TITULO: Objetivo igualdad - «Llevábamos juntas desde el 92 y teníamos asumido que casarnos era impensable»,.
«Llevábamos juntas desde el 92 y teníamos asumido que casarnos era impensable»,.
Pilar García e Iluminada Monje se casaron un 5 de diciembre de 2005 amparadas por la Ley del Matrimonio Igualitario convirtiéndose así en la primera pareja de mujeres en contraer matrimonio en el Ayuntamiento de León,.
fotos - Iluminada Monje y Pilar García celebran sus 20 años de casadas en una cafetería de León.
Ellas no quieren reconocerlo pero su historia, con minúscula, ya forma parte de la Historia, con mayúscula, de León. Una historia de miedos, de aceptación, de amor y de lucha que dio sus frutos un 5 de diciembre de 2005 cuando Pilar García e Iluminada Monje se dieron el 'Sí, quiero' en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de León convirtiéndose así en la primera pareja de mujeres en casarse en el consistorio leonés tras entrada en vigor de la Ley del Matrimonio Igualitario el 3 de julio de ese mismo año.
20 años después de aquella cita histórica echan la vista atrás para recordar cómo fueron aquellos meses y qué ha cambiado desde entonces: «En la vida hubiéramos pensado que nos podríamos casar. Además, nosotras cuando se aprobó la ley ya llevábamos 14 años juntas» recuerdan sentadas en una cafetería de La Palomera, su barrio desde hace más de 30 años, Pili y Nini (como llaman a Iluminada desde pequeña). «Llevábamos juntas desde 1992. Teníamos asumido que casarnos era impensable» comenta Pili.
Pero pasó. Y lo que para ellas parecía una utopía se hizo realidad un 30 de junio de 2005 cuando, tras un arduo debate y bajo el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, España daba un paso de gigante y aprobaba la Ley del Matrimonio Igualitario, convirtiéndose en el tercer país del mundo en equiparar los derechos para parejas del mismo sexo, garantizando la igualdad legal y la plena ciudanía del colectivo LGTB+.
«Cuando salían en las manifestaciones contra la aprobación de la ley decían que eso iba a acabar con las familias. Todavía no he visto ninguna familia que haya acabado por mi culpa» reconoce Pili: «Aquí no se trata de quién es más o quién es menos, se trata de jugar con las mismas reglas, yo quiero tener los mismos derechos que una pareja heterosexual», afirma tajante.
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Pero ahora reconocen que a nivel social están peor que hace 20 años: «No hay más que poner las noticias y ver que han dado una paliza a un gay o a un trans… Estamos yendo hacia atrás socialmente» comenta Pili. Nini, por su parte, hace especial incidencia en las nuevas generaciones: «Cuando hablan ahora de que con Franco se vivía mejor no saben ni lo que dicen. No creo que ninguno de ellos sepa cómo se vivió la represión franquista porque les queda muy lejos… Ahora les dices que antes no nos podíamos ni dar la mano en público y te dicen que es una tontería».
«Socialmente aún queda mucho por hacer», completa Pili, quitándole la palabra a su mujer, «aún hay gente que sigue suicidándose porque su familia o su entorno no lo acepta, entonces el que me digan a mí que ya lo tenemos todo hecho… No».
Destruir el armario
Recuerdan que la única vez que han sufrido un ataque homófobo fue hace años caminando por San Isidoro: «Íbamos cogidas de la mano y unos chavales más jóvenes que nosotras nos llamaron 'lesbianorras' o algo así. A mí ahora ese insulto ya no me hace daño, pero que te insulten, según ellos, llamándote lesbiana, pues es que es lo que soy» reconoce orgullosa Pili porque «me puedes decir lo que quieras, pero una vez que conseguí destruir el armario, no salir, destruirlo, puedo ir con la cabeza muy alta por la calle».
Un armario del que les costó salir por miedo pero sobre todo por desconocimiento y falta de referentes: «Yo en mi época me sentía un bicho», comenta Pili, ahora «pones la televisión y en cualquier serie ves una pareja lésbica, pero en los 80 o en los 90 no, es que de aquellas no sabías ni lo que era una lesbiana» apostilla Nini.
Ambas supieron desde siempre que no encajaban en los estándares que marcaba la sociedad, pero como dice Pili no sabían por qué: «Yo con 17 años me veía como un bicho raro y el mero hecho de pensar que me podría gustar una chica era impensable. Me lo negaba a mí misma porque era 'pecado'. No es que no me aceptara el resto es que no me aceptaba yo», reconoce.
