miércoles, 7 de enero de 2026

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   TITULO: España Directo - Economía - La SEPI pide tiempo al presidente de Indra para analizar «en profundidad» la compra de su empresa familiar,.

La SEPI pide tiempo al presidente de Indra para analizar «en profundidad» la compra de su empresa familiar,.

La operación -considerada ayer por unanimidad por los consejeros de la firma de Defensa como «coherente con la estrategia»- se aplazaría hasta mínimo finales del primer trimestre de 2026,.

El objetivo: proponer un precio adecuado conociendo las cuentas de cierre de ambas compañías a cierre de 2025,.

foto - Los hermanos Escribano, Ángel y Javier,.

La Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), brazo inversor del Estado dependiente del Ministerio de Hacienda, ha pedido tiempo al resto de accionistas de Indra y a sus representantes en el consejo antes de dar el sí definitivo a la operación de compra de la empresa familiar del presidente, Ángel Escribano. Según ha podido saber ABC de fuentes próximas al máximo órgano de gobierno de la firma, el organismo público -máximo accionista de Indra con el 28% del capital- quiere tomar la decisión adecuada tanto sobre el precio de compra de Escribano Mechanical & Engineering (EM&E) como del momento preciso y para ello les ha trasladado la necesidad de conocer las cuentas de 2025 de ambas compañías. Según las mismas fuentes tras la petición de la SEPI, a priori, la operación quedaría aplazada hasta mínimo finales del primer trimestre de 2026, tal y como había avanzado ya este periódico.

En cualquier caso, lo que tiene ya el organismo público es el compromiso del presidente de Indra y de su hermano, Javier Escribano -presidente del grupo familiar- que, de llevarse a cabo la fusión, nunca tendrían entre ambos más participación en Indra de la que tiene ahora el Estado. Y si la valoración superase los 1.500 millones de euros, que les reportase una participación superior a ese 28%, estarían por la labor de vender un paquete de acciones tal que les situara como máximo en el entorno del 25%, lo que les permitiría financiar la pequeña deuda de su empresa familiar.

La SEPI está representada en el consejo de Indra con tres dominicales: el exministro socialista Miguel Sebastián, Antonio Cuevas, exdiputado del PSOE por Sevilla de 1986 a 2011 y Juan Moscoso del Prado, exdiputado socialista por Navarra entre 2004 y 2016.

No obstante, el evidente conflicto de interés que entraña la integración de la empresa del presidente de Indra con un 14% en la multinacional española -por lo que ambos hermanos Escribano se inhibieron de estar presentes en las negociaciones para la potencial fusión que sí lidera el consejero delegado, José Vicente de los Mozos-, llevó a la propia cúpula directiva de la compañía de Defensa y Seguridad a crear una comisión 'ad hoc' que analizara una operación valorada entre 1.000 y 2.000 millones de euros.

El informe de la comisión 'ad hoc' relativo al encaje estratégico ha sido elaborado a la vista del análisis realizado por el equipo directivo de Indra y tras considerar las aportaciones y conclusiones de los asesores externos de la compañía, Renaissance Strategic Advisors y Oliver Wyman.

Precisamente, ayer mismo, los consejeros de Indra -reunidos para analizar el avance de la potencial adquisición de EM&E-, comunicaron a la CNMV que «sin la asistencia de los señores consejeros afectados por conflicto de interés, a la luz de los informes del equipo directivo, de la comisión 'ad hoc' y de los asesores independientes contratados al respecto relativos al encaje estratégico de una potencial operación entre Indra y EM&E se ha acordado por unanimidad que dicha potencial operación es coherente con la estrategia de Indra».

No obstante, en dicho comunicado al organismo supervisor, la compañía aclaraba que «este acuerdo no supone ni anticipa la aprobación de ninguna operación. Tampoco condiciona ninguna clase de fórmula que se pudiese llegar a adoptar ni ninguno de sus términos económicos, que aún no han sido valorados por el consejo de administración» y que «tras este acuerdo, la compañía y sus respectivos equipos y órganos sociales continuarán con el análisis del resto de aspectos relevantes de la potencial operación».

