sofía fuera leyendo la obra universal de Miguel de Cervantes en este día tan señalado.

Los Reyes han querido felicitar expresamente a Joan Margarit, actual Premio Cervantes y han realizado también llamadas telefónicas al alcalde de Alcalá de Henares, Javier Rodriguez Palacios; al rector de la Universidad de Alcalá, José Vicente Saz y al ministro de Cultura, José Manuel Rodríguez Uribes. En todas las conversaciones se ha puesto en valor la importancia del español en el mundo, el interés por redoblar el fomento a la Lectura y los deseos compartidos porque los efectos de la pandemia sobre el mundo de la cultura puedan ser revertidos lo antes posible.

TITULO: Detrás del muro - PÁGINA DOS - Salman Rushdie ,.  


PÁGINA DOS - Salman Rushdie ,.

 

Martes - 19 , 26 - Mayo   a las 22:00, en La2, fotos,.

 

Salman Rushdie: «Cuando vives en una sociedad tan dividida como la de EE. UU, el lenguaje es insuficiente para comunicarte»,.

El escritor regresa a la ficción con «La penúltima hora», un conjunto de relatos donde reflexiona sobre la vida, la muerte y la literatura,.

Entrevista con el escritor Salman Rushdie
 
Entrevista con el escritor Salman Rushdie,.
 
 Imatge de: La penúltima hora (Random House)
 
Portada del Libro La Penúltima hora Salma Rushdie ,.

Salman Rushdie abandona la no ficción y, después de relatar el intento de asesinato que sufrió en Estados Unidos en «Cuchillo», vuelve a la creación con «La penúltima hora» (Random House), un conjunto de cinco relatos unidos por el cordel argumental de la muerte y la vida. Un volumen que deja entrever el caudal imaginativo del novelista que sorprendió a todos con «Los hijos de la medianoche» y que permite conocer cuáles son sus inquietudes literarias y preocupaciones recientes. «Tengo una visión buena de la muerte. Me interesa cómo las personas abordan el final de la vida. Esa idea del estilo último, tardío, y de cómo los escritores encaran este acto de su vida. Hay gente a quien no le gusta envejecer, que pierde la audición, pero la "Novena Sinfonía" está inspirada en la alegría, salió de la felicidad de Beethoven», comentó el novelista, que todavía sostiene que «la literatura es la mejor manera que tengo de responder al mundo en el que vivo. A medida que cambia el mundo, también evoluciona mi escritura. Es una manera de resistencia. George Orwell y su escritura nos han dado varias maneras de pensar sobre la opresión y la tiranía. Escribir nos proporciona eso, formas de pensar. Los libros no pueden tirar regímenes, pero en los tiempos difíciles son una vía para incrementar la inteligencia de los lectores».

 

Rushdie, que confesó que «no creo que exista un más allá, pero es una ficción que es sumamente útil», explicó por qué ha vuelto al relato y comentó que «estas narraciones pueden ser muy profundas». Puso como ejemplos a «La metamorfosis» de Kafka y «Muerte en Venecia» de Thomas Mann. «Son muy breves y a la vez de lo más profundo que se ha escrito. Yo no había publicado en mucho tiempo ficción corta y quería regresar a este formato. Me dije que a lo mejor hay algo interesante que contar con esta longitud. Pero ahora espero volver a la novela».

«Este es un momento muy oscuro en la vida pública estadounidense»,.

Salman Rushdie,.

El autor de «Los versos satánicos» reflexionó sobre la literatura, su influencia en el mundo y, con una expresión de resignación, admitió que «aún tengo dudas del uso de la literatura. Creo que su mayor contribución es que ayuda a comprender la naturaleza humana». No escapó a su pensamiento el aumento de la censura de libros en Estados Unidos y no titubeó en señalar que «la censura va contra la libertad de expresión al igual que la forma en que se lleva a cabo en escuelas y bibliotecas. Cuando un padre se queja de un libro, este se retira de la biblioteca. Y son libros importantes que los jóvenes deberían estar leyendo. Quitar a los jóvenes estos títulos de su alcance es terrible. Este proceso ha levantado quejas, ha habido juicios, que, de momento, han sido bastante positivos. Pero si son cien casos, también son cien censuras diferentes. Estas prohibiciones van en contra de lo constitucional».

