TITULO: A vivir que son dos días - A vivir - Cadena SER - Culturas 2 - Iñaki Urdangarin,.
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Iñaki Urdangarin,.
foto - Iñaki Urdangarin confiesa cómo es su nueva vida: “He aprendido a no gustar”,.
En una entrevista con el El País semanal, ofrece su versión de los hechos y reflexiona sobre la repercusión pública de su condena.
El País ha publicado este domingo una entrevista a Iñaki Urdangarin, exmarido de Cristina de Borbón y condenado a cinco años y diez meses de prisión por el caso Nóos, una trama de desvío de fondos públicos.
Urdangarin cumplió su condena en un módulo aislado de la prisión de mujeres de Brieva (Ávila), tras ser declarado culpable de malversación, prevaricación, fraude, delitos fiscales y tráfico de influencias.
En la entrevista de Natalia Junquera en El País Semanal, declaró: “Aunque algunas personas me animan, noto que otras me miran de una manera distinta. He aprendido a no gustar.”
Petición institucional
El caso Nóos estalló oficialmente en 2010 como una derivada del caso Palma Arena. Hasta Washington se desplazó otro emisario del rey, Fernando Almansa, quien, según recuerda Urdangarin, le hizo una petición institucional: “Mira, Iñaki, creemos que lo mejor es que te divorcies de doña Cristina.” En su libro, citado por el periódico, afirma que se consideraba “la gangrena” y que su “amputación” era, para la institución, la única forma de controlar los daños. Fue la infanta Cristina quien respondió al emisario: “Pues te puedes ir por donde has venido.”
En la entrevista, Urdangarín recuerda lo difícil que fue esa situación: “Si para mí era muy duro, para ella lo fue mucho más. Era su familia y su institución quienes venían a decirle aquello. Tampoco creo que sea fácil ser padre y ser rey, tomar ese tipo de decisiones. Para el rey, si me pongo en su lugar, también era complicado todo aquello.”
Entrada a prisión
El día de su 53 cumpleaños se enteró de que tenía cinco días para ingresar en prisión. Llamó al jefe de escoltas para preguntar qué cárcel garantizaría su seguridad y le respondieron que la de mujeres de Brieva.
Sobre su entrada en prisión recuerda: “El sentimiento que me embargó el día que ingresé y la puerta restalló por primera vez a mis espaldas fue el pánico. Pánico puro. Un gancho helado en el estómago que me dejaba sin aire (…) Miré a mi alrededor y solo vi muros, rejas y concertinas. Era un desierto de cemento, una tumba grande (…) y un doble castigo: la privación de libertad y la soledad.” Aunque estaba más seguro, no tenía contacto con otros presos y se encontraba “totalmente solo”.
Los tres primeros meses los pasó llorando y pensando que no sería capaz de soportarlo. Recuerda especialmente el primer locutorio con su hijo mayor: “Fue muy, muy duro. Hablas a través de un cristal, no puedes abrazar ni tocar. Yo veía su cara…, aquello me impresionó mucho”.
Sobre su salida de prisión explica que “no se parece en absoluto a lo que muestran las películas” y que la reincorporación a la libertad es un proceso gradual, por fases: “La prisión me permitió poner en contexto lo que había hecho, reconstruirme, ver comportamientos de los que no puedo estar orgulloso y que hicieron sufrir a otras personas. Fui a hablar con ellas, pero me queda una, un perdón pendiente. Por su privacidad, me guardo quién es”.