Sinergias lógicas

Dicha operación, según los expertos del sector consultados, busca dotar a la cotizada de músculo industria, que ya fabrica y desarrolla soluciones innovadoras en defensa y seguridad en radares y sistemas electrónicos, si bien sus capacidades en vehículos terrestre son limitadas. Escribano, por su parte, está especializada en torretas de armamento para vehículos de combate y sería el compañero de viaje perfecto.

Los Escribano confían en que la operación va a salir aunque se posponga más allá del último consejo del año, cuando en principio estaba previsto dar el visto bueno. De hecho, De los Mozos aseguró recientemente que se hará «en los tiempos necesarios para que nadie dude que es buena para los accionistas«. Mientras, en la misma línea, Joseph Oughourlian -con el 7,24% de Indra a través de su fondo Amber Capital- afirmó que debía haberse hecho «hace mucho tiempo».


TITULO: Mi casa es la vuestra -  Lara Álvarez ,. Viernes -  16 - Enero   ,.

Viernes - 16 - Enero    a las 22.00, en Telecinco, foto,.

 

 Lara Álvarez,.

 

 Lara Álvarez vuelve a estar enamorada: la presentadora retoma su relación  con Perico Durán - AS.com

Lara Álvarez vuelve a estar enamorada: la presentadora retoma su relación con Perico Durán,.

La televisiva asturiana se da una tercera oportunidad con el piloto de avión, tal y como informa en exclusiva la revista Diez Minutos.

Lara Álvarez comienza este 2026 de la mejor manera: volviendo a creer en el amor. Así lo asegura este miércoles la revista Diez Minutos, recogiendo entre sus páginas que la reconocida presentadora de televisión ha retomado por tercera vez su idilio con Perico Durán, piloto de aviones y creador de contenido. El citado medio cuenta que la pareja fue vista el pasado 23 de diciembre cenando juntos en Madrid, un encuentro que avivó los rumores de reconciliación después de dos intentos fallidos.

Esta fotografía hizo que Diez Minutos se pusiera rápidamente en contacto con la que fuera presentadora de Mediaset; sin embargo, ella declinó confirmar o desmentir la reconciliación con Perico Durán. Eso sí, lanzó una frase de lo más significativa que muchos interpretan como una afirmación: “¡Dios dirá...!“.

Lo que queda claro es que en este tercer intento, Lara Álvarez prefiere ir más despacio y no apresurarse a la hora de hablar de su vuelta con el piloto. La asturiana opta por mostrarse más hermética en cuanto a su vida más íntima y tan solo pronunciarse ante los medios sobre su carrera en televisión.

Lara Álvarez y Perico Durán, una historia de idas y venidas

Lara Álvarez y Perico Durán se conocieron en 2011 en una discoteca madrileña y fue ahí cuando comenzaron su historia de amor, aunque sin éxito. No fue hasta 2024 que se reencontraron para volver a intentarlo y terminar rompiendo nuevamente en mayo del pasado año. Por ese entonces, la comunicadora explicaba que “a veces con quererse no basta”.

“Con el mismo respeto y amor con el que hemos mantenido la relación, así lo hemos dejado”, añadía. Por su parte, el piloto afirmaba en Cope que, según él, llegaron a un punto en el que “no tenían las herramientas para hacer llevar la relación donde habían soñado”.

 

TITULO: Detrás del muro - PÁGINA DOS  - Miguel Bonnefoy y 'El sueño del jaguar'   , Martes - 13 - Enero,. 


PÁGINA DOS - Miguel Bonnefoy y 'El sueño del jaguar'  ,.

 

Martes - 13 - Enero a las 22:00, en La2, foto,.