El escritor, que es de ánimo esperanzador, no disimula su preocupación sobre la deriva del mundo actual y ha afirmado que «la manera de comunicarnos colapsa. La división en Estados Unidos es alarmante. Es como si estuvieras gritándole al vacío. No entiendes lo que el otro lado está diciendo. Cuando vives en una sociedad tan dividida, el lenguaje es insuficiente para comunicarte. Es peligroso para una sociedad que no se entienda, aunque hable el mismo idioma». Después confesó que «todo el mundo está preocupado» sobre lo que está pasando ahora con la administración Trump. «Hay poco que añadir a esto. Este es un momento muy oscuro en la vida pública estadounidense. Y con esta discusión sobre Groenlandia y Canadá se vuelve un momento oscuro para todos, no solo para EE. UU».

Rushdie, con humor, reveló que «si no hubiera sido escritor, habría sido un actor: creo que, al final, decidí bien», y subrayó que «creo en la inmortalidad. Todos los escritores la buscan de alguna manera. Los escritores son buenos en que eso suceda. Escribimos para posteridad, no solo para el lector inmediato. Esperas que la gente de mañana quiera leer tus libros, cuando tú ya no estás aquí, y que encuentren valor en tus historias». Este breve inciso personal no le apartó de la realidad. «Yo definiría esta parte del siglo como oscuro. Cuando era más joven, en los sesenta, setenta, todo era mucho más optimista, había más esperanza. Es triste que la rueda gire en esta dirección. Nada es permanente, pero si las cosas van mal, también pueden ir mejor después. Esto es muy importante para lidiar con este presente oscuro».

TITULO:  Cartas de amor -  Refugio de desazones ,. 

Refugio de desazones,.

Refugio de desazones

Toque de queda - foto - Dos personas en la playa ,.

Se habla de implantar el toque de queda en varias ciudades, y aun en todo el país, y me horroriza asumir la naturalidad con la que encajamos expresiones que hace sólo unos meses nos habrían resultado intolerables. Jamás se me había ocurrido asociar el toque de queda a algo que no fuera una guerra o una dictadura, un mal tiempo sólo propicio al silencio y al repliegue, y me veo ahora incorporándolo a mi vida cotidiana con la facilidad o la resignación de quien asume el cambio de hora de finales de octubre o retira al anochecer la hoja del calendario; con la misma naturalidad insidiosa con que hemos empezado a hablar de confinamientos, a mantener distancia con nuestros compañeros y amigos y familiares y vecinos, a claudicar de muchos rasgos que hasta ahora eran indisociables de nuestra humanidad convaleciente. Se insiste —y es lógico, y necesario— en el riesgo de contagiarse, en las consecuencias de una enfermedad que puede ser liviana o mortal en función del organismo en que se instale, en los colapsos en hospitales y centros de salud. No se habla tanto —porque el miedo siempre termina por cegar la intuición del porvenir— de las consecuencias que tendrán estos meses eternos en nuestra conciencia individual y colectiva, en las alteraciones que sufre nuestra convivencia, pero también la percepción que tenemos de nosotros mismos, de la relación que mantenemos con un entorno que hasta ahora juzgábamos acogedor o amable y a menudo se nos aparece ahora, sin que forzosamente lo sea, arriesgado u hostil. No podré perdonarle nunca al virus que me mantenga alejado de gente muy querida a la que apenas veo y de la que poco sé, porque tal parece que nos abstengamos de hablar para evitar trasladarnos nuestras preocupaciones o tristezas, ni tampoco estos paisajes desolados de transeúntes que se esquivan los unos a los otros y hasta se apartan la mirada, como si el roce de una pupila constituyera causa suficiente para la infección; no le perdonaré el daño que hace a esas personas ya ancianas a las que se ve desorientadas en las plazas o los edificios públicos, sin saber bien cómo actuar sin infringir ninguna norma, ni la abolición de besos y abrazos y de cualquier manifestación tangible del cariño. El optimismo intenta convencerme de que alguna vez superaremos esto, y de que poco a poco iremos retomando esas costumbres que de tan rutinarias pasaban inadvertidas y cuyo inmenso valor descubrimos sólo ahora que ya no podemos ejercerlas, pero un instante después me pregunto si lograremos desentendernos de todo esto una vez que haya quedado atrás; si sabremos olvidar que una vez, cuando los tiempos de la peste, nos alejábamos de aquellos a quienes queríamos y queremos bien para mantenernos a salvo, que sospechábamos de ellos —de su trato, de su cercanía, de su propia presencia— con el recelo del animal que se refugia en su guarida cuando intuye la proximidad de un intruso, que los mantuvimos lejos de nosotros y que, además, evitábamos usar ciertos palabras porque preferíamos fingir que aquello era una simple contingencia, una anécdota pasajera, algo sin importancia. No podré perdonarle nunca al virus que haya venido a robarnos muchas de las cosas que nos hacen humanos, ni que sin previo aviso una expresión tan gris como «toque de queda» —tan terrible, tan fuera de lugar en una sociedad como aquélla en la que nos deberíamos preciar de convivir— se haya instalado en nuestras vidas, quién sabe hasta cuándo, y nos pille vencidos, y desanimados, y justificadamente tristes, y sin posibilidad de resistencia.