Sienten que no pudieron disfrutar de su juventud como cualquiera. El miedo y la incertidumbre nublaron sus días hasta que el destino decidió cruzarse en sus caminos: «Nos conocimos de la manera más casual, en un cursillo del Inem» recuerda Pili. «Además, ella es de La Robla y yo del Páramo, así que no había posibilidades de habernos encontrado en otra circunstancia», completa Nini.
Una boda a cuatro
Y desde entonces hasta ahora: «Nos conocimos en el 92 y enseguida nos fuimos a vivir juntas» recuerda Pili. Sus familias se lo tomaron bien, por lo menos en apariencia, bromean: «Y aun así estuve 14 años sin decir abiertamente que estaba con ella», reconoce Pili, «aunque ellos la conocían y lo sabían, pero nadie decía nada. Ellos por respeto, porque no sabían cómo abordarlo y yo porque estaba aterrada pensando que no me iban a aceptar. Y todo lo contrario». «Ella iba a mi casa como mi amiga, durante 14 años y que de repente digas que te casas… pues se lo tomaron muy bien, de hecho creo que mi padre fue el que mejor se lo pasó en la boda», recuerda Nini.
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De la boda se acuerdan de poco porque dicen que pasó muy rápido, pero hay algo de lo que Nini no puede olvidarse y es que Pili llegó una hora tarde a San Marcos para empezar a prepararse: «Y claro, toda la gente esperando en San Marcelo a que llegáramos, pero salió todo muy bien, lo pasamos muy bien ese día y durante los preparativos porque íbamos las cuatro juntas a todo».
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Y sí, cuatro, porque Pili y Nini no se casaron solas. Decidieron compartir un día tan especial con otra pareja de mujeres, Isabel y Mari, dos grandes amigas con las que compartieron multitud de anécdotas: «Queríamos cuatro vestidos que no fueran muy comerciales y no encontrábamos ninguno que nos gustara así que pedimos que nos los confeccionaran y así conocimos a María Lafuente, que de aquellas acababa de hacer su primer desfile en Cibeles», explica Pili. Ellas querían ir cada una a su estilo y así fueron.
«¿Te acuerdas cuando fuimos a por los anillos y dijimos 'cuatro anillos' y el joyero se pensaba que eran ocho, cuatro para nosotras y cuatro para los hombres?» dice Pili entre risas. Y así con las figuras de la tarta, el banquete en San Marcos o la colocación de los invitados en el salón de plenos del Ayuntamiento: «Es que al final éramos cuatro familias».
«La boda estuvo muy bonita, la gente se lo pasó muy bien, y yo creo que la hicimos porque teníamos que hacerla» comenta Pili aunque Nini reconoce que si por ella fuera no se hubieran casado tan rápido porque «a ella le gusta pasar desapercibida, entonces el hecho de ser el centro de atención y más si cabe ese día que llegamos al Ayuntamiento y estaban todas las televisiones, todos los fotógrafos, gente que pasaba por allí y se quedaba a ver qué pasaba, pues imagínate para alguien que es más introvertida…» afirma Pili mirando a Nini.
En busca de los mismos derechos
«Nos casamos por afianzar la ley no porque tuviéramos una necesidad imperiosa de casarnos» comenta Nini: «Yo no me quería casar pero Isabel fue la que empezó a decir que teníamos que casarnos y yo fui un poco arrastrada, creo que si no lo hubiéramos hecho con ellas nos habría costado un poco más».
Frente a ellas, Susana Travesí y Teresa Gutiérrez, las dos concejalas que se encargaron de certificar el compromiso de ambas parejas: «A nosotras nos casó Susana porque teníamos mucha relación con ella, coincidíamos en Los Lunes Sin Sol y yo de aquellas era presidenta de Cogale (Colectivo de Gays, Lesbianas, Bisexuales y Transexuales de León) y hacíamos muchas cosas con el Ayuntamiento», recuerda Pili.
Desde entonces y hasta 2024 que se tienen registros, 281 parejas del mismo sexo se han casado en León, 161 hombres frente a 121 mujeres, según datos del Instituto Nacional de Estadística.
Y las primeras fueron ellas, un 5 de diciembre de 2005, Pili y Nini certificaron por lo que llevaban 14 años luchando, que su amor valía lo mismo que el de cualquier pareja heterosexual: «Hay que luchar por vivir abiertamente como eres, no solo en tu casa sino fuera porque es la única manera de cambiar el mundo» reconoce Pili haciendo un último alegato: «Que si una chavala nos ve a nosotras que vivimos libremente le dará un arma más para decirse que no pasa nada por ser así».
Una historia que, por azares del destino, se escribe en mayúsculas pero que sirve para que otras historias, en minúsculas, cobren la importancia que merecen.
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