 

 

El sueño del jaguar, de Miguel Bonnefoy

Al tercer día de su vida, Antonio Borjas Romero fue abandonado en los escalones de una iglesia, en una calle que hoy lleva su nombre. Nadie fue capaz de determinar con exactitud la fecha en que lo hallaron; se sabe apenas que todas las mañanas una mujer miserable acostumbraba a sentarse siempre en ese mismo lugar, colocaba a sus pies una escudilla hecha con una corteza de calabaza y alargaba una mano frágil en dirección a quienes pasaban por el atrio. Cuando descubrió a la criatura, la apartó con un gesto de disgusto, hasta que de pronto una cajita brillante escondida entre los pliegues del arrullo atrajo su atención; alguien la había dejado a modo de ofrenda. Un rectángulo de estaño, color plata, con finos arabescos tallados. Era un artilugio para liar tabaco. La mujer lo afanó, guardándoselo en el bolsillo del vestido, y se desentendió del bebé. Con todo, a lo largo de la mañana constató que sus tímidos vagidos, sus chillidos vacilantes enternecían a los fieles que, creyendo que estaban juntos, colmaban por turnos el fondo de la escudilla con monedas de cobre. A última hora de la tarde llevó al niño a un corral, le arrimó la boca a la ubre cubierta de moscas de una cabra negra y, arrodillada junto al vientre del animal, lo puso a mamar una leche espesa y caliente. Al día siguiente lo envolvió en un paño de cocina y se lo colgó de las caderas. Al cabo de una semana empezó a afirmar que el bebé era suyo.

La mujer, a la que todos conocían como la muda Teresa, porque tenía problemas para articular, debía de rozar la cuarentena, aunque ni ella misma estaba en condiciones de asegurar su edad exacta. Su semblante tenía algo de indio y, en el lado izquierdo, una leve parálisis causada por una vieja crisis de celos. Un mero pellejo esponjoso le cubría los huesos, sus manos estaban plagadas de heridas que nunca cicatrizaban y su cabello blanco sucio caía lacio enmarcándole la cara como las orejas de un basset. Había perdido la uña del pulgar izquierdo el día en que un escorpión refugiado al fondo de un cajón le picó en la mano, un ataque que no la mató, pero que provocó la formación de una especie de morcilla carnosa en la punta del dedo, una excrecencia muerta. Fue esa protuberancia lo que el bebé chupó durante sus primeras semanas de vida antes de conciliar el sueño.

Lo llamó Antonio porque la iglesia donde lo encontró estaba bajo la advocación de ese santo. Lo alimentó con su propia cólera, con su dolor silencioso. Durante los primeros años lo obligó a llevar una vida desordenada, ignominiosa, indigente. Se convenció de que, si el niño sobrevivía a aquella miseria, nadie salvo él mismo podría matarlo. Con un año, cuando a duras penas andaba, Antonio ya pedía limosna. Con dos años hablaba lengua de signos antes que español. Con tres años se parecía tanto a la muda Teresa que esta se preguntaba si realmente lo había encontrado en los escalones de una iglesia o si no lo habría parido en el traspatio de un tugurio, en un pesebre con paja, entre una mula gris y un cordero.

Lo ataviaba con harapos mugrientos y, para conmover a los transeúntes, lo abrazaba con fingida complicidad, empapándolo de un sudor acre que, por efecto del calor, se transformaba en una especie de gelatina grasosa y amarillenta. Lo alimentaba a base de queso de cabra hecho a mano, dormía con él en su refugio de periódicos descoloridos al fondo de una choza improvisada, y acaso nunca una mujer cuidó con tanto coraje a una criatura a la que no amaba.

Pese a todo, aquella mujer embustera y avara, maledicente y ladrona, fue la mejor madre a la que Antonio pudo aspirar. Interpretaba como ternura tanto la crudeza que ella le reservaba como ese amor ponzoñoso que la pobreza había tejido entre ambos. Antonio creció con ella en La Rita, en las riberas del lago de Maracaibo, un rincón del mundo tan peligroso que era conocido con una advertencia: Pela el Ojo.