Unamuno, en el torbellino

"No podré perdonarle nunca al virus que me mantenga alejado de gente muy querida a la que apenas veo y de la que poco sé, porque tal parece que nos abstengamos de hablar para evitar trasladarnos nuestras preocupaciones o tristezas"

Se ha desencadenado en estos últimos años un debate interesante acerca de las circunstancias reales en que transcurrieron los últimos días de Miguel de Unamuno. La publicación, hace unos años, de En el torbellino, un lúcido ensayo en el que Colette y Jean-Claude Rabaté analizaban los vaivenes del pensamiento unamuniano desde el inicio de la guerra civil, marcó el inicio de un replanteamiento de la actitud del escritor ante el conflicto, tan controvertido que sus dos hitos inexcusables son tan opuestos como la cara y la cruz de una moneda: el apoyo entusiasta que prestó inicialmente al alzamiento militar y su célebre enfrentamiento con el general Millán-Astray en el paraninfo de la Universidad de Salamanca. Si primero defendió la convicción de que los sublevados de Marruecos no pretendían otra cosa que sanear la República, pronto se le echó encima la sospecha de que bajo sus lemas patrioteros y sus proclamas encendidas subyacía la intención de instaurar un nuevo orden poco o nada compatible con las reglas democráticas. El asentamiento de esta intuición coincidió en el tiempo con la celebración del 12 de octubre, después de que los rebeldes devolvieran a Unamuno las dignidades rectorales de las que lo habían despojado los republicanos, y fue en ese marco donde le espetó al fundador de la Legión aquel «venceréis, pero no convenceréis» que tanto se ha citado —a veces con poco tino— desde entonces. El hecho de que el relato de aquel episodio proviniera no de un testigo presencial, sino de alguien que lo escuchó por la boca de un tercero, ha sembrado siempre la controversia sobre si lo conocido se ajustaba a la realidad o no, cuestión que ha sido siempre menospreciada por la izquierda y defendida por una derecha que argumentaba, para corroborarlo, las simpatías que hasta el último momento habían mostrado hacia Unamuno personas bien identificadas con los ideales franquistas. La historia, sin embargo, certifica que el intelectual vasco fue desposeído nuevamente de su cargo tras aquel encontronazo con el testosterónico militar tuerto, y que tras abandonar el edificio de la Universidad fue condenado a un arresto domiciliario en el que aún seguía cuando exhaló su último suspiro, el 31 de diciembre de aquel desgraciado 1936. ¿Qué había, pues, de cierto en esa estrambótica y bipolar relación entre Unamuno y los sublevados? ¿Era fiel a los hechos el relato de aquel duelo verbal en el paraninfo o se trataba de una fabulación amplificada por la propaganda? Si bien hubo un momento en que las dudas arreciaron en este último aspecto, parece que ahora pueden trasladarse a los momentos posteriores: no a lo que se dijeron o dejaron de decirse el rector y el general, sino a lo que realmente ocurrió con el primero una vez vuelto a su domicilio. Según leo en un reportaje que firma Natalia Junquera en El País, el cineasta Manuel Menchón —que ya se ocupó de un pasaje de la vida del escritor, el referido a su destierro en Fuerteventura durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera, en su película La isla del viento— acaba de estrenar un documental que desmenuza lo acontecido en aquellas jornadas que separaron la fiesta nacional de la Nochevieja para concluir que todo fue aún más extraño de lo que ya parece de por sí. Las crónicas cuentan que, en la tarde del fin de año, Unamuno recibió la visita de un antiguo alumno, Bartolomé Aragón, que habría sido la última persona que lo vio con vida. Lo sorprendente es que, según se sabe ahora, ningún familiar del escritor había visto antes a aquel tipo, que además formaba parte del aparato de propaganda de los franquistas y había participado en quemas de libros, por lo que se puede suponer que poca afinidad tendría con su supuesto maestro. También se ha descubierto que todos los papeles que certifican la muerte del rector caído en desgracia —desde el registro de la hora del deceso hasta el documento que atribuye su defunción a una enfermedad que sólo podía detectarse mediante una autopsia que nunca se realizó— están repletos de falsedades, lo cual no deja de oscurecer más las sombras que desde siempre se han cernido sobre el final unamuniano. Hace algunos años, en uno de los cuentos que componían su Muertos, S. A., Luis García Jambrina fantaseaba con la posibilidad de que a Unamuno le hubiesen echado algún tipo de veneno en el café. Puede que en este caso, como en tantos otros, la ficción haya acertado, sin proponérselo, a desentrañar la enmarañada madeja de la realidad.

Alfonsina en el mar,.

"¿Qué había de cierto en esa estrambótica y bipolar relación entre Unamuno y los sublevados? ¿Era fiel a los hechos el relato de aquel duelo verbal en el paraninfo o se trataba de una fabulación amplificada por la propaganda?"

Era la una de la madrugada del 25 de octubre de 1938. Alfonsina Storni abandonó el hotel donde se había alojado en Mar del Plata, en la calle 3 de febrero, no sin antes dejar en su cuarto una breve nota escrita de su puño y letra: «Voy a dormir». Tenía cuarenta y seis años y padecía un cáncer de mama que le causaba unos dolores inhumanos. Anduvo despacio hasta llegar a las instalaciones del Club Argentino de Mujeres y, sin pensarlo dos veces —dicen que su apellido, de origen suizo, significaba «dispuesta a todo»—, se arrojó al mar desde una de sus escolleras. Unas horas más tarde, dos obreros encontraban su cadáver en la playa de La Perla. Pasaron treinta años hasta que el pianista Ariel Ramírez se inspiró en aquel final para escribir la melodía de una zamba a la que pondría letra el escritor Félix Luna. «Alfonsina y el mar» dulcifica la historia para diseminar destellos de belleza allí donde sólo hubo sufrimiento y desamparo, quizá porque el padre del compositor, que había sido alumno de Alfonsina, se la había contado a él así para no enfrentarlo demasiado pronto a las inclemencias de la vida. Mercedes Sosa puso voz por primera vez a esa canción que se ha convertido en clásico y evoca en su última estrofa al misterioso personaje masculino al que la escritora se refirió en los versos finales de su último poema. Suena esta tarde «Alfonsina y el mar» en mi biblioteca —en la versión original de Sosa, también en otra que grabó unas décadas más tarde Calamaro— y reparo en la similitud que guardan dos de sus versos más afortunados —«Te vas, Alfonsina, con tu soledad, / ¿qué poemas nuevos fuiste a buscar?»— con el comienzo de la elegía que Antonio Machado dedicó a Rubén Darío —«Si era toda en tu verso la armonía del mundo, / ¿dónde fuiste, Darío, la armonía a buscar?»—, en lo que no sé si es una coincidencia involuntaria o un homenaje velado. Mientras tanto, dicen los diarios digitales que el país se encamina hacia otro estado de alarma y yo trato de hallar un refugio para mis desazones en las palabras de aquella mujer que se quiso adelantar a su tiempo y, de algún modo, entrevió su destino —«Mar, yo quisiera ser como tú eres»— antes de que se produjera: «Pero calla, no hables, sé piadoso; / no despiertes los pájaros que duermen.»,.

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