Con seis años, Antonio había dejado de creer en los milagros, vendía amuletos de azabache y sabía echar las cartas, pues la muda Teresa le había garantizado que era la única ciencia capaz de convencer a los hombres sin contar con el inconveniente de ser verdadera. Con ocho años, le enseñó a reconocer a los aguadores mezquinos que vendían agua sucia del lago haciéndola pasar por agua limpia de lluvia, pero también a los abaceros que desbarajustaban las balanzas mediante un clip deformado, a los obreros que revendían los tornillos de los encofrados de las obras y a los criadores de gallos de pelea que en los reñideros escondían una cuchilla de afeitar bajo la uña de la espuela. Teresa lo preparó para una vida dura, llena de prudencia y de necesidades, de batallas y desconfianza, hasta el punto de que si durante una misa un cura anunciaba de buenas a primeras que un santo se había echado a llorar Antonio era el primero en levantar los ojos hacia el techo del templo para localizarla gotera.

Pela el Ojo era en aquel entonces una suerte de ciénaga inmensa de riberas húmedas oprimida por el calor, poblada de casitas sobre pilotes con las puertas eternamente abiertas. Las viviendas estaban construidas sobre aquellas aguas turbias, con cocinas al raso, viejos hornillos renegridos y la basura flotante que la ciudad había arrojado a los arrabales. Allí se amasaba pan y se adulteraba carburante. Los niños vivían en cueros en los palafitos e iban de acá para allá sobre el esqueleto de un millar de troncos de árboles constantemente recompuestos, chapoteando en la superficie del lago como los palazzos de Venecia, lo que en otros tiempos había inspirado a los navegantes venecianos —que habían llegado con sus olores a vitela y sellos de lacre— a afirmar que allí reconocían una «pequeña Venecia», una venezziola, una Venezuela.

La inmovilidad de estos paisajes, sin embargo, ya no hacía soñar con las antiguas ciudades caribeñas, de Tamanaco y de Mara, pobladas por mujeres ataviadas con mantones bordados en oro y vestidos de algodón, jóvenes de torsos cubiertos por una fina película de polvo plateado y recién nacidos fajados en pieles de jaguar.

Ya nadie imaginaba una nación anterior a las naciones, hombres disfrazados de águila, niños que hablaban con los muertos y mujeres que se metamorfoseaban en salamandras. En aquella época solo era un poblado sin poesía, techumbres de palma recalentada, adolescentes calzados con sandalias hechas con neumáticos de camioneta. Los cuchitriles se construían con capós viejos de camiones Indiana Trucks; los pomos de las ventanas, con latas de conserva; las sillas se forraban con letreros de aluminio de la Shell. Y, como las lluvias caían violentas y había que proteger los tejados de palma, se compraban carteles publicitarios anticuados de Chevrolet, robados con nocturnidad de los arcenes de las autopistas, de modo que en los revestimientos de chabolas donde dormían personas sin carnet de conducir se podía leer: «Chevrolet, la llave de la felicidad».

Aquellos aguaceros, conocidos como «palo de agua», solían henchir el lago hasta que se desbordaba de su lecho. El agua inundaba la llanura mediante avances lentos, ahogando los campos. Los chaparrones podían caer de continuo durante cuarenta noches furiosas, cubriendo los prados de papagayos muertos, y cuando la marea alcanzaba las granjas y anegaba los cultivos, miles de langostas nadaban desde el golfo hasta los brotes de maíz y se daban un festín submarino que en cuestión de dos semanas diezmaba la cosecha de todo un año. En Maracaibo maldecían a las langostas-crustáceo como maldicen a las langostas-insecto en Egipto.

Y en ese mundo creció Antonio, pescando en el lago, nadando en el corazón de los manglares; su alimentación se basaba en peces gato, corvinas de carne blanca, cangrejos azules y camarones de agua dulce gigantes, hasta el punto de que la muda Teresa empezó a creer en sus sueños más intrépidos que Antonio desarrollaría branquias y empezaría a respirar debajo del agua. Un buen día, con once años, guardó los anzuelos y las cañas en un macuto, se encaminó hacia el embarcadero del pueblo y robó un peñero. Unos niños lo vieron y se chivaron.

No hizo falta esperar mucho para ver llegar a lo lejos a los dueños de la embarcación. Eran los ricos de La Rita, los que ostentaban el poder, los que dictaban la ley a aquel lado del lago: Manu Muro, un hombretón de dos metros tan ancho de cintura como de hombros; Hermes Montero, un canijo nervioso rojo de ira; y Asdrúbal Urribarri, un mestizo de ojos verdes y pie zambo, con una camiseta blanca de tirantes, que agitaba los brazos con un trapo en la mano, como si se hubiera levantado de la mesa a toda prisa.

TITULO:  Cartas de amor - Bodas de Caná,. 

Bodas de Caná,.

 Caná - Alfa y Omega

foto / Tras el tiempo de Navidad, iniciamos un nuevo ciclo litúrgico denominado tiempo ordinario, o tiempo durante el año. Es el tiempo más extenso de todo el año en el que celebramos el misterio de Jesucristo en plenitud y donde el domingo se convierte en el centro de la semana, que convoca a toda la Iglesia para hacer memoria del misterio pascual y celebrar la Santa Eucaristía.

El texto del profeta Isaías que se proclama en este domingo como primera lectura evoca la imagen nupcial de las bodas para referirla a la alianza de comunión deseada por Dios para con su pueblo Israel. La alegría que experimenta el marido con su esposa sirve para evocar la alegría que encuentra Dios en comunión con su pueblo. Y este deseo de Dios está descrito en términos amorosos, nupciales: «Por amor de Sión no callaré, por amor no descansaré…». Es un lenguaje poético y profético, porque Isaías aventura que los pueblos futuros verán la salvación de Dios.

Este texto está en perfecta consonancia con el pasaje evangélico de las bodas de Caná. Jesús, rodeado de sus discípulos y acompañado por María, su madre, inicia su ministerio mesiánico en un ambiente nupcial. Son invitados a una boda. Se presiente el clima de alegría. Pero, cuando nadie lo espera, hay un contratiempo: «No tienen vino». Es presumible el disgusto de los novios y el sufrimiento de sus familias si conocen la noticia. Ante la atenta mirada de María y sus entrañas maternales, Jesús se ve forzado a anticipar la hora, el comienzo de sus signos salvíficos. En Caná de Galilea Jesús hace su primer milagro, el primer signo que muestra a los hombres su verdadera identidad.

Solo Jesús podía hacer este gesto que abruma las mentes racionales de algunos de los presentes y quebranta hasta las mismas leyes de la naturaleza. Expresa a través de una acción visible su verdadera identidad invisible a los ojos humanos. A través de este primer signo salvador –con el que Juan inaugura el Libro de los Signos de su Evangelio– Jesús manifiesta su gloria, revela quién es en realidad: el Mesías.

Juan concluye el relato insistiendo en las consecuencias de este primer signo de Jesús: «Manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en Él». Sin embargo, hay una serie de aspectos, a mi juicio importantes, que reclaman atención. Es curioso que los protagonistas del relato de esta boda no son los novios, sino dos de sus invitados: María y Jesús. Jesús muestra reticencia a iniciar sus milagros porque la falta de vino no tiene que ver con él, es responsabilidad del novio; y esta no es su boda. La insistencia de María obliga a Jesús a estar solícito a las necesidades de los esposos. Ante la crisis inesperada, Jesús no reprocha la irresponsabilidad de nadie; respeta el papel del mayordomo y el prestigio del anfitrión, y proporciona vino en abundancia (se calcula más de 700 litros) y de muy buena calidad. Más aún, el mayordomo y el esposo no son conscientes de la crisis; incluso desconocen el origen del agua convertida en vino. Es más, el mayordomo felicita al esposo por haber reservado para el final el vino mejor.

¿Qué quiere decir todo esto? Que Jesús hizo este milagro no buscando su propia gloria, sino dejando el protagonismo a quien le correspondía. Respetó la petición de la madre y el curso lógico de la boda. Su acción pasó desapercibida para todos, menos para María y los discípulos. Por eso, creció la fe de sus discípulos en Él. Amén de otros muchos interesantes aspectos, el texto evangélico de este domingo destaca la humildad de Jesús. Como dice el texto evangélico, manifestó su gloria, pero no buscó su gloria; sino el bien de los demás. Esta es la lógica de Dios, el proceder del Mesías: la humildad.

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